LA ARQUITECTURA DE LA FRASE


FUENTE:http://medcomunitaria.zoomblog.com/archivo/2006/08/08/la-arqitectura-de-la-frase.html

LA ARQUITECTURA DE LA FRASE
Constituyen una oración los enunciados que organizan todos sus constituyentes en relación con un verbo conjugado en forma personal.

JUAN ALCINA FRANCH y JOSÉ MANUEL BLECUA

Llegamos al fondo de la cuestión, a la esencia de la escritura: la prosa, la frase. Se ha investigado más que cualquier otro aspecto, también es lo que más se enseña en la escuela. Pero ¡hay que ver los quebraderos de cabeza que aún nos procura! En el capítulo más largo de esta cocina, paso revista al perfil ideal que debería tener una oración. Buscamos la frase atractiva, eficaz, clara… (¿¡la que quizás sólo se encuentra en las gramáticas teóricas!?). ¡Esperemos que no!

De todas las reglas que presentan los manuales de redacción, he seleccionado las más valiosas y he preparado un guisado personal. El plato se sirve con ejemplos didácticos: a la izquierda está la frase mejorable y a la derecha la mejorada. Quien quiera entrenarse puede tapar con un papel la columna de la derecha e intentar mejorar la frase por su cuenta. Al final del capítulo también hay ejercicios a la carta con las soluciones correspondientes.

EL TAMAÑO

Todos los manuales de redacción aconsejan brevedad: el libro de estilo de El País recomienda una media máxima de 20 palabras por frase; el de La Vanguardia también cita un máximo de 20, pero descontando artículos y otras partículas gramaticales; France-Presse pone el límite de legibilidad en los 30 vocablos o en las tres líneas; el resto (ABC, Reuter, Efe, TVE, Canal Sur, Avui, “la Caixa”…) coincide en preferir la oración corta con pocas complicaciones (o con un máximo de dos subordinadas: Reuter). Inclusive el MAP (Ministerio para las Administraciones Públicas) califica de “longitud desmesurada” la extensión de 20-30 palabras que dice que suele tener “el párrafo administrativo” [sic].

También podemos citar precedentes más remotos. En su Tratado de las cualidades esenciales de la elocución (estilo), de 1896, Bartolomé Galí Claret recomienda evitar “las cláusulas largas, las cuales con su excesivo número de conjunciones y pronombres relativos, hacen el estilo confuso, lánguido y pesado”.Y añade este delicioso ejemplo (con estas cursivas):

EJERCICIO DEL ALUMNO
CORRECIÓN DEL MAESTRO

He leído tu última carta con muchísima alegría porque veo que el cariño que me tienes es muy grande, tan grande como el que yo te tengo; por más que me haya causado alguna tristeza el que me digas en tu carta que no te querré mucho porque no te escribo más a menudo, lo que no es cierto, puesto que te amo muchísimo; pero tú ya sabes que me cuesta hacer una carta por más que sea muy sencilla, y que uno tiene siempre pereza de hacer lo que no sabe o le cuesta mucho hacer.

He leído tu última con muchísima alegría pues veo cuán grande es el cariño que mutuamente nos profesamos.

Sin embargo aquellas palabras de tu carta, “no me querrás mucho cuando me escribes con tan poca frecuencia”, no han dejado de causarme cierta pena, pues bien sabes cuanto te quiero.

Ya te escribiría más a menudo, primo mío, pero me es muy difícil componer la más sencilla carta, y por otra parte uno tiene siempre pereza de hacer lo que no sabe o le cuesta mucho hacer.

El ejemplo confunde la unidad de la frase (punto y seguido) con la del párrafo (punto y aparte), pero el contraste entre los dos textos muestra con claridad las dificultades que presenta la oración extensa —¡y el tema y el tono del texto no tienen desperdicio!—. Veamos ahora algunos ejemplos actuales:

Las imágenes televisadas de las recientes corridas de toros celebradas en La Coruña y Pontevedra, esta plaza del barrio de San Roque, atestada hasta la bandera de un público quizás algo condescendiente pero entusiasta (que es lo que importa ahora), nos llenan de satisfacción a los “taurinos” y amantes, por otra parte de esas tierras gallegas en las que viví y trabajé. [Carta al director: ABC, 25-8-94]= 62 palabras.

