VIDA DE POETAS Margaret Atwood

  Gimenez_mujer%20mas%20claraEstoy echada en el suelo del cuarto de baño de esta anónima habitación de hotel, con los pies apoyados en el borde de la bañera y con una toallita empapada de agua fría en la nuca. Una aparatosa hemorragia nasal. Un buen adjetivo, que funciona, como dicen los alumnos en las clases de escritura creativa, que son, a veces, parte del lote. Tan colorista. Es la primera vez que tengo una hemorragia nasal y no sé qué hay que hacer. Un cubito de hielo estaría bien. Imagen de la máquina de coca-cola y el hielo al final del pasillo, yo arrastrándome, una toalla blanca arrollada en la cabeza, la mancha de sangre empapando el tejido. Un cliente del hotel abre la puerta de su habitación. Se horroriza. Una accidente, apuñalada en la nariz. No quiere meterse en líos, la puerta se cierra, mi cuarto de dólar se atasca en la máquina. Seguiré con la toallita en la cabeza. Sigue leyendo

El geranio Flanery o Connors

cuadro12_141008El viejo Dudley se tumbó en la silla, que poco a poco se iba moldeando a su figura, y miró por la ventana hacia otra ventana enmarcada por ladrillo rojo ennegrecido que había a medio metro de distancia. Estaba esperando el geranio. Lo sacaban todas las mañanas alrededor de las diez y lo volvía a meter a las cinco y media. La parte de atrás de la casa de la señora Carson tenía un geranio en la ventana. Había muchos geranios en casa, y más bonitos. Los nuestros sí que son geranios, pensó el señor Dudley. Ninguno de ellos es de ese color rosa pálido, ni tiene lazos de papel verde. El geranio que ponía en la ventana le recordaba al chico de los Grisby de su pueblo, que tenía la polio y lo tenían que sacar todas las mañanas para que le diera el sol. Lutish podía haber cogido aquel geranio, plantarlo en la tierra y en unas pocas semanas sería un geranio digno de ser admirado. Aquella gente del otro lado del callejón no sabía cómo cuidar un geranio. Lo sacaban y dejaban que se achicharrara al sol todo el día, y lo ponían  tan cerca del filo de la ventana, que el viento podría fácilmente tirarlo. No sabían cómo cuidar aun geranio. El viejo Dudley sintió un nudo en la garganta. Lutish podía hacer crecer cualquier cosa. Rabie también. La garganta se le quedó seca. Echó la cabeza hacia atrás e intentó aclarar su mente. No se le ocurrían muchas cosas que pensar que no le hicieran sentir su garganta de ese modo. Sigue leyendo