El hacha Agota kristoff

20080421115245_cabeza-mujer-hachaEL HACHA

Agota Kristoff

Pase, doctor. Es aquí, sí. Yo lo he llamado, sí. Mi marido ha tenido un accidente. Sí, creo que es un accidente grave. Muy grave. Hay que subir al primer piso. Está en nuestro dormitorio. Por aquí. Discúlpeme, la cama no está hecha. Como comprenderá, me he alarmado cuando he visto tanta sangre. No sé si tendré el valor de limpiar todo esto. Creo que iré a vivir a otro sitio.

Aquí está la habitación, venga. Está aquí, al lado de la cama, sobre la alfombra. Tiene un hacha clavada en el cráneo. ¿Quiere examinarlo? Sí, examínelo. Vaya  accidente más estúpido, ¿verdad? Se cayó de la cama mientras dormía y cayó sobre esta hacha.

Sí, el hacha es nuestra. Suele estar en el salón, al lado de la chimenea, sirve para cortar ramas.

¿Qué por qué estaba al lado de la cama? No tengo ni idea. Seguramente él mismo la apoyó contra la mesita de noche. Tal vez temía a los ladrones. Nuestra casa está bastante aislada.

¿Dice usted que está muerto? Enseguida creí que estaba muerto pero pensé que sería  mejor que un médico se asegurara.

¿Quiere hacer una llamada? ¡Ah, sí! A la ambulancia ¿verdad? ¿A la policía? ¿Por qué? Ha sido un accidente. Simplemente se ha caído de la cama sobre un hacha. Sí, es extraño, pero hay montones de cosa que pasan así, de la forma más tonta.

¿No estará pensando que he sido yo la que ha puesto el hacha al lado de la cama para que se caiga encima?  ¡Cómo iba a saber que se caería de la cama!

¿Acaso cree que lo he empujado y luego me he dormido tan tranquila, por fin sola en nuestra cama grande, sin oír sus ronquidos ni notar su olor?

Doctor, no irá usted a suponer semejantes cosas, no puede…

Es verdad, he dormido bien. Hacía años que no dormía tan bien. No me he despertado hasta las ocho de la mañana. He mirado por la ventana. Hacía viento. Las nubes blancas, grises, redondas, jugaban frente al sol. Me sentía feliz y pensaba que con las nubes uno nunca sabe. A lo mejor se dispersaban —corrían tan rápido— o formaban un conjunto y descendían sobre nosotros en forma de lluvia. Me daba igual. Me gusta mucho la lluvia. De hecho, esta mañana todo me parecía maravilloso. Me sentía aliviada, liberada de una carga que hace tanto tiempo…

Fue entonces cuando, al volver la cabeza, vi el accidente y enseguida le llamé.

Usted también quiere hacer una llamada. Aquí está el aparato. Va a llamar a la ambulancia para que se lleven el cuerpo, ¿verdad?

¿Cómo que la ambulancia es para mí? No lo entiendo. No estoy herida. No me he hecho ningún daño, estoy muy bien. La sangre que llevo en el camisón es de mi marido, ha salpicado cuando…

EL TIEMPO EN LA FICCIÓN NARRATIVA DE FRANCISCO GONZÁLEZ GAXIOLA

El tiempo en la ficción narrativa

Francisco González Gaxiola

Es probable que, una vez satisfechas las necesidades elementales, el ser humano primitivo haya pensado en a) explicarse el mundo, b) transmitir su experiencia a las nuevas generaciones y c) divertirse sólo mediante el recurso de la voz. Para la primera preocupación inventó los mitos, historias explicadoras en las que los sacerdotes y brujos, narradores con gran influencia comunitaria, se imaginaban la génesis del mundo mediante la intervención de los dioses, o la formación de los fenómenos naturales o el origen de las instituciones sociales. La segunda preocupación, dirigida a garantizar la supervivencia de la tribu, consistió en transmitir la experiencia, la información adquirida de primera mano, y aplicarla en la solución de problemas, en la interpretación de signos en que se manifestaba la naturaleza, la búsqueda de satisfactores, las estrategias para la caza de animales, la presencia de las lluvias y la previsión de las inundaciones, los eclipses, entre tantas otras cosas. La tercera preocupación dio lugar a la narrativa de ficción, a la creación de mundos imaginarios. En todos estos casos la conciencia del tiempo, en particular del tiempo pasado, del transcurso del tiempo, de los acontecimientos ordenados y consecuenciales, fue inherente a los discursos narrativos.
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