Estaba sentada en una silla de extensión a la sombra del amate, mirando a Román y Julio practicar el volley-ball a poca distancia. Empezaba a hacer bastante calor y la calma se extendía por la huerta. –Ya, muchachos. Si no, se va a calentar el refresco. Con un acuerdo perfecto y silencioso, dejaron de jugar. [...]
