KAFKA Por Diego Araujo Sánchez

Kakfa y la niña

Un curioso y casi desconocido episodio en la vida de Franz Kafka narra el novelista estadounidense Paul Auster en su Brooklyn Follies: el autor de la Metamorfosis vive su último año de vida en Berlín junto a Dora Diamant, una joven polaca a la que dobla en edad y de quien se ha enamorado de verdad, a pesar de las reticencias del escritor a compromisos sentimentales perdurables.

Al pasar por un parque cercano al departamento en donde los dos residen se detiene al escuchar el llanto de un niña, a la que pregunta la razón de las lágrimas. La pequeña le cuenta que ha perdido su muñeca. Kafka imagina, entonces, una historia para consolar a la niña: le dice que la muñeca ha salido de viaje, lo sabe porque se ha comunicado con él por carta y que, aunque ha olvidado la misiva, al día siguiente se la traería. El escritor regresa a su casa y se pone a redactar la primera carta, con el mismo rigor profesional, la misma pasión, la misma precisión y fuerza del lenguaje, con que había escrito las obras maestras que se conocerían después en todo el mundo. La atención del genial escritor con la niña se prolonga por tres semanas. En cada una de las cartas imagina y prolonga la historias hasta completar la fantasía, como es de rigor en el relato maravilloso, con el final matrimonio de la muñeca y, en este caso, con la despedida a su querida amiga, hasta que ella ya no le echa de menos. El autor lee esas cartas a la niña, cuando realiza su habitual paseo vespertino. Sigue leyendo

PAUL AUSTER

Paul Auster dijo esto luego de recibir el libro Principes de Asturias.

No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe?, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa. Sigue leyendo

ALTA COSTURA Beatriz Espejo

imagesCuando llega esa mañana al taller de Poiret, Roma Chatov no sospecha siquiera que empieza a ser un instrumento de Dios. Se dirige al rincón donde se apoyan contra la pared los pesados tubos que envuelven el crepé de seda. Hace a un lado el azul índigo, el blanco helenio y atrae hacia sí el rojo sangre. Rectifica el ancho, uno veinte. Será un chal magnífico, piensa. Lo confeccionaré por entero, aunque reflexionándolo bien quizá convendría pasárselo a una bordadora para que cosiera las orillas; pero todas trabajan atareadas en los elaborados diseños del maestro. Urge terminar los trajes que usarán la duquesa de Guiche y madame Castellane en la recepción ofrecida por los polignac la semana entrante. Así pues Roma regresa con su tela y se sienta junto a una ventana buscando la mejor luz del día. Gira el carrusel de carretes, elige un hilo de tono idéntico e inicia hábilmente la hilera de puntadas escondidas bajo el doblez. Fue parte de su entrenamiento ejecutar cualquier tarea relacionada con el oficio, aunque se especializa en la pintura de gasas, rasos que llevan ramos de violetas, faroles chinescos, manojos de corolas y pistilos o prismas y rectángulos en el más puro estilo art-decó; pero ahora da impulso a su imaginación sin obligarse a las exigencias de un modelo. Sigue leyendo