El espejo curvo Chejov

chejov1Mi mujer y yo entramos en la sala. Olía a musgo y humedad. Millones de ratas y ratones echaron a correr cuando alumbramos aquellas paredes que durante un siglo entero no habían visto la luz. Cuando cerramos la puerta tras de nosotros, entró una ráfaga de viento y se arremolinaron los papeles, amontonados por los rincones de la estancia. La luz cayó sobre aquellos papeles y distinguimos viejas inscripciones e imágenes medievales. De las paredes, que el tiempo había puesto semiverdosas, colgaban los retratos de mis antepasados. Sus rostros tenían una expresión altiva, severa, como si quisieran decir:

-¡Buena azotaina te mereces, hermanito!

Nuestros pasos resonaban por toda la casa. A mis toses respondía el eco, el mismo eco que en otros tiempos había respondido a mis antepasados. …

El viento ululaba y gemía. Alguien lloraba en el tubo de la chimenea, con llanto en que se percibía una nota de desesperación. Gruesas gotas de agua repicaban en las ventanas oscuras, empañadas, y sus golpes llenaban el ánimo de tristeza.
-¡Oh, antepasados, antepasados! – dije, suspirando profundamente-. Si fuera escritor, mirando los retratos escribiría una larga novela. Pues cada uno de estos viejos fue en su tiempo joven, y cada uno de ellos o ellas tuvo su novela… ¡y qué novela! Mira, por ejemplo, a esta vieja, mi bisabuela. Esa mujer tan fea y horrible tiene su novelita, que es de extraordinario interés. ¿Ves -pregunté a mi esposa-, ves el espejo que cuelga ahí, en el rincón? Sigue leyendo

SE BUSCA UNA MUJER.Charles Bukowski

  mujer solaEdna bajaba por la calle con su bolsa de la compra, cuando pasó a la altura

del automóvil. Había algo escrito en la ventanilla lateral:

SE BUSCA UNA MUJER.

Se paró. Era un cartón pegado a la ventanilla, con alguna especie de anuncio.

En su mayor parte estaba escrito a máquina. Edna no podía leerlo desde el

lugar de la acera en que se encontraba. Sólo podía ver las letras grandes:

SE BUSCA UNA MUJER.

Era un coche nuevo y de los caros. Edna cruzó la hierba y se acercó a leer laparte mecanografiada:

Hombre de 49 años. Divorciado. Busca una mujer con fines matrimoniales. Que tenga entre 35 y 44 años.

Me gusta la televisión y los films. La buena comida.

Soy contable y tengo el trabajo bien asegurado.

Tengo dinero en el banco. Me gustan las mujeres algo

rellenas.

Edna tenía 37 años y estaba algo rellena. Había un número de teléfono. También, había tres fotos del caballero que buscaba una mujer. Parecía rico y elegante, con su traje y corbata. También parecía algo estúpido y un poco cruel. Y hecho de madera, pensó Edna, hecho de madera…

Siguió su camino, con una pequeña sonrisa. También sentía una especie de

repulsión. Pero cuando llegó a su apartamento ya se había olvidado por

completo de todo. Fue varias horas más tarde, sentada en la bañera, cuando empezó a pensar en él otra vez, y esta vez pensó en lo solo, en loterriblemente solo que debía encontrarse para haber llegado a hacer una cosa así:

SE BUSCA UNA MUJER.

Se lo imaginó llegando a la casa, encontrándose las facturas del gas y del

teléfono en el buzón, desnudándose, tomando un baño, la televisión encendida.

Después leería el periódico de la tarde. Luego entraría en la cocina a hacerse

la cena. Allí, quieto, mirando como se fríe el pan, en calzoncillos. Luego

cogería la comida y la llevaría a una mesa, se la comería. Le podía ver

bebiéndose su café. Luego más televisión. Y quizás un solitario bote de

cerveza antes de acostarse. Debía haber millones de hombres como él en toda América.

Edna salió de la bañera, se secó, se vistió y salió del apartamento. El coche

seguía allí. Apuntó su nombre, Joe Lighthill, y el número de teléfono. Leyó de nuevo toda la parte mecanografiada. «Films». Era un término muy culto. La gente decía «películas» normalmente. Se busca una mujer. El anuncio era bastante atrevido. Por lo menos había mostrado ser original al escribirlo.

Cuando Edna volvió a casa se tomó tres tazas de café antes de marcar el

número. El teléfono sonó cuatro veces. «¿Hola?» Contestó él.

-¿Señor Lighthill?

-¿Sí?

-Es que vi su anuncio. Su anuncio en el coche… Sigue leyendo

DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR R.Carver

  200px-Raymond_Carver  Estaba hablando mi amigo Mel McGinnis. -Mel McGinnis es cardiólogo, y eso le da a veces derecho a hacerlo.Estábamos los cuatro sentados a la mesa de la cocina de su casa, bebiendo ginebra. El sol, que entraba por el ventanal de detrás del fregadero, inundaba la cocina. Estábamos Mel y yo y su segunda mujer, Teresa –la llamábamos Terri- y Laura, mi mujer. Entonces vivíamos en Alburquerque. Pero todos éramos de otra parte.

            Había un cubo con hielo encima de la mesa. La ginebra y la tónica circulaban sin parar, y surgió no sé cómo el tema del amor. Mel opinaba que el verdadero amor no era otra cosa que el amor espiritual. Dijo que se había pasado cinco años en un seminario antes de salirse para estudiar medicina. Dijo que aún recordaba aquellos años del seminario como los más importantes de su vida.

            Terri dijo que el hombre con quien vivía antes de vivir con Mel la quería tanto que había intentado matarla. Luego continuó:

            -Una noche me dio una paliza. Sigue leyendo