LA NADA Por Leonid Andreiev

Se estaba muriendo un alto dignatario, viejo, importante; un gran señor que tenía mucho apego a la vida. Era para él muy penoso morir; no creía en Dios ni comprendía porqué moría y lo dominaba el terror. Era horrible ver cómo sufría.
Su vida era grande, rica y llena de interés; su corazón y su cerebro estaban siempre Cura_Brochero_01preocupados y satisfechos. Pero estaban cansados, agotados, casi como todo su cuerpo por otra parte, que se iba enfriando poco a poco. Sus ojos y sus oídos, acostumbrados a ver y oír siempre lo bello, estaban igualmente cansados, y la alegría misma pesaba demasiado sobre su pobre corazón, harto trabajado. Cuando todavía no se estaba muriendo pensaba en la muerte; algunas veces con cierto placer. Se decía que le daría el reposo, que le libraría de todos aquellos abrazos, muestras de estimación y relaciones que tanto le fastidiaban. Sí, lo pensaba con placer; pero ahora, estando a punto de morir, sentía que un horror indescriptible penetraba en su alma. Sigue leyendo

VALS CAPRICHO Rosario Castellanos


 

Despierto de pronto en la noche pensando en el Extremo Sur.

 

Pablo Neruda

La palabra señorita es un título honroso. . . hasta cierta edad. Más tarde empieza a pronunciarse con titubeos dubitativos o burlones y a ser escuchada con una oculta y doliente humillación.

Peor todavía cuando se tiene el oído sensible como en el caso de Natalia Trujillo. Tan sensible que sus padres la consagraron al aprendizaje de la música, medida nunca lo suficientemente alabada. Porque en su juventud Natalia era la alegría de las reuniones, la culminación de las veladas artísticas, el pasmo de sus coterráneos. Por toda la Zona Fría andaba la fama de su virtuosismo para ejecutar los pasajes más arduos en que los compositores volcaron su inspiración. Y esta proeza era más dmulutadmirable si se consideraba la pequeñez de unas manos que abarcaban, apenas, una octava del teclado.

Era un privilegio —y una delicia— ver a Natalia acercarse al piano, abrirlo con reverencia, como si fuera la tapa de un ataúd; retirar, con ademán seguro, el fieltro que protegía el marfil; toser delicadamente, asegurarse el mono, probar los pedales, despojarse con primor de las sortijas y adoptar una expresión soñadora y ausente. Tal especie de rito era el preludio con que se lanzaba al ataque de la pieza suprema de su repertorio: el vals “capricho” de Ricardo Castro. Sigue leyendo

ROSARIO CASTELLANOS

Nació en la ciudad de México el 25 de mayo de 1925, y murió en Tel Aviv, Israel, el 7 de agosto de 1974. Recién nacida fue llevada a Comitán, Chiapas, la tierra de sus mayores. Ahí hizo sus estudios primarios y dos de secundaria. Regresó a la capital a los dieciséis Rosario%20Castellanos_0002años. Se graduó de maestra en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1950; más tarde, en la Universidad de Madrid, llevó cursos de estética y estilística. A su regreso a México fue promotora de cultura en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, en Tuxtla Gutiérrez (1952). De 1954 a 1955, con la beca Rockefeller escribió poesía y ensayo. De 1956 a 1957, trabajó en el Centro Coordinador del Instituto Indigenista de San Cristóbal las Casas, en Chiapas; en el Indigenista de México, de 1958 a 1961, fue redactora de textos escolares. De 1961 a 1966 desempeñó la jefatura de Información y Prensa en la UNAM, bajo el rectorado del doctor Ignacio Chávez, e impartió las cátedras de literatura comparada, novela contemporánea y seminario de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad, de 1961 a 1971. Ejerció con gran éxito el magisterio, en México y en el extranjero; en los Estados Unidos como maestra invitada por las Universidades de Wisconsin y Bloomington, los años de 1966 y 1967, y en Israel, en la Universidad Hebrea de Jerusalem, desde su nombramiento como embajadora de México en ese país, en 1971, hasta su muerte. Sigue leyendo

INÉS ARREDONDO ENTREVISTA

Inés Arredondo: el presentimiento de la verdad

Miguel Ángel QuemainFotografía: Alfredo Rosas Martínez

“Quisiera llevar el hacer literatura a un punto
en el que aquello de lo que hablo no
fueran historias sino existencia, que tuvieran
la inexpresable ambigüedad de la existencia”.
Inés Arredondo

Decía Hegel que la vida del espíritu no es la vida que se asusta ante la muerte y se mantiene libre de la desolación sino la que sabe afrontarla y mantenerse en ella en el absoluto desgarramiento. Esa es la imagen sútil, duradera y vigorosa que tengo de Inés Arredondo y su literatura. Ambas poderosas y libres.

