Bolaño Su diccionario y una entrevista


Roberto Bolaño murió el 14 de julio de 2003 a causa de una insuficiencia hepática. Dejaba la más bolanomonumental de sus obras, 2666 (Anagrama), que apareció este año y que nuestros críticos han destacado como el mejor libro de ficción de los últimos doce meses. Ofrecemos un autorretrato con forma de diccionario que el propio Bolaño fue esbozando en diversas entrevistas.

Autobiografía: “Las únicas autobiografías interesantes son las de los grandes policías o la de los grandes asesinos, porque de alguna manera rompen ese molde deprimente y real de que el destino de los seres humanos es respirar y un día dejar de hacerlo”.

Boom: “No me siento heredero del boom de ninguna manera. Aunque me estuviera muriendo de hambre no aceptaría ni la más mínima limosna del boom, aunque hay escritores que releo a menudo como Cortázar o Bioy. La herencia del boom da miedo. Por ejemplo, ¿quiénes son los herederos oficiales de García Márquez?, pues Isabel Allende, Laura Restrepo, Luis Sepúlveda y algún otro. A mí García Márquez cada día me resulta más semejante a Santos Chocano o a Lugones”.

Críticas: “Cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?”.

Elvis: “Elvis forever. Elvis con una chapa de sheriff conduciendo un Mustang y atiborrándose de pastillas, y con su voz de oro”.

España, Barcelona: “Vine a España en el año 77. En realidad iba a Suecia, donde más o menos tenía arreglado un trabajo, pero mi madre vivía en España desde hacía dos años y estaba muy enferma cuando yo llegué. Entonces, me quedé a esperar que se pusiera bien. Barcelona, en el año 77, era una verdadera belleza, una ciudad en movimiento con una atmósfera de júbilo y de que todo era posible. Se confundía la política con la fiesta, con una gran liberación sexual, un deseo de hacer cosas constantemente, que probablemente era artificial, pero, artificial o verdadero, era tremendamente seductor. Para mí fue un descubrimiento, y me enamoré de la ciudad. En Barcelona aprendí cosas que yo creía que sabía pero en realidad no sabía”.

Exilio: “Nunca me he sentido exiliado. Extranjero me he sentido en todas partes, empezando por Chile. Como fui un niño pedante, ya desde niño me sentía extranjero”.

Fútbol: “Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia”.

García Márquez: “Un hombre encantado de haber conocido a tantos presidentes y arzobispos”.

Lema: “Mi lema no es Et in Arcadia ego, sino Et in Esparta ego”.

Libros: “El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Nadja, de Breton. Las cartas de Jacques Vaché. Todo Ubú, de Jarry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y El proceso, de Kafka. Los aforismos de Lichtenberg. El Tractatus de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los Pensamientos de Pascal”.

Oficios: “El oficio en el que mejor me he desempeñado fue el de vigilante nocturno de un camping cerca de Barcelona. Evité un linchamiento (aunque de buena gana, después, hubiera linchado o estrangulado yo mismo al tipo en cuestión)”.

Paraíso: “Es como Venecia, espero, un lugar lleno de italianas e italianos. Un sitio que se usa y se desgasta y que sabe que nada perdura, ni el paraíso, y que eso al fin y al cabo no importa”.

Política: “Siempre quise ser un escritor político, de izquierdas, claro está, pero los escritores políticos de la izquierda me parecían infames”.

Reconocimiento: “No me importa nada. El narrador más importante de este siglo que se acaba (¡por fin!) se llamó Franz Kafka y no lo reconocieron ni en su casa, así que figúrate si me va a preocupar a mí una gilipollez de ese calibre”.

Remordimiento: “Son muchos y se acuestan y levantan conmigo y escriben conmigo porque mis remordimientos saben escribir”.

Sexo: “La gente, al hablar de sexo, se vuelve idiota. Tal vez siempre lo ha sido, pero el sexo la vuelve aun más idiota y se limita a balbucear ideas preconcebidas cuyo fondo en nada difiere del antiguo Dios, Rey y Patria, que, como todo el mundo sospecha (pero se lo calla), significa Miedo, Amo y Jaula”.

