Los Asesinos. Crítica literaria

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Ernest Hemingway, (1898-1961), escritor norteamericano, autor de cuentos y novelas. En 1953 recibió el premio Pulitzer y en 1954 el Premio Nóbel de Literatura.
LOS ASESINOS

Análisis de “Los Asesinos”
Cantidad de palabras: 2,550
Formato: Cronológico lineal, tiempo pasado contado en tercera persona.

Este cuento fue publicado por primera vez en 1927. Conseguir la aceptación de este cuento por parte de un editor, le costó al joven Hemingway mucho trabajo, fue su primer trabajo que se publicó en un medio de importancia. Anteriormente Hemingway había publicado en París dos libritos de corto tiraje. Por este cuento el autor cobró 200 dólares. El cuento fue incomprendido al comienzo debido a que tiene un enfoque objetivo, el hilo de la trama se va desarrollando ante el lector como si fuera una película – el autor no penetra en los pensamientos de los personajes ni tampoco hace descripciones de personajes o acciones que están fuera del ámbito del enfoque. Sigue leyendo

UNA AVENTURA Sherwood anderson

9849495191433312Alicia Hindman, que tenía ya veintisiete años cuando George Willard era todavía un muchacho, había pasado toda su vida en Winesburg. Estaba empleada en el almacén de Winney, y vivía en casa de su madre, que estaba casada en segundas nupcias. El padrastro de Alicia, pintor de coches, era dado a la bebida. Tenía una historia muy extraña; vale la pena que yo la cuente algún día.

Cuando Alicia tenía veintisiete años era una muchacha alta y más bien delgada. Su cabeza, muy voluminosa, era lo que más se destacaba de su cuerpo; tenía las espaldas un poco encorvadas; los ojos y los cabellos negros. Alicia era una mujer muy tranquila que ocultaba, bajo apariencias de placidez, un fermento interior en continua actividad. Alicia había tenido una aventura amorosa con cierto joven cuando era una chiquilla de dieciséis años. Entonces no había empezado todavía a trabajar en el almacén. El joven, que se llamaba Ned Currie, era mayor que Alicia. Estaba empleado, tal como George Willard, en el Winesburg Eagls; durante mucho tiempo se veía casi todas las noches con Alicia. Paseaban juntos bajo los árboles, por las calles del pueblo, y hablaban del destino que darían a sus vidas. Alicia era entonces una chiquilla muy linda, y Ned Currie la estrechó entre sus brazos y la besó. El joven se exaltó y dijo cosas que no pensaba decir; también Alicia se llenó de exaltación, porque la traicionó su deseo de que entrase en su vida monótona un rayo de belleza. También ella habló, se quebró la corteza exterior de su vida y toda su reserva y desconfianza características. Se entregó por completo a las emociones del amor. Ned Currie se marchó a Cleveland cuando ella iba a cumplir dieciocho años, esperando colocarse en un periódico de aquella ciudad y abrirse camino en el mundo. Alicia quería marcharse con él. Le manifestó con voz temblorosa su oculto pensamiento: “Yo trabajaré y tú podrás también trabajar -le dijo-. No quiero echarte encima una carga inútil que te impida progresar. No te cases ahora conmigo. Prescindiremos por ahora de ello, aunque vivamos en la misma casa, porque nadie nos conocerá en aquella ciudad y la gente no se fijará en nosotros.” Ned Currie se quedó confuso ante aquella resolución y entrega que de sí misma le hacía su novia, pero se sintió también conmovido. Su primer deseo había sido hacer de la muchacha su querida, pero cambió de resolución. Pensó en protegerla y cuidar de ella. “No sabes lo que dices -le contestó con aspereza-. Ten la seguridad de que no consentiré que hagas semejante cosa. En cuanto consiga un buen empleo regresaré. Por el momento tendrás que quedarte aquí. Es lo único que podemos hacer.” Sigue leyendo

Los Asesinos Ernest Hemingway

 

muerteLa puerta del restaurante de Henry se abrió y entraron dos hombres que se sentaron al mostrador.

-¿Qué van a pedir? -les preguntó George.

-No sé -dijo uno de ellos-. ¿Tú qué tienes ganas de comer, Al?

-Qué sé yo -respondió Al-, no sé.

Afuera estaba oscureciendo. Las luces de la calle entraban por la ventana. Los dos hombres leían el menú. Desde el otro extremo del mostrador, Nick Adams, quien había estado conversando con George cuando ellos entraron, los observaba.

-Yo voy a pedir costillitas de cerdo con salsa de manzanas y puré de papas -dijo el primero.

-Todavía no está listo.

-¿Entonces para qué carajo lo pones en la carta? Sigue leyendo

LA LOBA Giovani Verga

set 

LA LOBA

 Era alta, flaca, pero con los senos firmes y vigorosos, aunque ya no era joven; era pálida, como si tuviera encima la malaria, y en esa palidez chicos ojotes y dos labios frescos y rojos, devoradores.

 En la aldea la llamaban La Loba porque nunca se hartaba con nada. Las mujeres hacían la señal de la cruz al verla pasar, sola, como perra roñosa, con el paso sospechoso y vagabundo de loba hambrienta. Con sus labios colorados despulpaba a sus hijos y a sus maridos en un abrir y cerrar de ojos, y se los traía al trote con una sola mirada de Satanás, como si estuvieran ante el altar de Santa Agripina. Por fortuna, La Loba jamás venía a la iglesia en Pascua ni en Navidad, ni a oír misa ni a confesarse. El padre Angelito de Santa María de Jesús, un verdadero siervo de Dios, perdió su alma por ella. La pobre Mariquita, tan buena muchacha, lloraba a escondidas porque era hija de La Loba y ninguno quería casarse con ella, a pesar de tener un buen ajuar y su buena tierra soleada como cualquier otra muchacha de la aldea. Una vez La Loba se enamoró de un hermoso joven que había sido soldado y segaba el heno con ella en las tierras del notario; pero lo que se llama enamorarse, sentir que las carnes le ardían bajo el fustán del corpiño, y sentir, mirándolo a los ojos, la sed que se siente en las horas calientes de junio en el fondo de las llanuras. Pero él seguía segando tranquilamente, viendo los montes y le decía: Sigue leyendo