¿QUIÉN HA DE ASCENDER A LA COLINA DEL SEÑOR? AMOS ZOS

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En el que se dan por concluidas las negociaciones, se firma un contrato y se discute buena cantidad de planes, así como se habla de lejanas tierras en las que el hombre blanco no ha puesto el pie.

En la penúltima casa de la calle Sofonías vivía mi amigo, Aldo Castelnuovo, cuyo padre era famoso por los trucos que sabía hacer con tren-del-fin-del-mundonaipes y fósforos; además, tenía en propiedad una agencia de viajes, El Orient Express. Yo sabía que, de todas las personas del mundo, Aldo tenía que ver mi bicicleta. Era lo único que sus padres no le habían comprado, pues le habían regalado ya casi todo lo demás. No le dejaban andar en bicicleta por los diversos peligros que lleva consigo y, en concreto, porque podía entorpecer el progreso que Aldo llevaba hecho en el violín. Por esta razón le pegué un silbido, furtivamente, desde fuera de su casa. Cuando apareció, Aldo se hizo cargo de la situación al momento, se las arregló para pasar la bici de contrabando, sin que nadie se diera cuenta, y la guardamos en el cobertizo del jardín sin que su madre recelara. Sigue leyendo

AMAMOS ZOS De todo corazón

bici
El día de Shavuot, tío Zémaj vino a visitarnos desde Tel Aviv y me trajo de regalo una bicicleta. De hecho, mi cumpleaños cae entre esas dos festividades, Pésaj y Shavuot. Pero a ojos de tío Zémaj todas las fiestas más o menos son iguales, con excepción de la Fiesta del Arbol, que él trata con respeto excepcional. “Durante Januká”, solía decir, “a los hijos de Israel se nos enseña a odiar a los malignos griegos. En Purim son los persas; en Pésaj odiamos a Egipto; en Lag Baomer, a Roma. El 1 de mayo nos manifestamos contra Inglaterra; el 9 de Av, contra Babilonia y Roma; el 20 de Tamuz murieron Herzl y Bialik, mientras que el 11 de Adar hemos de recordar para siempre lo que los árabes les hicieron a Trumpedor y a sus compañeros en Tel Jai. La Fiesta del Arbol es la única en que no nos hemos peleado con nadie, la única que no trae consigo duelos que recordar. Pero casi siempre llueve: adrede, por supuesto”. Sigue leyendo

GABO

Entrevista con Julio Cortázar

EL HOMBRE cortometraje

CORTÁZAR Un cuento sin moraleja

Borges

¡DILES QUE NO ME MATEN! RULFO

LA VOZ DE JUAN RULFO CONTANDO

LA MEMORIA Arreola y Kafka