Chejov Juan Miguel Ariño.

El cuento tiene futuro. De alguna forma, la velocidad de los tiempos hacen del relato y el cuento dos géneros literarios a perdurar. Requieren de precisión, dominio literario y exigen para su escritura captar la atención del lector, introducirlo en un ambiente y en una situación con rapidez, sin demasiadas explicaciones. La democratización de la novela la está haciendo rígida, anquilosada, antigua y sin peso real. Sigue siendo el género rey, el más vendido, el que más se consume, pero el tipo de novelas en auge nos remiten a tiempos lejanos, algo similar a lo que le sucede en el cine. Continúa habiendo excelentes novelas, de eso no cabe la menor duda, pero digamos que la influencia de éstas se ha visto ensordecida por la importancia de obras sin ningún valor literario que parecen inundar el mercado. Desconozco si es culpa de los lectores o de los editores. El problemas de la novela (distinto al de la poesía y el cuento, que son artes de la intimidad) es que requiere de muchos lectores para que sea efectiva. Incluso tengo la amarga sensación de que esta tendencia continuará, de que la Historia de la Literatura es posible que deje de existir tal y como la concebimos ahora, y resurgirá en el futuro ante un posible cambio de orden. Tampoco creo en las recetas que apuntó Vicente Verdú en su artículo sobre el devenir de la novela: me parecen miopes, desacertadas, una boutade.

Cortázar decía que el cuento breve moderno se caracterizaba por la economía de medios; las narraciones arquetípicas de los últimos cien años han nacido de una despiadada eliminación de todos los elementos chejov1privativos de la nouvelle y de la novela, los exordios, circunloquios, desarrollos y demás recursos narrativos. Aseguraba que no había diferencia genética entre este tipo de cuentos y la poesía como la entendíamos a partir de Baudelaire. Sin duda, el padre del cuento moderno es Anton Chejov. Seguir leyendo