HERTA MIüLLER

El seco lirismo de Herta Müller

Tal vez algunos de ustedes recuerden a esta escritora rumana de lengua alemana, de cuando se realizó en Lima un encuentro internacional escritoras en donde ella participó (pueden ver la nota de José Güich en Caretas). Pues bien, aun cuando no la recuerden, creo que lo mejor que hay de narrativa para leer en este momento en librerías es el libro que, con gran ojo, El Virrey acaba de traer: En tierras bajas (Siruela, 2007). Sigue leyendo

Herta Müller

La escritora alemana de origen rumano Herta Müller ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2009, según ha anunciado hoy la Academia Sueca, que por primera vez ha retransmitido en directo por YouTube.com el fallo del jurado. El galardón, dotado con cerca de un millón de euros, reconoce en Müller su capacidad para describir “el paisaje de los desposeídos”.

En español están publicados sólo cuatro títulos de la autora: la novela breve “El hombre es un gran faisán en el mundo” y la colección de relatos “En tierras bajas” (ambos en Siruela), “La bestia del corazón” (Mondadori) y “La piel del zorro” (Plaza & Janés). Müller, muy poco conocida fuera de Centroeuropa, no contaba para nada en los pronósticos hace sólo diez días, pero sin embargo a comienzos de esta semana se coló en los primeros puestos en Ladbrokes, la casa de apuestas más célebre en este ámbito Sigue leyendo

PREMIO NOBEL DE LITERATURA Herta Müller: “El faisán rumano ha estado siempre más cercde mí que el faisán alemán” C Aguilera

Herta Müller: “El faisán rumano ha estado siempre más cerca de mí que el faisán alemán”

Carlos A. Aguilera
Traducción de Jorge A. Pomar
(Fragmento)
Herta_Muller
http://criticabuap.blogspot.com/2008/06/herta-mller-el-faisn-rumano-ha-estado.html
Con una boquilla color nácar, un abrigo de piel de conejo y una línea negra gruesa alrededor de todo el ojo aparece Herta Müller (Rumanía, 1953) en la puerta de la Literaturhaus de Berlin. Sus gestos, su ironía, su acento, delatan a esa persona que confiesa sentirse sobre todo rumana, “rumana antes que alemana”, aunque su idioma literario y materno sea el alemán, y que ha ganado algunos de los premios literarios más importantes que se conceden ahora mismo en Europa. Frau Müller —como invariablemente le digo— estudió Filología Germánica y Románica en la Universidad de Timisoara y, por su actividad política contra el gobierno de Ceaucescu en los años ochenta, fue elegida Representante de la Minoría Suaba en Rumanía, razón por la que tuvo que abandonar el país. De esto y de sus libros (algunos ya traducidos al español), de política y literatura, le digo, es que me gustaría preguntarle. Hace un gesto afirmativo con la cabeza y me sugiere hagamos primero el pedido. Empiezo a contar las mesas, a mirar hacia la ventana, a pensar en las nubes, la arquitectura, la gente. Aparece definitivamente el camarero. ¿Café? Frau Müller levanta uno de sus dedos largos y blancos. Café, responde. Café, respondo, e incrusto la grabadora en medio de nosotros. Sonrío. Sigue leyendo

Ana María Shua La Sueñera

Nació en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, el 22 de abril de 1951. Es Profesora en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires y trabajó como shuapublicista, periodista y guionista de cine.

En una nota autobiográfica, la autora cuenta sobre sus primeras lecturas:

“A los seis años alguien me puso en las manos un libro con un caballo en la tapa. Esa misma noche yo fui ese caballo. Al día siguiente ninguna otra cosa me interesaba. Quería mi pienso, preferiblemente con avena y un establo con heno limpio y seco. Nunca antes había escuchado las palabras pienso, avena, heno, pero sabía que como caballo necesitaba entenderlas. Durante una semana pude haber sido Black Beauty pero fui Azabache, en una traducción inteligente y libre. Fui caballo de tiro y caballo de alquiler, recibí latigazos, estuve a punto de morir, fui rescatado… y llegué a la última página. Entonces, con terrible dolor, volví a mi cuerpo y levanté la cabeza: el resto del mundo todavía estaba allí. ‘Deja eso que te va a hacer mal’, decía mi madre. ‘No se lee en la mesa’, decía mi padre. Entonces descubrí que podía volver a empezar. Y otra vez fui Azabache y otra vez y otra vez.

“Después descubrí que podía ser un pirata y muchos, y la ciudad de Maracaibo y ser hombre, manatí, horror o piedra. Lo que acababa de empezar en mi vida no era un hábito: era una adicción, una pasión, una locura.” (“Confieso que he leído”, publicado en Benjamín —Boletín de ALIJA—, N° 21, diciembre de 1999)

A los 16 años publicó su primer libro de poemas, El sol y yo. Como escritora se dedicó fundamentalmente a la narrativa y es autora de varios libros de cuentos y novelas, algunas de ellas llevadas al cine (Soy paciente y Los amores de Laurita). También escribió guiones para obras teatrales y es la autora del guión de la película Dónde estás amor de mi vida, que no te puedo encontrar.

Ana María Shua es una gran especialista en microrrelatos (o también llamados cuentos brevísimos), que son historias de apenas dos o tres líneas de extensión. Cuatro de sus libros pertenecen al género del cuento brevísimo: La sueñera, Casa de Geishas, Botánica del caos y Temporada de fantasmas.

Su vasta producción de libros para niños y jóvenes, la convirtió en un importante referente dentro de este género en la Argentina.

Varias de sus obras fueron traducidas a otros idiomas y recibieron premios nacionales e internacionales. En 2004 la Fundación Konex distinguió su trayectoria profesional con el Diploma al Mérito en la categoría “Cuento”, galardón que se otorgó a los escritores más destacados en los últimos diez años.

LA NOCHE DE LOS FEOS Bennedetti

      Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
FEOS      Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.
      Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos —de la mano o del brazo— tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas. Sigue leyendo