ENTRE AMAZONAS EMILIANO PÉREZ CRUZ

No se le ocurrió a Fidel -aunque a él le quien interesaba llegar temprano a su trabajo- sino a Evelia, su mujer. Por lo general salían, ella descendía en la estación del metro Pino Suárez y transbordaba hacía la estación Allende, luego caminaba por la calle de Tacuba hasta la tienda de ropa íntima donde era empleada de mostrador.

Fidel tenía que ir hasta el metro Tacubaya, transbordar y bajarse en San Antonio, marcar tarjeta antes de entrar al supermercado y mujeres_metrocumplir las horas de rigor para ganar el salario.

Pero más que otras veces, el insomnio hizo presa a su persona; en reiteradas ocasiones el jefe de personal amenazó con despedirlo si continuaba llegando tarde. Cómo tardaba en acudir a los llamados de Evelia para que despertara, se diera un baño mientras ella arreglaba a los chiquillos, y los llevaba a casa de su madre para que los mandara a la escuela. Regresaba y Fidel apenas estaba en la primera enjabonada. Sigue leyendo

EMILIANO PÉREZ CRUZ BIOGRAFÍA BREVE

Mexicano nacido en la capital. Inició la carrera de periodismo en la UNAM en 1974. Después de trabajar en el periodismo fue nombrado profesor de tiempo emilianopccompleto y director de publicaciones de la Universidad de Sonora (1983-1985), donde fundó la colección “Los papeles de Lupe Fusiles”, el periódico mural Vientos y el quincenario Unísono. Ha ganado mención honorífica en varios concursos de cuentos y en 1979 fue nombrado por el Estado de México cronista honorífico de Ciudad Nezahualcóyotl. Sus cuentos han aparecido en varias antologías y revistas. Tres de los cuentos se publicaron en el tomito Tres de ajo de la serie “Los libros del fakir” de la Editorial Oasis. “Todos tienen premio, todos” se publicó en 1980 en la antología de Gustavo Sainz Jaula de palabras.

FUENTE: SEYMOUR MENTON
El Cuento Hispanoamericano

TODOS, TODOS TIENEN PREMIO ANÁLISIS

Lo que más llama la atención en este cuento es la autenticidad de estilo que corresponde a la edad y a la condición social del narrador. Las frases son breves y bruscas. Sin embargo, hay que constatar que a manera de Juan Rulfo, no se transcribe la fonética dialectal y tampoco se incluyen muchos vocablos de caló.
Saltando de un tema a otro sin la menor emoción, el narrador capta muy bien en sólo cinco páginas la llamada cultura de la pobreza a la Osear Lewis en la nueva ciudad de Nezahualcóyotl al este del aeropuerto de la capital. Sigue leyendo

TODOS TIENEN PREMIO, TODOS EMILIANO PÉREZ CRUZ

TODOS TIENEN PREMIO, TODOS
EMILIANO PÉREZ CRUZ

A la memoria del Jerry

Ella era bella y era buena.
Él era dulce y era triste.
Murieron del mismo dolor.
Perdónalos,
Perdónalos,
Perdónalos, Señor!

Pablo Neruda

Nadie me comprende. Por eso prefiero refugiarme aquí. Sí, aquí hay buenas compañías. El Maistro nunca me dice nada y deja que me lleve las revistas a mi casa, aunque tengo que esconderlas. Todos son mentirosos, pero tengo periodiqueromuchísimos amigos: Tarzán, Batman, Supermán, Lulú… Todos ellos me gustan. Otros no, son para niños tontos. ¡Rolando el Rabioso! Es el que más me encanta. Otro poco, los Supersabios.
El Maistro es muy buena gente. Tampoco tiene amigos. Yo lo acompaño a traer los periódicos a la calle de Bucareli. Antes de tomar el camión nos sentamos un rato a ver cómo la niebla empieza a levantarse y el sol pinta de colores las nubes. Luego, cuando tenemos los paquetes, vamos a tomar atole y tamales calientitos frente a la iglesia de La Santísima. Sigue leyendo

UN HADA EN MIS SUEÑOS RENÉ AVILÉS FAVILA

 

UN HADA EN MIS SUEÑOS

 

