UN SUEÑO REALIZADO Oneti

         La broma la había inventando Blanes —venía a mi despacho— en los tiempos en que yo tenía despacho y al café cuando las cosas iban mal y había dejado de tenerlo— y parado sobre la alfombra, con un puño apoyado en el escritorio, la corbata de lindos colores sujeta a la camisa con un broche de oro y aquella cabeza —cuadrada, afeitada, con ojos oscuros que no podían sostener la atención más de un minuto y se aflojaban en seguida como si Blanes estuviera a punto de dormirse o recordara algún momento limpio y sentimental de su vida que, desde luego, nunca había podido tener—, aquella cabeza sin una sola partícula superflua alzada contra la pared cubierta de retratos y carteles, me dejaba hablar y comentaba redondeando la boca:
          —Porque usted, naturalmente, se arruinó dando el Hamlet—. O también: —Sí, ya sabemos. Se ha sacrificado siempre por el arte y si no fuera por su enloquecido amor por el Hamlet… Sigue leyendo

CUENTO BREVE ANA MARÍA SHUA

Grave peligro para la reina blanca. A punto de ser quemada en la hoguera, acusada de entregarse al amor bestial con los caballos, de asomarse desnuda a la 2007211830541198283454ventana de las torres, de corromper a los peones, de quebrar la monástica de los alfiles. Indultada, sin embargo, y enterrada con honores por sus grandes servicios al estado: sacrificarse al abrazo mortal del rey negro, atrayéndolo así a una emboscada en la que también él cae sorprendentemente feliz de haber logrado al fin desmentir su impotencia. (Secretísima envidia del rey blanco.)

Para poder dormirme, cuento ovejitas. Las ocho primeras saltan ordenadamente por encima del cerco. Las dos siguientes se atropellan, dándose topetazos. La número once salta más alto de lo debido y baja suavemente, planeando. A continuación saltan cinco vacas, dos de ellas voladoras. Les sigue un ciervo y después otro. Detrás de los ciervos viene corriendo un lobo. Por un momento la cuenta vuelve a regularizarse: un ciervo, un lobo, un ciervo, un lobo. Una desgracia: el lobo número 32 me descubre por el olfato. Inicio rápidamente la cuenta regresiva. Cuando llegue a uno, ¿logrará despertarme la última ovejita?

TECITOS DE LÁGRIMAS DE DRAGÓN ALBERTO PEZ

 AAATCHÍS!! 20070511150719-dragon AAATCHÍS!!    El abuelo de Manu tenía un resfrío incurable… a menos que tomara un tecito de lágrimas de dragón.

 —Conseguirlas es cosa difícil pero no imposible -le había dicho a Manu la bruja Maizena.

 —Levántese el viernes por la mañana y practique cara de enojado frente al espejo del baño.

 —Báñese, vístase, péinese, tome la leche, salga al patio y señale al cielo con una espada de madera (de cajón de manzana) untada en manteca… recite la fórmula mágica: Sigue leyendo

UN REGALO DELICIOSO Alberto Pez

 

La abuela de Guguk cumple años.

Y como Guguk quiere mucho a su abuela, ha decidido hacerle el mejor de los regalos: Un dinosaurio.

Un dinosaurio re-gordo.

4477167Re-grande.

Recontra- enorme.

Como para que la abuela pueda comer bifes de dinosaurio todo el año.

Con una piel bonita como para que se haga mil vestidos, y con muchos huesos, por si necesita ampliar el corral de las cabritas.

Guguk no tiene la menor idea de dónde puede encontrar un dinosaurio. Nadie ha visto uno en mucho tiempo. Sigue leyendo

SEÑOR AMOR TÍMIDO Fabián Sevilla

 

Archivaldo era muy pero muy tímido. Tanto que se pedía permiso para mirarse en el espejo. Estaba enamorado de una chica que viajaba en el mismo colectivo que él, de lunes a viernes, a la ida y vuelta del trabajo. Linda y de ojos tristones, 2006_1015Paris-060052se sentaba siempre hacia la ventana, en la séptima fila, de la Línea 60.
Él jamás le habló o la miró de frente. Fue todo un logro animarse a ocupar el asiento del pasillo junto a ella en cada viaje, de lunes a viernes de ida y vuelta del trabajo, en los últimos cinco años.
Una vez carraspeó la garganta para llamar su atención. Pero la chica ni lo escuchó. Siempre leía el diario, de ida y vuelta, de lunes a viernes, durante los últimos cinco años. Otra vez, Archivaldo quiso ofrecerle una pastilla, pero se puso tan nervioso que en una frenada las mentitas rodaron por todo el colectivo. Ella, leía. Ni lo notó. Sigue leyendo