Triunfo: “No creo en el triunfo. Nadie con dos dedos de frente puede creer en eso. Creo en el tiempo. Eso es algo tangible, aunque no se sabe si real o no, pero el triunfo, no. En el campo de los triunfadores uno puede encontrar a los seres más miserables de la tierra y hasta allí yo no he llegado ni me veo con estómago para llegar”.

 

Roberto Bolaño murió el 14 de julio de 2003 a causa de una insuficiencia hepática. Dejaba la más monumental de sus obras, 2666 (Anagrama), que apareció este año y que nuestros críticos han destacado como el mejor libro de ficción de los últimos doce meses. Ofrecemos un autorretrato con forma de diccionario que el propio Bolaño fue esbozando en diversas entrevistas.

Autobiografía: “Las únicas autobiografías interesantes son las de los grandes policías o la de los grandes asesinos, porque de alguna manera rompen ese molde deprimente y real de que el destino de los seres humanos es respirar y un día dejar de hacerlo”.

Boom: “No me siento heredero del boom de ninguna manera. Aunque me estuviera muriendo de hambre no aceptaría ni la más mínima limosna del boom, aunque hay escritores que releo a menudo como Cortázar o Bioy. La herencia del boom da miedo. Por ejemplo, ¿quiénes son los herederos oficiales de García Márquez?, pues Isabel Allende, Laura Restrepo, Luis Sepúlveda y algún otro. A mí García Márquez cada día me resulta más semejante a Santos Chocano o a Lugones”.

Críticas: “Cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?”.

Elvis: “Elvis forever. Elvis con una chapa de sheriff conduciendo un Mustang y atiborrándose de pastillas, y con su voz de oro”.

España, Barcelona: “Vine a España en el año 77. En realidad iba a Suecia, donde más o menos tenía arreglado un trabajo, pero mi madre vivía en España desde hacía dos años y estaba muy enferma cuando yo llegué. Entonces, me quedé a esperar que se pusiera bien. Barcelona, en el año 77, era una verdadera belleza, una ciudad en movimiento con una atmósfera de júbilo y de que todo era posible. Se confundía la política con la fiesta, con una gran liberación sexual, un deseo de hacer cosas constantemente, que probablemente era artificial, pero, artificial o verdadero, era tremendamente seductor. Para mí fue un descubrimiento, y me enamoré de la ciudad. En Barcelona aprendí cosas que yo creía que sabía pero en realidad no sabía”.

Exilio: “Nunca me he sentido exiliado. Extranjero me he sentido en todas partes, empezando por Chile. Como fui un niño pedante, ya desde niño me sentía extranjero”.

Fútbol: “Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia”.

García Márquez: “Un hombre encantado de haber conocido a tantos presidentes y arzobispos”.

Lema: “Mi lema no es Et in Arcadia ego, sino Et in Esparta ego”.

Libros: “El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Nadja, de Breton. Las cartas de Jacques Vaché. Todo Ubú, de Jarry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y El proceso, de Kafka. Los aforismos de Lichtenberg. El Tractatus de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los Pensamientos de Pascal”.

Oficios: “El oficio en el que mejor me he desempeñado fue el de vigilante nocturno de un camping cerca de Barcelona. Evité un linchamiento (aunque de buena gana, después, hubiera linchado o estrangulado yo mismo al tipo en cuestión)”.

Paraíso: “Es como Venecia, espero, un lugar lleno de italianas e italianos. Un sitio que se usa y se desgasta y que sabe que nada perdura, ni el paraíso, y que eso al fin y al cabo no importa”.

Política: “Siempre quise ser un escritor político, de izquierdas, claro está, pero los escritores políticos de la izquierda me parecían infames”.

Reconocimiento: “No me importa nada. El narrador más importante de este siglo que se acaba (¡por fin!) se llamó Franz Kafka y no lo reconocieron ni en su casa, así que figúrate si me va a preocupar a mí una gilipollez de ese calibre”.

Remordimiento: “Son muchos y se acuestan y levantan conmigo y escriben conmigo porque mis remordimientos saben escribir”.