Conocí a Inés Arredondo (Culiacán, Sinaloa, 1928, México, D.F., 1989) cuando publicó su tercer libro de cuentos: Los espejos (1988). Para entonces, sólo conocía los cuentos reunidos en Río subterráneo (1979), apenas doce historias que repetía y leí con los amigos más cercanos. El ejercicio periodístico me permitió el acercamiento y ella me favoreció con su amistad. La entrevista y el diálogo se multiplicaron. Unas veces por teléfono y otras en su casa. La objetividad de una entrevista se veía comprometida cada vez más por las confesiones personales, con opiniones que sólo pertenecían al dominio del gusto y que jamás hubiera expresado en público. Sigue leyendo

AÑO NUEVO Inés Arredondo

Estaba sola. Al pasar, en una estación del metro de París vi que daban las doce de la noche. Era muy desgraciada; por otras cosas. Las lágrimas anakarcomenzaron a correr, silenciosas.

Me miraba. Era un negro. Íbamos los dos colgados, frente a frente. Me miraba con ternura, queriéndome consolar. Extraños, sin palabras. La mirada es lo más profundo que hay. Sostuvo sus ojos fijos en los míos hasta que las lágrimas se secaron. En la siguiente estación, bajó.

ORFANDAD INÉS ARREDONDO

A Mario Camelo Arredondo

Creí que todo era este sueño: sobre una cama dura, cubierta por una blanquísima sábana, estaba yo, pequeña, una niña con los brazos cortados arriba de los codos y las piernas cercenadas por encima de las rodillas, vestida con un pequeño batoncillo que descubría los cuatro muñones.
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La pieza donde estaba era a ojos vistas un consultorio pobre, con vitrinas anticuadas. Yo sabía que estábamos a la orilla de una carretera de Estados Unidos por donde todo el mundo, tarde o temprano, tendría que pasar. Y digo estábamos porque junto a la cama, de perfil, había un médico joven, alegre, perfectamente rasurado y limpio. Esperaba.

Entraron los parientes de mi madre: altos, hermosos, que llenaron el cuarto de sol y de bullicio. El médico les explico:

-Sí, es ella. Sus padres tuvieron un accidente no lejos de aquí y ambos murieron, pero a ella pude salvarla. Por eso puse el anuncio, para que se detuvieran ustedes. Sigue leyendo

FELISBERTO HERNÁNDEZ

Uruguayo, nacido en Montevideo. Narrador y pianista. Es quizá el exponente más brillante de la literatura fantástica de su país, y a juicio de los criticos comparte con Borges la primacia de ese género en la literatura ioplatense Las aventuras de un pianista paupérrimo, en quien el sentido de lo cómico transfigura el amargor de una vida amasada con derrotas, son el primer apunte del que parten los cuentos del uruguayo Felisberto Hernández (1902-1964). Basta con que se ponga a narrar las pequeñas miserias de una existencia transcurrida entre orquestinas de café en Montevideo y giras de conciertos por pueblitos provincianos del Río de la Plata para que en las páginas se acumulen gags, alucinaciones y metáforas en los que los objetos cobran vida como personas. Pero éste es sólo el punto de partida. Lo que desata la fantasía de Felisberto Hernández son las inesperadas invitaciones que abren al tímido pianista las puertas de misteriosas casas, de quintas solitarias donde moran personajes ricos y excéntricos, mujeres llenas de secretos y neurosis. Sigue leyendo

LA MIRADA EXTRAÑA CLAUDIA KALÁSZ Y Herta Müller

CRÍTICA LITERARIA Y PROFESORA
EN TIERRAS BAJAS, EL HOMBRE ES UN GRAN FAISÁN EN EL MUNDO
Trad. de Juan José del Solar Siruela, Madrid, Trad. de Juan José del Solar Siruela, Madrid

