Un modo de ver el cuento de Joyce: Los muertos

Uno de los mejores relatos de la Historia de la Literatura.
Todo es muy sencillo, una fiesta, un hombre culto, la magia de la música, la emoción como un privilegio de la naturalidad y la vida como algo imposible de cercar.
Con este relato Joyce empieza a fraguar el punto de vista de su escritura, los personajes principales pertenecen a un mundo y sin embargo están suspendidos en él, algo los llama a buscar la realidad.
La intemperie aparece como el auténtico valor y para mostrarlo crea todo un juego de nieve, oscuridad, calor y velas. Sigue leyendo

LOS MUERTOS J Joyce – Selecionado como uno de los mejores cuentos escritos-

 

LOS MUERTOS

 

James JoyLily, la hija del encargado, tenía los pies literalmente muertos.  No había todavía acabado de hacer pasar a un invitado al cuarto de desahogo, detrás de la oficina de la planta baja, para ayudarlo a quitarse el abrigo, cuando de nuevo sonaba la quejumbrosa campana de la puerta y tenía que echar a correr por el zaguán vacío para dejar entrar a 200px-Thedeadposter1987otro.  Era un alivio no tener que atender también a las invitadas.  Pero Miss Kate y Miss Julia habían pensado en eso y convirtieron el baño de arriba en un cuarto de señoras.  Allí estaban Miss Kate y Miss Julia, riéndose y chismeando y ajetreándose una tras la otra hasta el rellano de la escalera, ara mirar abajo y preguntar a Lily quién acababa de entrar.

El baile anual de las Morkan era siempre la gran ocasión. Venían todos los conocidos, los miembros de la familia, los viejos amigos de la familia, los integrantes del coro de Julia, cualquier alumna de Kate que fuera lo bastante mayorcita y hasta alumnas de Mary Jane también.  Nunca quedaba mal.  Por años y años y tan atrás como se tenía memoria había resultado una ocasión lucida; desde que Kate y Julia, cuando murió su hermano Pat, dejaron la casa de Stoney Batter y se llevaron a Mary Jane, la única sobrina, a vivir con ellos en la sombría y espigada casa de la isla de Usher, cuyos altos alquilaban a Mr. Fulham, un comerciante en granos que vivía en los bajos.  Eso ocurrió hace sus buenos treinta años.  Mary Jane, entonces una niñita vestida de corto, era ahora  el principal sostén de la casa, ya que tocaba el órgano en Haddington Road.  Había pasado por la Academia y daba su concierto anual de alumnas en el salón de arriba de las Antiguas Salas de Concierto.  Muchas de sus alumnas pertenecían a las mejores familias de la ruta de kingstown y Dalkey.   Sus tías, aunque viejas, contribuían con lo suyo.  Julia, a pesar de sus canas, todavía era la primera soprano de Adán y Eva, la iglesia, y Kate, muy delicada para salir afuera, daba lecciones de música a principiantes en el viejo piano vertical del fondo.  Lily, la hija del encargado, les hacía la limpieza.  Aunque llevaban una vida modesta, les gustaba comer bien; lo mejor de lo mejor: costillas de riñonada, té de a tres chelines y stout embotellado del bueno.  Pero Lily nunca hacía un mandado mal, por lo que se llevaba muy bien con las señoritas.  Eran quisquillosas, eso es todo.  Lo único que no soportaban era que les contestaran. Sigue leyendo