Un modo de ver el cuento de Joyce: Los muertos


Uno de los mejores relatos de la Historia de la Literatura.
Todo es muy sencillo, una fiesta, un hombre culto, la magia de la música, la emoción como un privilegio de la naturalidad y la vida como algo imposible de cercar.
Con este relato Joyce empieza a fraguar el punto de vista de su escritura, los personajes principales pertenecen a un mundo y sin embargo están suspendidos en él, algo los llama a buscar la realidad.
La intemperie aparece como el auténtico valor y para mostrarlo crea todo un juego de nieve, oscuridad, calor y velas.
De toda una galería de personajes que asisten a una fiesta de Navidad, sólo hay dos que no participan de la construcción social que allí se maneja: Lily, una especie de criada, y Grettel, la mujer del protagonista. Las dos son mujeres que representan la inocencia del pueblo, están al margen de representar un papel y están vivas o en contacto con la realidad. El resto, y en especial el protagonista, están condicionados por la pretensión de ser alguien. El borracho, representa la amenaza de quebrantar el orden, el saber estar, lo que conexiona al grupo.

Los personajes se definen por acciones pequeñas, por aspectos físicos como la forma de llevar el pelo, el gesto que se le ha quedado con los años, la manera de inclinarse o de bajar los ojos. Los diálogos entran de repente como en una fiesta cualquiera, todo se desordena, el pensamiento se ve interrumpido por el ofrecimiento de una bebida, por el saludo de un conocido por el baile… Y al mismo tiempo se cumple un protocolo que ordena la celebración, trinchar el ganso, repartir el pudín, saludar y despedir. Una fiesta es necesariamente un momento de los más vitales, sin embargo, el efecto expresivo del frío, la oscuridad y la nieve cayendo fuera, dan un aspecto fantasmal a lo que ocurre dentro.

El narrador elige una fiesta como escenario, y este escenario está elegido para colocar al personaje principal en un intermedio de su vida. La fiesta es como una tregua, un momento fuera de lo cotidiano, una situación en la que uno se vuelve ajeno a sí mismo, se viste para mostrarse, se mira para mostrarse también y puede observar como un juego y recuerda, anhela, desea, ayudado por el oporto y jerez en este caso, el tiempo se para, el futuro puede soñarse o el pasado aparece como una maldición de la que no es posible liberarse.

El protagonista, Gabriel,un personaje que poco a poco va tomando relevancia, empieza siendo el esperado de sus tías, las ancianas anfitrionas de la fiesta. Representa el saber estar, de alguna manera las ancianas delegan en él el mantenimiento del orden. Y de repente aparece un hombre consciente de su ropa, de sus frases, del impacto de sus palabras en los otros, de la inferioridad cultural del resto de los asistentes. Un hombre que vive la fiesta pensando en el discurso que tendrá que dar en lugar de atender a su tía que canta o a las conversaciones de otros asistentes. El discurso tiene como tema principal el elogio a la hospitalidad como lo mejor de la tradición irlandesa y describir a las nuevas generaciones hipereducadas como causantes de la paulatina pérdida de la humanidad y la hospitalidad. Este personaje que no quiere hacer un viaje al oeste de Irlanda, de donde es su mujer, a las raíces de su país, que prefiere recorrer el continente, es el que va a sufrir no se sabe si un cambio, o una transformación, pero sí una iluminación con respecto a sí mismo, los hechos le van a colocar ante el espejo y se va a ver tal y como es, asunto que intenta evitar en cada momento, cuando algo le parece que ha estado mal, se ajusta la corbata y el chaleco.

Gretta, su mujer, procede del oeste y representa la inocencia, la naturalidad y al mismo tiempo, los rudos modales del campo para la familia de Gabriel. Ese trato le duele, pero no lo suficiente, lo ha aceptado, ha dejado que su madre, cuidada en su enfermedad por ella, la menospreciara.

Cuando la fiesta llega a su fin, Gabriel mira hacia las escaleras y descubre una mujer bellísima, como transpuesta, que le lleva a pensar por un momento en la perfección y desde luego le despierta la pasión. Es su mujer. A partir de ese momento, el camino hasta el hotel no es más que un recuerdo de los mejores momentos de su matrimonio, un deseo de que ella olvide la aburrida existencia juntos, recuerda los versos que le ha escrito, y aquí aparece magistralmente la artificiosidad, la invención de la pasión desde el convencionalismo. Desea estar a solas con ella, una noche de pasión, pero nada ocurre como había pensado, de repente ella es alguien, el efecto de la fiesta, una canción cantada por un tenor de medio pelo la ha convertido en independiente.

Ella está en frente, y llora, él quiere mantenerse dominando el miedo ante la sorpresa de verla así, sin depender de él, con vida propia. Ella cuenta la historia del joven Michael Furey, que murió de amor, enfermo y plantado ante su ventana, al lado de un árbol, aterido de frío al enterearse de su marcha a Dublín. Gabriel se sintió humillado por el fracaso de su ironía y ante la evocación de esa figura de entre los muertos: un muchacho que trabajaba en el gas. Ella se queda dormida, después de haber estado ahogada en llanto y él piensa: mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida.

Llega el momento de mirar a poniente, el poniente representa la muerte en la cultura irlandesa, donde yace Michael Furney y la nieve sigue cayendo fuera adormeciéndolo. Aquí está el giro del relato, el personaje espera ansioso consumir una pasión creada durante la cena, su ego se había fortalecido, y de repente, la vida le presenta su faceta más penosa. La imagen del muerto es la de alguien a la intemperie, debajo de un árbol, mientras él siempre está dentro, siempre pensando en algo que puede haber fuera, mirando por la ventana.

Los muertos pertenece al libro de relatos Dublineses.

Dublineses/ James Joyce/1914 está en Debolsillo y Alianza editorial.

Dubliners/ James Joyce/1914 está en Oxford University Press

La traducción de Joyce siempre es difícil por la precisión del lenguaje o el ritmo, que utliza como recurso para transmitir distintas emociones.

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3 comentarios

  1. muy buena, me hizo entender realmente la historia

  2. Hola muy buenas, me pasaba por aqui, y he visto el comentario. Quería dejarte una sugerencia sobre una sección de Los Muertos. Cuando Gabriel experimenta la epifanía propia de la sugestión por lo que su esposa le ha contado, realiza una instrospección, transitando por los caminos que su vida ha marcado, y que aun continúa recorriendo. Hay algunos que creen que este relato (que no pertenece a los Dubliners original), agregado al final, produce en el cierre un súbito quiebre en esa concepción de la Irlanda “paralítica” de Joyce. El volver la vista hacia el poniente no necesariamente es la muerte de la cultura irlandesa, sino que es posible que remita a un viaje a la semilla, -robándole un título a Carpentier-, un retorno a ese Oeste que aun posee el sustrato de la vieja y “verdadera”, si se quiere tradición en Irlanda. Ese vistazo al poniente pude ser un guiño a las raíces de Joyce. Gracias por el blog y por regalarnos estas visiones de los grandes, un saludo desde City Bell. Salva.


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