Queda muy claro, o a mí me lo parece, que la pretensión de los hoteleros jiennenses aspiran a consensuar (otro concepto que se las trae) con sus colegas costasoleños, un tanto en plan Juan Palomo, no es otra cosa que la de conseguir un cierto viso de legalidad (un look de caballero sin tacha) a la coz que desean propinar en el mismo epigastrio de la economía de mercado, como al navajazo con que, sin menor duda, quedaría desfigurado el rostro de la competitividad. [Columna de opinión: Sur, 17-9-94] = 84 palabras.

Cuarto.- La objetiva contemplación de las distintas actuaciones obrantes tanto en el expediente administrativo como en los autos determina nuestra convicción de que efectivamente se ha producido un resultado dañoso —lesión de la reclamante consistente en fractura-luxación de Monteggia codo izquierdo—, pero en modo alguno existe constancia indubitada, pues ni se ha demostrado ni podemos estimar como tal la mera declaración de la reclamante ni la de su esposo, de que tal lesión se produjo como consecuencia de una caída determinada por el estado que ofrecía la acera de la calle Francisco Manuel de los Herreros de la ciudad de Palma de Mallorca, a causa de las obras municipales realizadas por el contratista adjudicatario, y siendo ello así, no habiendo acreditamiento, ni tan siquiera indiciario, ya que la Sala de primera instancia parece basarse, al margen de reputar que en el caso de autos se produce la inversión de la carga probatoria, en simples presunciones que después analizaremos, del nexo causal que ha de vincular necesariamente la lesión al funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos, es por lo que ya en principio no cabe compartir el criterio que, en relación con el tema que consideramos, expresa la Sala de primera instancia en la sentencia impugnada, pues insistimos, la parte reclamante no ha demostrado, a pesar de que le incumbía, que el accidente sufrido se debió al mal estado de la acera y a la deficiente iluminación de la referida calle… por el hecho de que se realizaran obras de reforma del alumbrado público en dicha zona, y adviértase que el informe del Sr. Subinspector de la Policía Municipal de 26 de enero de 1988, sólo refiere que la reclamante “fue trasladada el día 4 de noviembre de 1987 a la Residencia Sanitaria de la Seguridad Social porque había sufrido una caída, según propia manifestación”, sin concretar la causa que había determinado aquella, añadiendo a seguido que el esposo de la lesionada el día 5 siguiente había hecho constar que “la culpa de la caída era una zanja existente sobre la acera, de unos diez centímetros de profundidad, protegida por una valla, al hallarse dicha acera en obras”. [Sentencia Judicial (5-7-94; Tribunal Supremo, Sala 3ª): Actualidad Jurídica Aranzadi, 163, 8-9-94] = 358 palabras.

¡Vaya tostones! ¿Cuántas veces has tenido que releer cada frase? Quizás hayas desistido. No creo que hayas podido con la última. ¿Quién puede con ella? ¡Y es del Tribunal Supremo!

Tengo que reconocer que resulta más difícil entender una oración sola, sacada de contexto, sin conocer previamente el tema de qué trata. En algún caso, como en el segundo ejemplo, las referencias culturales son tan locales que se nos escapan. Pero está claro que los periodos largos como los anteriores no son nada fáciles de leer.

