EUDORA WELTY


A los pies de Eudora

NURIA BARRIOS  01/08/2009

Eudora Welty tenía 35 años cuando el cartero subió los escalones del porche de su casa en Jackson, Mississippi, y llamó a la puerta. Todos en Jackson conocían a Eudora. La ciudad es la capital del Estado de Mississippi, pero hubo un tiempo, cuando Welty era una niña, en que era posible ir a pie a todas partes y, al caminar, se escuchaba la música de los pianos saliendo por las ventanas abiertas. En una ciudad así, anclada en el sur, los vecinos se conocen bien y pueden contar sin esfuerzo la historia de cada familia desde que el primer miembro pusiera allí sus pies. Eso sucedía en Jackson. El cartero sabía al dedillo que la madre de Eudora había nacido en West Virginia, donde trabajó como maestra, y que el padre, natural de Ohio, había diseñado aquella sólida casa de estilo Tudor, con altos techos y suelos encerados, delante de cuya puerta de entrada ahora aguardaba con una carta en la mano. Como buen vecino de Jackson, el cartero estaba al tanto de que Eudora seguía soltera y se ganaba la vida como escritora, igual que era capaz de decir sin equivocarse a qué se dedicaban los otros dos hermanos Welty. Lo que el hombre no sabía es qué había dentro de ese sobre blanco que firmaba un tal William Faulkner.

“You’re doing all right”.

Eso era exactamente lo que William Faulkner había escrito a Eudora Welty: “Lo estás haciendo bien”.

Faulkner, uno de los gigantes de la literatura norteamericana, era el autor a quien más admiraba Eudora. Como ella, había nacido en Mississippi y la presencia del paisaje y sus gentes era una constante en su ficción. Cuando recibió la carta, Welty ya había publicado dos impactantes libros de relatos, Una cortina de follaje y La red grande, ambos en 1941, y una novela corta, The Robber Bridegroom (1942). Sus historias, que transcurren en lugares muy similares a Jackson, describen a personas con emociones tan intensas y perturbadoras como el entorno caliente y extraordinariamente fértil donde viven. Abrir los libros de Welty es como montar en un tren que va parando en distintas estaciones y, desde la ventanilla, te permite contemplar a la gente que se acerca. Personas de pueblos del delta del Mississippi, con nombres como Victory o Midnight, que acuden a fiestas, pelean, viven en familias tan sofocantes como el calor, matan y mueren, padecen de soledad y sufren por amor. Hombres y mujeres blancos que habitan en una sociedad escrupulosamente ordenada donde la separación racial es tan asombrosa que los negros sencillamente se desdibujan en su breve papel de figurantes.

La estructura poética de las historias de Welty, el misterio que respiran, su lenguaje metafórico, su oído para los diálogos, la descripción de la naturaleza como un ser voraz y lujurioso, la unión de lo cotidiano y lo extravagante, de la normalidad y la locura, y el uso de los detalles más insignificantes para acentuar los sentimientos y reacciones de los personajes no sólo gustaron a Faulkner. La literatura de Welty había recibido numerosos elogios, pero las sobrias -y condescendientes- palabras del escritor la emocionaron. Subió al segundo piso y colgó la carta junto a la mesa de madera donde había escrito y escribiría casi toda su obra. Henry Miller no tuvo la misma suerte que Faulkner, aunque su actitud fue mucho más generosa. Acudió a Jackson para visitar a la escritora, pero la madre de Eudora prohibió que acudiera a la casa tras averiguar que Miller escribía libros ¡obscenos! Welty, que había nacido en Jackson en 1909, murió en 2001 en esa misma casa donde nunca entró Miller y que ahora abandonaba el cartero. Tenía 92 años y se había convertido en la gran maestra del relato norteamericano. A los elogios de Faulkner se habían sumado los de E. M. Forster, Katherine Anne Porter, Richard Ford, Anne Tyler, Lorrie Moore… Uno de sus admiradores había puesto su nombre a un popular servicio de correo por Internet, Eudora, como homenaje al relato Por qué vivo en la oficina de correos.

Eudora Welty escribió relatos, novelas, ensayos y publicó asimismo dos volúmenes de fotografías. Recibió innumerables premios a lo largo de su vida, entre ellos, el Pulitzer por su novela The Optimist’s Daughter (1973). Fue la primera autora viva cuya obra publicó la Library of America, en cuyo catálogo figuran Mark Twain, Walt Whitman, Henry James o Edith Warton. Fue una excelente y solicitada conferenciante. Gran parte de sus charlas están reunidas en One Writer’s Beginnings. Pero fueron sus relatos los que la consagraron. Su imaginación hunde sus raíces en una tierra que ha dado excelentes cuentistas, como Flannery O’Connor y Katherine Anne Porter, pero las historias de Welty abren un mundo nuevo, fascinante y extraño. La editorial Lumen acaba de publicar sus Cuentos completos ahora que se cumplen cien años de su nacimiento. En España ya habían aparecido dos libros de relatos: Una cortina de follaje y Las manzanas doradas, ambos en Anagrama. La edición de Lumen incluye, además de esos dos títulos, La red grande, La novia del ‘Innisfallen‘ y dos relatos más que fueron publicados en revistas.

Una cámara fotográfica fue la primera herramienta de trabajo de Welty. Algo de la visión de la fotógrafa que fue impregna sus relatos: la sabiduría para enfocar allí donde late la historia. “Una mente visual es la mejor taquigrafía que un escritor puede desear”, decía. Welty estudió publicidad en la Universidad de Columbia y, al regresar a Jackson, encontró un trabajo en la Administración que le llevó a recorrer su Estado en los años de la Depresión. Lo que vio la perturbó y fascinó al mismo tiempo. Con una cámara barata sacó cientos de fotografías, que revelaba por la noche en la cocina de su casa. Fueron expuestas en Nueva York en 1936, el mismo año en que logró vender a una pequeña revista su primer relato, Death of a Traveling Salesman. Welty se inclinó por la escritura. “Mucho antes de que empezara a escribir, escuché con atención las historias”, declaró en 1984. “Los niños que escuchan saben que las historias están allí. Cuando sus mayores se sientan y empiezan, los niños ya están esperando que aparezcan, como un ratón que sale de su agujero”. En 1971, Random House publicó una colección de estas fotos, One Time, One Place: Mississippi in the Depresión. Los textos de Welty son descriptivos y sugerentes, como sus fotos, pero mucho más perturbadores y misteriosos. No obstante, conservó el ojo del fotógrafo. Cuando en Estados Unidos publicaron sus Cuentos completos, Welty declaró: “Fue una sensación muy extraña. Como ver revelar un negativo, la imagen apareciendo lentamente ante tus ojos. Fue como recuperar la memoria”.

La edición de los Cuentos completos, por primera vez en castellano, que ahora presenta Lumen, es una excelente noticia. Lástima que el volumen no vaya acompañado de un prólogo sobre una autora cuyo agente clamaba que “el editor que rechazara sus cuentos debería ser fustigado”. Como diría uno de los personajes de Welty: “Si no te puedes fiar de una editorial de confianza, ¿de quién te puedes fiar?”.

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