El correo tardaba. Cuando volvimos de nuestro paseo después del desayuno, aún no había llegado. -Pas encore, madame. -canto Annette, escabulléndose hacia la cocina. Llevamos nuestras cosas al comedor. La mesa estaba servida. Como siempre, la vista de la mesa arreglada para dos, sólo para dos, tan acabada, tan perfecta, que no dejaba lugar para [...]