Sexo: “La gente, al hablar de sexo, se vuelve idiota. Tal vez siempre lo ha sido, pero el sexo la vuelve aun más idiota y se limita a balbucear ideas preconcebidas cuyo fondo en nada difiere del antiguo Dios, Rey y Patria, que, como todo el mundo sospecha (pero se lo calla), significa Miedo, Amo y Jaula”.

Triunfo: “No creo en el triunfo. Nadie con dos dedos de frente puede creer en eso. Creo en el tiempo. Eso es algo tangible, aunque no se sabe si real o no, pero el triunfo, no. En el campo de los triunfadores uno puede encontrar a los seres más miserables de la tierra y hasta allí yo no he llegado ni me veo con estómago para llegar”.

Roberto Bolaño murió el 14 de julio de 2003 a causa de una insuficiencia hepática. Dejaba la más monumental de sus obras, 2666 (Anagrama), que apareció este año y que nuestros críticos han destacado como el mejor libro de ficción de los últimos doce meses. Ofrecemos un autorretrato con forma de diccionario que el propio Bolaño fue esbozando en diversas entrevistas.

Autobiografía: “Las únicas autobiografías interesantes son las de los grandes policías o la de los grandes asesinos, porque de alguna manera rompen ese molde deprimente y real de que el destino de los seres humanos es respirar y un día dejar de hacerlo”.

Boom: “No me siento heredero del boom de ninguna manera. Aunque me estuviera muriendo de hambre no aceptaría ni la más mínima limosna del boom, aunque hay escritores que releo a menudo como Cortázar o Bioy. La herencia del boom da miedo. Por ejemplo, ¿quiénes son los herederos oficiales de García Márquez?, pues Isabel Allende, Laura Restrepo, Luis Sepúlveda y algún otro. A mí García Márquez cada día me resulta más semejante a Santos Chocano o a Lugones”.

Críticas: “Cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?”.

Elvis: “Elvis forever. Elvis con una chapa de sheriff conduciendo un Mustang y atiborrándose de pastillas, y con su voz de oro”.

España, Barcelona: “Vine a España en el año 77. En realidad iba a Suecia, donde más o menos tenía arreglado un trabajo, pero mi madre vivía en España desde hacía dos años y estaba muy enferma cuando yo llegué. Entonces, me quedé a esperar que se pusiera bien. Barcelona, en el año 77, era una verdadera belleza, una ciudad en movimiento con una atmósfera de júbilo y de que todo era posible. Se confundía la política con la fiesta, con una gran liberación sexual, un deseo de hacer cosas constantemente, que probablemente era artificial, pero, artificial o verdadero, era tremendamente seductor. Para mí fue un descubrimiento, y me enamoré de la ciudad. En Barcelona aprendí cosas que yo creía que sabía pero en realidad no sabía”.

Exilio: “Nunca me he sentido exiliado. Extranjero me he sentido en todas partes, empezando por Chile. Como fui un niño pedante, ya desde niño me sentía extranjero”.

Fútbol: “Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia”.

García Márquez: “Un hombre encantado de haber conocido a tantos presidentes y arzobispos”.

Lema: “Mi lema no es Et in Arcadia ego, sino Et in Esparta ego”.

Libros: “El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Nadja, de Breton. Las cartas de Jacques Vaché. Todo Ubú, de Jarry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y El proceso, de Kafka. Los aforismos de Lichtenberg. El Tractatus de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los Pensamientos de Pascal”.

Oficios: “El oficio en el que mejor me he desempeñado fue el de vigilante nocturno de un camping cerca de Barcelona. Evité un linchamiento (aunque de buena gana, después, hubiera linchado o estrangulado yo mismo al tipo en cuestión)”.

Paraíso: “Es como Venecia, espero, un lugar lleno de italianas e italianos. Un sitio que se usa y se desgasta y que sabe que nada perdura, ni el paraíso, y que eso al fin y al cabo no importa”.

Política: “Siempre quise ser un escritor político, de izquierdas, claro está, pero los escritores políticos de la izquierda me parecían infames”.

Reconocimiento: “No me importa nada. El narrador más importante de este siglo que se acaba (¡por fin!) se llamó Franz Kafka y no lo reconocieron ni en su casa, así que figúrate si me va a preocupar a mí una gilipollez de ese calibre”.