A veces ocurre lo inesperado. Sin que ningún aniversario u otros motivos externos lo pidieran, Siruela acaba de relanzar dos de los libros gracias a los cuales Herta Müller (Nitzkydorf, Rumanía, 1953) se consagró, hace más de veinte años, como una de las más poderosas escritoras de la joven literatura rumana en lengua alemana. Desde que la autora, en 1987, se refugiara en Alemania como disidente del régimen de Nicolau Ceaucescu, el mapa político de Europa ha cambiado radicalmente. Esta segunda oportunidad que se nos brinda para conocer unos relatos inscritos en la atmósfera anodina de una dictadura que ya no existe puede refrescarnos la memoria, pero puede también poner de manifiesto –desde la distancia– las técnicas de intensificación de las que dispone esta autora para convertir experiencias personales en literatura, es decir, en experiencias que no caducan. Toda la maestría de su lenguaje denso y preciso se encuentra ya en estas primeras creaciones de una obra coherente que a lo largo de los años fue ampliándose, a un ritmo pausado pero constante, con novelas, ensayos y poemas, galardonados con múltiples premios. Herta Müller, que actualmente reside en Berlín, se mantuvo fiel a su particular manera de escribir acerca de Rumanía durante y después de la dictadura, y acerca de los conflictos más recientes en los Balcanes, así como de ciertas idiosincrasias alemanas y occidentales en general. Esta constancia no fue apreciada por todo el conjunto de la crítica alemana que, habiendo aclamado inicialmente a la disidente, más adelante no le perdonaba su falta de adaptación a argumentos más centrados en su país de acogida. De modo que Herta Müller se convirtió en una de las grandes escritoras alemanas sin repercusión mediática. No regirse por las modas literarias confiere aún más mérito a la ree­di­ción española en la intachable versión de Juan José del Solar. Sigue leyendo

MÜHERTA MüLER El Bache

aquí un relato de “El hombre es un gran faisán en el mundo”

http://soledadfelloza.com/la-caja/?p=2145

El Bache

EN torno al monumento a los caídos han crecido rosas.Forman un matorral tan espeso que asfixian la hierba. Son flores blancas y menudas, enrolladas como papel. Y crujen. Está 1232537d1241258727-nuevo-ruton-en-pag-87-tagavalanche-1-de-mayo-la-esencia-mas-pura-y-cruda-del-bicicleta-todo-terreno-p1120777amaneciendo. Pronto será de día.Cada mañana, cuando recorre en solitario la carretera.que lleva al molino, Windisch cuenta qué día es.
Frente al monumento a los caídos cuenta los años.Detrás de él, junto al primer álamo donde su bicicleta cae siempre en el mismo bache, cuenta los días. Por la tarde cuando cierra el molino, Windisch vuelve a contar los días y los años.
Ve de lejos las pequeñas rosas blancas, el monumento a los caídos y el álamo. Y los días de niebla tiene el blanco de las rosas y el blanco de la piedra muy pegados a él cuando pasa pedaleando por en medio. La cara se le humedece y él pedalea hasta llegar. Dos veces se quedó en pura espina el matorral de rosas, y la mala hierba, debajo, parecía herrumbrada. Dos veces se quedó el álamo tan pelado que su madera estuvo a punto de resquebrajarse. Dos veces hubo nieve en los caminos.
Windisch cuenta dos años frente al monumento a los caídos, y doscientos veintiún días en el bache, junto al álamo.
Cada día, al ser remecido por el bache, Windisch piensa: «El final está aquí». Desde que se propuso emigrar ve el final en todos los rincones del pueblo. Y el tiempo detenido para los que quieren quedarse.y Windisch ve que el guardián nocturno se quedará ahí hasta más allá del final.
Y tras haber contado doscientos veintiún días y ser remecido por el bache, Windisch se apea por primera vez. Apoya la bicicleta contra el álamo. Sus pasos resuenan. Del jardín de la iglesia alzan el vuelo unas palomas silvestres. Son grises como la luz. Sólo el ruido permite diferenciadas.
Windisch se santigua. El picaporte está húmedo.Se le pega en la mano. La puerta de la iglesia está cerrada con llave. San Antonio está al otro lado de la pared. Tiene un lirio blanco y un libro marrón en la mano. Lo han encerrado.
Windisch siente frío. Mira a lo lejos. Donde acaba la carretera, las olas de hierba se quiebran sobre el pueblo. Allí al final camina un hombre. El hombre es un hilo negro que se interna entre las plantas. Las olas de hierba lo levantan por encima del suelo.