SIMÓN Camila Reimers


Una tras otra las contracciones quebraban mi espalda, pero mi niño no tenía apuro, no deseaba salir de su escondite. Hijo, rosa blanca del jardín de mi sueño, no tengas miedo, yo sé quien eres, te estoy esperando, ven, asoma tu cabeza entre mis piernas, vive.
rosa-blanca
La cara de la enfermera, cubierta con una mascarilla, se acerca a la mía asegurándome que todo está bien, yo siento su voz tan lejana como la luz del quirófano que me ciega y atrapa las lágrimas que insisten en salir.El filo de otra contracción me corta la espalda.

Inspire y expire rápido- repite la enfermera.
Simón, niño mío, ven pronto, deja mecerte en mis brazos.
Y mientras el dolor me abruma, recuerdo el olor dulzón de las rosas que se infiltraba en mi sueño,mientras me daba vueltas en mi cama, durmiendo, pero tal vez despierta, al menos si mis ojos estaban cerrados y mi cabeza descansaba sobre la almohada, mis sentidos seguían abiertos porque el olor de las flores impregnaba el jardín con el que yo soñaba.El día se despedía, atardecer de rosas rojas, tallos verdes, espinas, pétalos colorados, cielo oscuro.Todas rojas, grandes y rojas, pequeñas y rojas, redondas, ovaladas y rojas.

-Todas iguales – pensé Yo – todas iguales.

-Mira a tu derecha – dijo la voz de mi sueño, y cuando obedecí la

orden, mis ojos se encontraron con un color diferente, en medio del rojo vergel, se levantaba humilde y bella,la única flor blanca del jardín.

-Ese es tu regalo- dijo la voz -cuídalo.

En ese momento supe que estaba embarazada, también supe que era un niño y su nombre sería Simón.

-Él es diferente – continúo la voz -viene de muy lejos, de un planeta que no tiene mar ni atardeceres, es por eso que cuando llegue a este mundo, se encontrará perdido y alguien tendrá que mostrarle la diferencia entre el amanecer y el final del día.Te hemos observado por muchos años – hablaba la voz de mi sueño- y te hemos elegido, eres tú quien tendrá que recibirlo.

-No comprendo- respondí, mientras la noche cubría las rosas y las estrellas empezaban a asomar sus caras en el cielo inmenso.De pronto una estrella empezó a bajar, en un rayo de luz que se conectaba con la rosa blanca, la única rosa blanca del jardín, corrí a mirar para ver que es lo que el rayo había depositado en el centro de la rosa y encontré a mi niño de carita redonda y ojos almendrados.

Aún estaba oscuro cuando desperté y me asomé a la ventana, las estrellas seguían titilando, miles, millones de ellas, sin embargo reconocí a la que se había conectado conmigo.Era la más grande, y la más brillante, era la que me había enviado un regalo, era la estrella que me había mostrado a Simón.

-Siga pujando señora- me dice la enfermera –ahí viene la cabeza, tiene pelito negro.

-Si sé- pensaba yo –ya lo vi en mi sueño.

Entonces en un instante comprendo el dolor y la alegría de la vida, grito, tan fuerte que mi desgarro abraza al mundo atravesando el tímpano del universo, grito para avisarle a una estrella que su regalo ha llegado, que mi hijo ha nacido.

Es un niño dice el médico.
Es un varoncito, confirma la enfermera.
Simón llegó un día de primavera, trayendo consigo la esperanza y el amor que yo había buscado por vida.Tardó en emitir su primer llanto para prepararme a que todas sus reacciones siempre tardarían en llegar.

El médico lo examina y observa su abultada lengua gráfica, la forma de su entrecejo, sus orejitas, reflejos y líneas en las palmas de las manos y de los pies,luego me mira con tristeza –señora- me dice, su niño está enfermo, tiene síndrome de Down.

Hay doctores que no entienden ni de planetas ni de jardines fragantes.

– No está enfermo-le respondo sonriendo -es diferente, es una rosa blanca en un jardín de rosas rojas.Me lo trajo una estrella porque sólo yo le puedo mostrar este mundo.

La enfermera deposita a mi hijo desnudo sobre mi vientre, lo tomo de la mano, admiro sus dedos pequeñitos, le doy la bienvenida y empezamos a caminar.

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8 comentarios

  1. De emociones fuertes este cuento nos relata la llegada de un niño lleno de sol como son todos los chcios con síndrome de Down. El síndrome de Down es un trastorno cromosómico, no es una enfermedad como dijo ese médico en el cuento que seguro es alguna anécdota que la autora recogió. Es un cuento ágil con tintes anecdóticos que sería muy factible para la oralidad. Es un cuento que merece ser contado para sensibilizar para poder mar más y mejor. Y bajar tanta ansiedad que nos impone una sociedad tan cruelmente competitiva. Yo empecé a ser feliz desde el momento que sentí que mi pequeño hermano (con síndrome de Down) me amaba a mí simplemente porque yo era su hermana y no me pedía nada a cambio.

  2. Hola, soy Jazzista y quiero decirte que me agrado mucho la historia, y con mayor razón dado que mi hermana tiene una pequeña con Síndromo de Dawn. Es una lástima que sean discriminados estos niños y que no se les brinden oportunidades para salir a adelante. Ellos valen mucho y lo merecen. Son niños todo amor.
    Saludops.
    Ricardo Robles

  3. Muy cierto lo que ambos comentarios refieren. La discriminación campea en nuestra sociedad, cuando debieramos protegerles, los alejamos. un abrazo y muchas gracias por meterse al blog y comentar

  4. “Cuando el Amor es divino nada puede separar lo que en verdad se ama.Un enternecedor cuento, que es una brisa encantadora de ilusión, fe y esperanza. Chuics, chuics.”

  5. Me gusto mucho este cuento. Que no es un cuento. Es una realidad cuando recibimos a estos pequeños que son la muestra mas grande de amor que Dios nos da a nosotros como sus padres y a todas las personas que esen dispuestos a amarlos

  6. Hermoso hijo, diferente… pero hermoso!!
    me encanto muy bien escrito llega al corazón de una madre.
    mis felicitaciones y besos
    NILDA

  7. Comentario para nilda, almalen y Ana. El cuento esta muy bien dicho, emociona y nos hace reflexionar, sobre los niños , que son capaces de amar sin pedirte nada a cambio… muy bellos sus comentarios y se los agradezco profundamente. Rub

  8. es de una profunda ternura el cuento


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