Las investigaciones sobre la extensión media de la frase en prestigiosos escritores o en tipos de textos también demuestran que la prosa más popular suele usar periodos sintácticos breves. Los siguientes recuentos, extraídos de Richaudeau (1992), apuntan también una curiosa tendencia histórica a acortar la oración, por lo menos en la narrativa inglesa:

ESCRITORES FRANCESES NOVELAS INGLESAS

AUTOR

PROMEDIO DE PALABRAS POR FRASE

PERIODO

PROMEDIO DE PALABRAS POR FRASE
George Simenon
15
Jean Giono

15

Entre 1740-1790
41

Gustave Flaubert
18
Entre 1800-1859
29

Paul Valery
22

Entre 1860-1919

25

Marcel Proust
38
Entre 1920-1979

15

René Descartes
74

Para que estas cifras tuvieran validez absoluta tendríamos que saber qué se entiende por frase, puesto que puede haber discrepancias relevantes: un periodo sintáctico, lo que hay entre dos mayúsculas de comienzo de oración o entre dos signos de puntuación, etc. Richaudeau, que posiblemente es quien ha estudiado más a fondo este punto, define la frase como un periodo de prosa con autonomía sintáctica y semántica, que se marca visualmente con puntuación fuerte (punto, exclamación, etc.) o semifuerte (punto y coma, dos puntos, etc.).

La investigación psicolingüística sobre la capacidad de comprensión de los lectores aporta más información. Por un lado, la capacidad media de la memoria a corto plazo es de 15 palabras; o sea, nuestra capacidad para recordar palabras, mientras leemos, durante unos pocos segundos, es muy limitada. Esto significa que cuando nos encontramos con un periodo largo, con incisos también extensos, nuestra memoria se sobrecarga, no puede retener todas las palabras y perdemos el hilo de la prosa (¡como nos ha pasado con las frases anteriores!).

Por otro lado, las frases muy cortas y de lectura fácil son más difíciles de recordar si se encadenan una detrás de otra sin conexiones lógicas. El lector lee sin esfuerzo pero tiene que recordar la ideas una por una, no puede relacionarlas significativamente para formar unidades superiores. Así pues, tampoco hay que caer en el extremo opuesto redactando periodos telegráficos. Compara las tres posibilidades de este fragmento:

UN PUNTO

CUATRO PUNTOS

SEIS PUNTOS

Los expertos en ganadería se oponen a la importación de estos animales por varios motivos, que van desde la falta de garantías sanitarias de los países vendedores (quienes no han podido aportar ningún documento de valor internacional, sobre la cuestión), al descenso de la demanda de estas carnes en nuestro país, y también a la falta de una explicación satisfactoria sobre cómo se realizaría el transporte, el almacenamiento y la conservación de la mercancía.

Los expertos en ganadería se oponen a la importación de estos animales por varios motivos. En primer lugar los países vendedores no han podido aportar garantías sanitarias, con documentación de valor internacional. También, la demanda de estas carnes ha descendido en nuestro país. Y, finalmente, no se ha explicado de forma satisfactoria cómo se realizaría el transporte, el almacenamiento y la conservación de la mercancía.

Los expertos en ganadería se oponen a la importación de estos animales. Hay varios motivos en contra. Los países vendedores no han aportado garantías sanitarias. No han podido aportar ningún documento de valor internacional. La demanda de estas carnes ha descendido en nuestro país. Tampoco se ha explicado en forma satisfactoria cómo se realizaría el transporte, el almacenamiento y la conservación de la mercancía.

La retahíla de frases de la derecha ayuda poco o nada a comprender el significado del fragmento, porque no relaciona las ideas entre sí como hacen las otras dos versiones. Seguramente nos quedaríamos con la versión del centro, que identifica cada idea con una oración cerrada con punto final y que incluye marcadores textuales. Vamos a comprobarlo con un ejemplo real (que contiene una silepsis marcada con cursiva):

ORIGINAL

MEJORADO

Todo ello [los banquetes del restaurante de un casino] dentro del ambiente más selecto en el que una relajante decoración, en armonía con múltiples y bellas plantas de interior, ponen la nota de distinción de este establecimiento que, como ya hemos mencionado, destaca por la flexibilidad de su horario: desde las 21 horas hasta las 4:30 de la madrugada, al que se puede acceder directamente —con el único requisito de presentar su documento nacional de identidad o pasaporte— o bien reservando su mesa al número 281 XX XX o fax 281 XX XX. [Sur, 17-9-94]

