La casa tomada J. Cortázar

CASA TOMADA
JULIO CORTÁZAR
Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros image014bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la Sigue leyendo

Análisis de la casa tomada Cortázar

Análisis de Casa tomada de Julio Cortázar

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Análisis de Casa tomada de Julio Cortázar

La narración nace de la presencia de una fuerza extraña que domina la vida de los protagonistas.
Dos hermanos solteros, Irene -”… nacida para no molestar a nadie“- y el na­rrador, viven en una vieja casa de Buenos Aires, llena de recuerdos familiares’. La cuidan con verdadero esmero. Se levantan muy temprano y hacen la limpieza. Después del almuerzo, ya todo está en orden. Entonces, Irene continúa tejiendo -“ No sé por qué tejía tanto… “-. Esa actividad es, en su vida, casi una obsesión.
Un día, a las ocho de la noche, su hermano escucha un ruido “impreciso y sordo” en el comedor o en la biblioteca, y, luego, en el fondo del pasillo. Cierra inmediatamente la puerta con llave y se dirige a la cocina para calentar la pava del mate. Luego, le comunica el hecho a Irene:
Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo. Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados. Sigue leyendo

JAMES GRAHAM BALLAR

19 de Abril de 2009 | 11:48 pm
Tema(s): Cuento, El cuento del mes, Escritores, Literatura, Novela
Hoy, hace poco más de medio día, murió James Graham Ballard, autor británico nacido en jg_ballard_cages1930. La noticia está dando ahora mismo la vuelta al mundo: muchos lo conocieron por primera vez gracias a Imperio del sol, la película de Steven Spielberg basada en su novela del mismo título (la historia de los tres años que –de niño, durante la Segunda Guerra Mundial– Ballard pasó en un campo de concentración japonés) y muchos más lo recordaremos por el conjunto de su obra, una de las más visionarias escritas durante los últimos cincuenta años.

J. G. Ballard (tomada de colourofmemory.wordpress.com)

Pocos autores crean una obra tan inconfundible que sus propios nombres llegan a identificar un estilo, un estado de ánimo, un conjunto de preocupaciones o de ideas: lo ballardiano es, desde hace muchos años, una categoría perfectamente reconocible. Varias de sus novelas (entre ellas, además de Imperio del sol, destacan Rascacielos, El mundo sumergido, Crash, La isla de cemento, La exhibición de atrocidades, Noches de cocaína…) son ya imprescindibles: reflexiones certeras y agudísimas, sin ninguna concesión, sobre el mundo occidental de la posguerra, y en particular sobre nuestras obsesiones con la tecnología, la evolución de nuestra sexualidad, nuestro culto cada vez más feroz a la fama y al dinero.

Este cuento, junto con otros del autor, es también de esas visiones tremendas, en especial porque no se trata de una “advertencia”, de una prédica como las habituales en muchos autores de ficción especulativa. No juzga: muestra, y el mundo que muestra, en apariencia “distinto”, termina por reflejar nuestra vida actual con mucha más precisión de la que, muchas veces, estamos dispuestos a aceptar de un texto literario. Como muchos otros de sus personajes, los de esta historia pueden parecernos habitantes de un infierno tecnológico (de una distopía o antiutopía al modo de Un mundo feliz o 1984)…, pero hay que prestar atención al tono del

UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS J. G. Ballard

Dentro de unos pocos minutos comenzará el próximo ataque. Ahora que por primera vez me rodean todos los miembros de mi familia parece muy indicado que se realice una grabación completa de un hecho tan único. Aquí tendido –pudiendo apenas respirar, la boca llena unidad-de-cuidados-intensivos-fotogorkalejarcegide sangre y cada temblor de mis manos reflejado en el atento ojo de la cámara que está a dos metros de distancia–, comprendo que a muchos les parecerá curioso el tema que he elegido. Esta película será, en todos los sentidos, el producto último del cine doméstico, y sólo espero que quien lo vea reciba una idea del inmenso afecto que siento por mi esposa, y por mi hijo y mi hija, y del afecto que ellos, a su manera única, sienten por mí. Ha pasado media hora desde la explosión, y en esta sala antes tan elegante reina el silencio. Yo estoy tendido en el suelo, al lado del sofá, mirando la cámara instalada fuera de mi alcance en el cielo raso, sobre mi cabeza. En esta inquietante calma, interrumpida sólo por la suave respiración de mi esposa y por el movimiento irregular de mi hijo sobre la alfombra, veo que casi todo lo que he armado con tanto cariño durante los últimos años ha sido destruido. Mi Sèvres está en la chimenea, roto en mil pedazos, los rollos de Hokusai perforados en una docena de sitios. Pero a pesar del extenso daño todavía se puede reconocer a esta escena como la escena de una reunión familiar, aunque de características un tanto especiales. Sigue leyendo

GÓMEZ PALACIO Bolaño

Fui a Gómez Palacio en una de las peores épocas de mi vida. Tenía veintitrés años y sabía que mis días en México estaban contados.
Mi amigo Montero, que trabajaba en Bellas Artes, me consiguió un trabajo en el taller de literatura de Gómez Palacio, una ciudad con un nombre horrible. El empleo acarreaba una gira 3086960previa, digamos una forma agradable de entrar en materia, por los talleres que Bellas Artes tenía diseminados en aquella zona. Primero unas vacaciones por el norte, me dijo Montero, luego te vas a trabajar a Gómez Palacio y te olvidas de todo. No sé por qué acepté. Sabía que bajo ninguna circunstancia me iba a quedar a vivir en Gómez Palacio, sabía que no iba a dirigir un taller de literatura en ningún pueblo perdido del norte de México. Sigue leyendo

Bolaño Su diccionario y una entrevista

Roberto Bolaño murió el 14 de julio de 2003 a causa de una insuficiencia hepática. Dejaba la más bolanomonumental de sus obras, 2666 (Anagrama), que apareció este año y que nuestros críticos han destacado como el mejor libro de ficción de los últimos doce meses. Ofrecemos un autorretrato con forma de diccionario que el propio Bolaño fue esbozando en diversas entrevistas. Sigue leyendo

EL LEVE PEDRO Enrique Anderson Imbert

Durante dos meses se asomó a la muerte.
      El médico murmuraba que la enfermedad de Pedro era nueva, que no había 10504763_1modo de tratarla y que él no sabía qué hacer… Por suerte el enfermo, solito, se fue curando. No había perdido su buen humor, su oronda calma provinciana.
      Demasiado flaco y eso era todo.
      Pero al levantarse después de varios días de convalecencia se sintió sin peso.
      –Oye –le dijo a su mujer–, me siento bien, pero no te puedes imaginar cuán ausente me parece el cuerpo. Estoy como si mis envolturas fueran a desprenderse dejándome el alma desnuda.
      –Languideces –le respondió su mujer. Sigue leyendo

EL EPISODIO CINEMATOGRÁFICO Jorge Ibargüengoitia

El episodio cinematográfico sucedió hace cuatro años. Yo estaba embargado y mi aventura con imagesAngela Darley había entrado en una etapa negra. Una noche me salí de su casa olvidando, o mejor dicho, fingiendo olvidar, la cabeza etrusca que ella me había regalado después de tantos ruegos de mi parte. Yo estaba furioso porque ella había insistido en leer las líneas de la mano del joven Arroyo y le había dicho lo mismo que me había dicho a mí tres años antes:
—Resulta usted muy atractivo para cierta clase de personas.
Esa noche la soñé, con bigotes y oliendo a azufre. Le perdí el respeto.
Al día siguiente, hice una fiesta e invité al joven Arroyo, que me relató sus aventuras con Angela Darley. Afortunadamente no habían llegado a mayores. Al verme irremplazado, me puse tan contento que bebí más de la cuenta y acabé a las seis de la mañana, bailando en el Club Nereidas. Esta fue la obertura del episodio cinematográfico. Sigue leyendo