Remordimiento: “Son muchos y se acuestan y levantan conmigo y escriben conmigo porque mis remordimientos saben escribir”.

Sexo: “La gente, al hablar de sexo, se vuelve idiota. Tal vez siempre lo ha sido, pero el sexo la vuelve aun más idiota y se limita a balbucear ideas preconcebidas cuyo fondo en nada difiere del antiguo Dios, Rey y Patria, que, como todo el mundo sospecha (pero se lo calla), significa Miedo, Amo y Jaula”.

Triunfo: “No creo en el triunfo. Nadie con dos dedos de frente puede creer en eso. Creo en el tiempo. Eso es algo tangible, aunque no se sabe si real o no, pero el triunfo, no. En el campo de los triunfadores uno puede encontrar a los seres más miserables de la tierra y hasta allí yo no he llegado ni me veo con estómago para llegar”.

Soy un lector tardío de Bolaño. A pesar de que había escuchado hablar de él hace tiempo, recién hace un par de años lo leí por primera vez. Lo leí con desgano y soberbia. Y así me mantuve, mirándolo desde lejos, hasta que llegué a “Los Detectives Salvajes”, novela de la que me hice adicto apenas leí la primera página. Desde ese día soy un fanático incondicional de su obra. Lo considero el mejor escritor chileno del momento (si es que se puede hablar de “mejor” o “peor” en ese pantanoso terreno de la creación literaria). Tal vez fue eso lo que me motivó a entrevistarlo. O tal vez fue el calor insoportable que me subió los humos a la cabeza. Y aunque no tengo nada específico que preguntarle, siempre es bueno escuchar lo que dice un tipo de verdad. Como sea, y no me pregunten cómo, conseguí el correo electrónico de Roberto y mantuve con él una cordial conversación a través de la fibra óptica.

¿A qué edad comprendiste que querías dedicarte a escribir?
A los quince. Cuando me fui de Chile. Pero en realidad eso nunca uno lo “comprende” o lo “entiende” de forma cabal. En términos generales yo no diría que me “dedico” a escribir. De hecho, en ocasiones ni siquiera sé muy bien qué es eso de escribir.

Durante mucho tiempo tuviste que dedicarte a trabajos que nada tuvieron que ver con la literatura. ¿En qué pensabas para no desfallecer?
No creo que exista ningún trabajo que no tenga que ver con la literatura. Hasta la limpieza de fosas sépticas tiene una relación con la literatura. Quizá ése más que ningún otro. ¿En qué pensaba para no desfallecer? En el premio Stalin al obrero ejemplar, naturalmente.

Escribes poesía y narrativa (cuentos y novelas) ¿Podrías explicar cómo distingues cuándo una idea o una imagen o una sensación, etc., es más indicada para un poema, para un cuento o para una novela?
Por la estructura, claro. Hay ideas con las que puedes construir un departamentito en la costa o una ruca en la montaña, pero no un edificio de veinte pisos. Y cuando digo estructura incluyo una vaga idea de música, un fraseo, una prosodia, que rápidamente me permite saber (aunque a menudo uno se equivoca) si una cosa va a tener veinte páginas o doscientas o mil. O una sola.

¿Escuchas música cuando escribes o lo haces en silencio? ¿Qué importancia tiene el rock en tu obra?
Antes solía escuchar música. Casi siempre rock y además a todo volumen. Pero desde que no limpio el cabezal de mi walkman (por pereza, claro, o por dejadez) escribo en silencio. Recuerdo que escuchaba a The Pogues, y a Dylan, claro. Y a un grupo que se llamaba Suicide y que no sé qué pasó con ellos. En realidad creo que sólo eran dos personas. Un grupo de dos muy radical. Y también a los Tri, un grupo mexicano.

Los detectives salvajes es un libro que remece, que le ha cambiado la vida a muchas personas (me incluyo) ¿Cómo cambió tu vida después de publicar ese libro?
En nada. Yo los libros, después de publicarlos, procuro olvidarme de ellos. Recuerdo los libros de otros, nunca cometo la imprudencia de tener presentes mis propios libros.

¿Tuviste conciencia de su importancia mientras lo escribías? ¿Crees que es tu mejor novela?