Todo ello se realiza dentro del ambiente más selecto en el que pone nota de distinción una relajante decoración, con múltiples y bellas plantas de interior. Como ya hemos mencionado este establecimiento destaca por la flexibilidad de su horario: desde la 21 horas hasta las 4:30 de la madrugada. Se puede acceder a él reservando su mesa al número 281 XX XX o fax 281 XX XX, o bien directamente —con el único requisito de presentar su documento nacional de identidad o pasaporte.

¿Qué fragmento se lee mejor? ¿El de la derecha, verdad? Leemos las oraciones breves, ordenadas y directas como las de la derecha sin pararnos; comprendemos sus ideas principales con una sola pasada rápida, sin tener que prestar ninguna atención especial. En cambio, ¿qué pasa con la de la izquierda? Seguro que has perdido el hilo de la prosa y has tenido que retroceder para releerla. ¡Quizá hayas tenido que pasar dos, tres o más veces para comprenderla! La oración es tan larga y tiene tantos incisos, que te extravías en ella; de pronto te olvidas del referente de algún pronombre, del sujeto que da sentido a un verbo… y tienes que retroceder para repescarlos.

En definitiva, la extensión de la frase no es un valor absoluto. Pueden complicar la oración otros aspectos como los incisos, el orden de las palabras o determinadas estructuras sintácticas. Además, la comunicación depende también de otros factores como el nivel cultural del lector destinatario o el tema del texto. Por lo tanto, es lógico que los periodos varíen y se adapten a las circunstancias. Quizás la mejor recomendación final para escribir frases la formuló hace un siglo, como una premonición iluminada, un gramático español: “No escribamos nunca cláusula alguna en el papel, sin haberla construido antes en el entendimiento, y desechémosla por demasiado larga, enredada y confusa siempre que después de construida, no podamos retenerla con facilidad en la memoria”. (Galí, 1896)

COMO UN ÁRBOL DESNUDO

Esta canción de Lluís Llach (“Com un arbre nu”) me va de perlas para presentar esta comparación entre frases y árboles. La sintaxis de la frase es como la copa de un árbol que trepa y se subdivide, en muchas ramas, de más o menos longitud, repletas de hojas de adjetivos y complementos que reverdecen la planta. Según esto, ¿cuáles son los árboles-frase más bonitos y fáciles de leer?

Las ramas de la frase son todas aquellas expresiones, añadidas a la estructura básica, que podrían eliminarse sin que el periodo perdiera autonomía sintáctica: relativos, aposiciones, vocativos, explicaciones, algunas subordinadas, circunstanciales, etc. Pueden ir o no marcadas gráficamente con signos de puntuación delante y detrás. Las denominaré incisos para simplificar.

Los incisos enriquecen la idea básica de la frase con información complementaria, pero también la alargan hasta la exageración, sino se pone freno. Una estructura básica de pocas palabras (sujeto, verbo y objeto) puede convertirse en un periodo de diez líneas o más, alargándola con incisos y más incisos. Repasa los ejemplos citados más arriba de frases extensas y contrasta su estructura básica de oración con los incisos añadidos; en algunos casos los incisos son mucho más extensos que la base principal.

Las consecuencias de este hecho son bastante graves. La frase principal queda camuflada entre tantas ramificaciones y al lector le cuesta identificarla. Los incisos demasiados largos separan elementos continuos y rompen el hilo de la lectura, como hemos visto. El lector no tiene capacidad para recordar todo lo que va leyendo. Fíjate en los incisos de los dos siguientes párrafos-frase [Avui, 14-1-93], dibujados como un árbol de helado. He separado en el espacio cada inciso y he marcado la frase principal en letra negrita:

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