TERESA CALDERÓN

Teresa Calderón nació en La Serena el 30 de marzo de 1955. Se tituló como profesora de Castellano y estudió Licenciatura en Estética en la Universidad Católica de Chile.
TERESA CALDERON
Ha ejercido la docencia en distintas universidades chilenas, tanto en programas nacionales como internacionales, dictando cátedras de literatura latinoamericana. Actualmente dicta clases en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y en la Escuela de Literatura de la Universidad Finis Terrae, y dirige talleres de poesía y de escritura autobiografía.

Poeta, cuentista y novelista, dirige talleres de creación literaria desde los años 80, y, desde entonces, también, ha participado en Congresos de literatura en distintos países. Parte de su obra ha sido traducida el inglés, francés, sueco, italiano, alemán y portugués, y ha sido seleccionada en más de 30 antologías. Entre sus publicaciones de poesía se destacan: Causas Perdidas, Género Femenino, Imágenes Rotas, Aplausos para la memoria y Obra Poética. Es coautora de la Antología “Veinticinco años de Poesía Chilena: 1970-1995”, Ed. Fondo de Cultura Económica, 1996.En narrativa destacan: Vida de perras (cuentos), Amiga Mía (novela) y Mi amor por ti (novela).En novela infantil: Aventuras de Súper Inti y Analfabruja, El tesoro de la bruma, Esa mañana llovía a cántaros azules y Súper Inti y el misterio del espejo.

Entre los principales premios se cuentan:
Primer Premio Concurso de Poesía El Mercurio 1988.
Primer Lugar Concurso Ministerio de Educación 1989.
Premio Pablo Neruda 1992.
Premio Consejo Nacional del Libro y la Lectura 2004, mejor novela editada por
Amiga Mía, deEditorial Alfaguara.
En el año 2006 fue Escritora en Residencia en la Universidad Católica de Chile.

Ha participado en congresos literarios y ferias del libro en Chile, Argentina, Suecia, México, Estados Unidos, Colombia, Uruguay, Perú, Bolivia, Cuba, Alemania.

lA CATÁSTROFE Teresa Calderón

2548165249_c79d95d52dA Thomas Harris, mi poeta, mi amor.

Vivíamos en Emilia Téllez con Coventry o Hamburgo, esquina del narcotráfico y de los bares de muerte lenta que frecuentaba Rodrigo, y del negocio del chino que nos surtía de manera ilegal, sin la correspondiente patente de alcohol.
—Tengo una petaca —le decía a Rodrigo, cuando lo veía transitar por las mañanas muy temprano azotado por los temblores de la abstinencia.
—No tengo ni uno —respondía Rodrigo, encogiendo los hombros, gesto que le hacía temblar aún más, las manos y la barbilla. Sigue leyendo

CAMILA REIMERS

Camila Reimers nació en Antofagasta, Chile, el 14 de abril de 1951 y salió del país en 1975. Vivió en Caracas, por cinco años y llegó a Canadá el primero de julio de 1980. Durante los ochenta vivió en varias ciudades –Vancouver, Montreal, f_reimersSudbury– antes de establecerse en Ottawa con sus dos hijos, en 1990. Durante los noventa tuvo también la oportunidad de visitar y vivir por algunos meses en la India.
Empezó a escribir desde el momento en que abrió el silabario Hispanoamericano y comprendió que la combinación de consonantes y vocales creaban palabras que podían expresar sus pensamientos. Estudió en el pedagógico en la Universidad de Chile y ‘Language Arts’ en la Universidad de British Columbia en Vancouver, Canadá.
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SIMÓN Camila Reimers

Una tras otra las contracciones quebraban mi espalda, pero mi niño no tenía apuro, no deseaba salir de su escondite. Hijo, rosa blanca del jardín de mi sueño, no tengas miedo, yo sé quien eres, te estoy esperando, ven, asoma tu cabeza entre mis piernas, vive.
rosa-blanca
La cara de la enfermera, cubierta con una mascarilla, se acerca a la mía asegurándome que todo está bien, yo siento su voz tan lejana como la luz del quirófano que me ciega y atrapa las lágrimas que insisten en salir.El filo de otra contracción me corta la espalda. Sigue leyendo

EL SOLDADITO ROJO Marcela Paz

El soldadito rojo, Aportado por a poeta: María Eleonor Prado M.
Marcela estaba en cama con Rubéola. Había amanecido llena de pintitas rosadas, que le picaban por todas partes a un tiempo. No sabía qué hacer para aliviar su soldaditopicazón. Pero sólo podía rascarse… Así que comenzó a llorar.

Sintió entonces como un tamborcito que sonaba a compás.

¿Será mi corazón? -pensó. Pero le pareció escuchar una vocecita en secreto.

¿Quién es?- preguntó sorprendida.

-Soy el soldadito rojo -dijo la voz- Estoy muy desteñido porque han lavado tanto tu camisa. Pero si tú me ayudas puedo jugar contigo…

Marcela secó sus lágrimas y buscó en su camisón los dibujos que ya apenas se notaban. Había un soldadito con tambor, muy desteñido. Lo miró y sentándose en la cama le dijo:

¿Jugamos?

¡Sí, pero tienes que darme una gotita de sangre -dijo el soldado- para volver a ser el soldadito rojo!
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