Como diría Nicanor Parra: “mala no es”. Tampoco es mi mejor novela. ¿Cuál es mi mejor novela? No tengo idea. Sinceramente no lo sé. Yo diría, acaso, que la suma de tres o cuatro de ellas.

Tu última novela (Amberes), tuvo un dispar recibimiento de la crítica. ¿Estás satisfecho con los resultados?
Esa novelita me gusta mucho, tal vez porque cuando la escribí yo era otro, en principio mucho más joven y tal vez más valiente y mejor que ahora. Y el ejercicio de la literatura, entonces, era mucho más radical que ahora, que procuro, dentro de ciertos límites, ser inteligible. Entonces me importaba un comino que me entendieran o no.

Con respecto a eso mismo ¿Cómo mides tú los resultados de una novela: por las ventas, por la crítica, por las felicitaciones en la calle?
Jamás. Si eso fuera un barómetro mejor el fuego. En realidad los resultados de una obra los disfruta o los sufre el autor de esa obra en el momento de concebirla. Una vez hecha, ya está, se acabó. El resto, en el mejor de los casos, son conversaciones con amigos, tu novela como mero pretexto para hablar de cosas más importantes como la épica en Tolstoi o los motivos de beligerancia entre parnasianos, simbolistas y decadentes. O para hablar del tiempo o de la guerra, que prevalece, o del suicidio.

¿Crees que si nunca hubieras salido del “horroroso Chile” habrías logrado escribir como lo has hecho hasta ahora (en cantidad, en calidad, en temática)?
Hubiera escrito otras cosas, o me habrían matado después del 11 de septiembre. Eso nunca lo sabré.

¿Es importante salir de aquí para convertirse en un buen escritor?
De ningún modo. No sé qué se debe hacer para ser un buen escritor. Leer mucho y vivir mucho, supongo. Ser muy valiente y también ser prudente. No lo sé. Sí sé qué hay que hacer para ser escritor. Y no es necesario, no es un requisito, irse de su país. Basta con ser paciente y tener sentido del humor.

¿Qué le dirías a un escritor joven para que huya despavorido de la literatura, para que no vuelva a pulsar una tecla?
Soy incapaz de decirle a nadie algo así, menos aún a un joven.

Tu próxima novela está ambientada en 2666 ¿Cómo crees que será el planeta en ese año? ¿Crees que, al paso que vamos, la humanidad llegará a esa fecha?
No, mi novela no está ambientada en ese año. No es una novela de ciencia ficción. Hay un nexo con esa fecha, pero nada más. ¿Si llegaremos al siglo XXVII? Probablemente. Aunque para entonces, de eso estoy seguro, no nos va a reconocer ni la madre que nos parió.

¿Podrías referirte brevemente a esa novela?
No.

¿Cuál es tu posición frente a la guerra en Irak?
Me parece mucho más terrible la muerte diaria de miles de africanos por el sida, la malaria, el hambre, y que no concita las protestas de nadie. La guerra de Irak será una guerra colonial más, es decir una guerra presegunda guerra mundial, entre un imperio y una tiranía fascistoide.

Sugiere un seudónimo para George W. Bush.
Ninguno.

¿Cómo es tu vida en Blanes? ¿Tienes un horario para escribir o lo haces cuando te dan ganas? ¿En qué ocupas el resto del tiempo?
Últimamente mis horarios están un poco dislocados. Escribo mucho, corrijo mucho, leo, veo a mis hijos. El resto del tiempo lo ocupo en dormir y tener pesadillas tipo Wes Craven.

Pensaste algún día que llegarías a tener el estilo de vida que tienes (dedicado 100% a la literatura)?
Alguna vez. Pero nunca fue algo muy importante. En realidad siempre estuve dedicado a la literatura a tiempo completo.

¿Qué libro estás leyendo actualmente?
Una antología sobre escritoras románticas alemanas y “Los Bioy”, el libro de memorias de la sirvienta de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares.

