Las benévolas Jonathan Littel fragmentos


Resulta difícil simpatizar con el protagonista; es precisamente la calma, la falta de sentimientos de culpa o de remordimientos con los que narra su historia lo que le convierte en un ser escalofriante. Una lectura fascinante, a ratos aterradora por mostrarnos uno de los más oscuros lados del alma humana.

Dejo un fragmento del prólogo, que quizá sirva a modo de introducción al estilo narrativo y tema de la novela:

“Vivía, tenía un pasado, un pasado cargado y gravoso, pero son cosas que suceden y lo llevaba a mi manera. Luego llegó la guerra; yo tenía jefes y me encontré en el núcleo de cosas horribles, de atrocidades. No había cambiado, seguía siendo el mismo hombre, no había resuelto problemas, aunque la guerra me creó problemas nuevos, aunque esos espantos me transformaron. Hay hombres para quienes la guerra, incluso el asesinato, es una solución, pero yo no soy de ésos; para mí, como para la mayoría de las personas, la guerra y el asesinato son una pregunta, una pregunta sin respuesta, porque cuando alguien grita en la oscuridad nadie contesta. Y una cosa trae la otra: empecé sirviendo; luego, por la presión de los acontecimientos, acabé por salirme de ese marco; pero todo esto va unido, unido de forma estrecha e íntima: e simposible decir que, si no hubiera habido guerra, y habría llegado de todas formas a extremos así. A lo mejor habría sucedido; pero a lo mejor no; a lo mejor habría dado con otra solución. No se puede saber. Exkhart escribió: Un ángel en el Infierno vuela en su propia nubecita del Paraíso. Siempre eentendí que lo contrario también debía de ser cierto, que un demonio en el Paraíso volaría en su propia nubecita del Infierno. Pero no creo ser un demonio. Para lo que hice, siempre hubo razones, buenas o malas, no lo sé; pero en cualquier caso, razones humanas. Los que matan son hombres, como también lo son los muertos; es lo terrible. Nunca podemos decir: no mataré nunca, es imposible; como mucho, podemos decir: espero no matar. Yo también lo esperaba; yo también quería vivir una vida buena y provechosa; ser un hombre entre los hombres, igual a los demás; yo también quería poner mi piedra en la palabra común. Pero no se cumplió esa esperanza, y utilizaron mi sinceridad para realizar una obra que resultó ser mala y malsana, y crucé las sombrías orillas, y toda esa maldad se metió en mi vida y no existe reparación posible, y nunca la habrá. Tampoco las palabras sirven para nada, desaparecen como agua en la arena, y esa arena me llena la cara. Vivo, hago lo que es factible, eso es lo que hace todo el mundo, soy un hombre como los demás, soy un hombre como vosotros. ¡Venga, si os digo que soy como vosotros!”.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s