¿Cuál fue la última película que viste?
Vi dos. Una de gángsters, que me defraudó, de Tom Hanks y Paul Newman. La típica película de la canalla sentimental semi ilustrada. Y una de guerra, de Ridley Scott, creo que se llamaba Blackhawk derribado o algo así, que me pareció muy entretenida, aunque el guión era un poco exagerado, pero la película la vi con gran gusto, muy buen ritmo, trepidante, como suelen decir los críticos, un ritmo sostenido y la mayor parte de las veces austero, aunque el guión flaqueaba cuando intentaba mostrar el trasfondo político.

¿Has escrito o escribirías guiones para cine o televisión? ¿Te interesa ese formato?
No.

En Chile ha llegado la moda de los reality shows. Gente que se encierra en una casa y es filmada las 24 horas del día, como hamsters multimediales, con el único objetivo de ser famoso ¿Qué opinas de ese fenómeno?
La televisión es como un albañal sin fondo. Lo peligroso es que a menudo, y eso tal vez convierta a la televisión en arte, es también nuestro espejo. El espejo cotidiano.

¿Cuánto te importa la fama? ¿Qué tanto pesa el ego en el trabajo de un escritor?
La fama es una estupidez, sobre todo referida a la literatura. El ego, por otra parte, no tiene nada que ver con la fama. Yo siempre he despreciado a la fama y sin embargo mi ego siempre ha estado allí, gozando de una salud óptima que ya quisiera yo para otras partes de mi cuerpo.

Cualquier escritor podría estar más que satisfecho con lo que tú has conseguido hasta ahora ¿Qué metas te has propuesto para el futuro? ¿Esperas más premios, más dinero, más admiradores, o simplemente más tranquilidad?
Yo nunca he esperado nada para mí. Espero que mis hijos, por ejemplo, puedan vivir en un mundo más tolerante, más “razonable” que el que me tocó a mí. Esta es una debilidad o una legítima aspiración que comparto, supongo, con todos los padres. Pero para mí no espero ni he esperado nada. Tal vez el golpe de dados del que hablaba Mallarmé, pero porque sí, gratuitamente, para ver qué pasa.

¿Cómo ha afectado tu vida el surgimiento de internet?
Escribo más cartas que antes. O tal vez deberíamos precisar: escribo más postales que antes. Y la postal es a una carta lo que un garrote a una ametralladora. Es probable que gracias a internet la gente escriba más. Lamentablemente no creo que eso signifique que lea más.

¿Por qué crees que ya entrado el siglo 21 y tomando en cuenta la existencia del cine, la televisión, los videojuegos e internet, hay gente que sigue interesada en leer y escribir ficción a través un objeto tan primitivo como un libro?
Por la misma razón que hay gente que prefiere colgar en una pared un cuadro de Picasso o Barceló antes que una foto recortada de un periódico cualquiera. Por educación. Por cierto gusto. O, si prefieres un símil deportivo, por la misma razón que hace que los jugadores de verdad no apuesten su vida en una partida de ludo o de monopoly y prefieran seguir utilizando la vieja y más emocionante ruleta rusa.

¿Podrías describir exactamente qué ropa llevas puesta al momento de responder este cuestionario?

Bluejeans, zapatos negros Martinelli, suéter de lana, chaqueta de cuero negra, un cigarrillo en la mano izquierda.

Llena los espacios en blanco: La poesía es:____ La novela es:____ El cuento es:____
Esto no se puede responder.

En tu poema “Godzilla en México” el hablante se dirige a su hijo en una situación catastrófica. En el cuento “Últimos atardeceres en la Tierra” un padre y su hijo viven unas vacaciones bastante siniestras. ¿Cuál es, en tu opinión, el mejor consejo que le has dado a tu hijo? ¿Qué importancia le das a la paternidad?
El mejor lo escuché en una película norteamericana: “Nunca apuestes contra un jugador que tenga de apodo el nombre de una ciudad”. La paternidad es lo mejor y también lo más terrible porque vuelves a ser infinitamente vulnerable.

Por último ¿Qué estabas haciendo antes de responder este cuestionario y qué vas a hacer inmediatamente después de que lo termines?
Estaba leyendo las noticias deportivas en un bar y soportando el frío atroz que parece no acabar nunca. Y ahora, justo ahora, volveré a salir a la calle e iré a mi apartado de correos, a ver si tengo alguna carta.

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