René Avilés Fabila

En mi sueño, esa hermosa mujer, alta y esbelta, de sedoso cabello negro, misteriosa, acepta mi conversación. Hablamos de pintura. Al poco tiempo hacemos el amor. Luego, en un edificio extraño, bajamos por unas escaleras eléctricas muy largas. Avanza más rápido que yo. En la medida en que se aleja de mí presiento peligro y trato de alcanzarla. Entre nosotros hay dos jóvenes, uno saca el revólver y le dispara; la mujer cae al suelo e inútilmente trato de auxiliarla. El otro tipo también la balea. La sostengo en mis brazos y veo cómo desaparecen los criminales. Al despertar sé que ella me amaba y la echo de menos, necesito verla. No quiero averiguar por qué la mataron, tampoco siento ningún deseo de venganza. Tan sólo aguardo con ansiedad las noches para dormir y estar en posibilidades de soñar con la enigmática mujer, evitar que la asesinen y de tal forma extender nuestra pasión, que fue violenta y que fue dulce.

LAS COSAS NUNCA SALEN COMO UNO QUISIERA RAÚL BRAZCA

culpa de mi socio. Fue él quien se fijó primero en ella. Acabábamos de almorzar y yo me había demorado adentro del boliche esperando la cuenta. Salí, y lo vi siguiendo a una chica por la mitad de la cuadra. Ella no le llevaba el apunte, seguro que le decía las mismas bestialidades de siempre, es un animal. Apuré el paso y los alcancé. A mí me gusta decir piropos y la chica estaba muy bien, al menos de atrás. No recuerdo qué fue lo que le dije, algún elogio. A esta altura, lo primero que me despierta una piba de veinte es admiración y se lo mujer acostada de espaldadigo. No es que ande buscando programa, lo hago de puro vicio, aunque si se da. El caso es que ella me miró y me hizo una sonrisa larga; quiero decir que siguió sonriendo después de verme la calva y la ropa de trabajo manchada de grasa. Me quedé medio cortado por la sorpresa. “Andá que está con vos”, dijo mi socio dándome con el puño en los riñones.

Una vez que empecé, me fue fácil. Ella no se hizo rogar para hablarme y cuando la invité a tomar algo dijo que sí enseguida. Nos sentamos a una mesa junto a la ventana. Ella hablaba sin parar y me miraba continuamente a los ojos como Sigue leyendo

LOS JUEVES MÓNICA LAVÍN

No debí hacerlo. No pude evitarlo, me bastaba verlos entrar con ese paso excitado y cauteloso: ella con el cuerpo garboso y las piernas largas y bien formadas, él, esbelto, con la mirada protegida por los lentes oscuros y el brazo asido a la cintura de la mujer. Yo los espiaba por el pasillo oscuro, tras la puerta entornada de otra habitación, y sentía alivio cuando después de los pasos sigilosos verificaba que eran los mismos. Los del jueves a las cinco de la tarde, los de la habitación 39. Esa repetición semanal me reconfortaba. En el torbellino de los encuentros pasajeros que atestiguaba todas las tardes, éste hilvanar jueves tras jueves con puntadas de amor y deseo exhalaba continuidad. Quién pudiera como ellos robarle unas horas a la tarde, una tan solo, y encontrar cierta dulzura entre unos brazos. Quién Rosa-coralpudiera olvidarse del Chino, de Nachito y la Lola, de los frijoles hirvientes y, con las piernas enfundadas en medias suaves, dejarse recorrer las pantorrillas y los muslos con el interés de quien mide y palpa las formas; quién pudiera ser objeto de deseo respondido y consumado. Antes ni pensaba esto, ni siquiera me veía las piernas, sólo servían para llevar mi andar por todos sitios. Ni con las inacabables parejitas que deambulaban por estos pasillos, sofocando sus gemidos tras las puertas cerradas, había hecho yo conciencia de mi abandono. Ahora sabía que tener marido no era ningún consuelo. Sigue leyendo

CRUZAN LA PLAZA MÓNICA LAVÍN

 

CRUZAN LA PLAZA

 

Pero ahora el tiempo corrió más pronto,
adelgazando sus últimas horas.
(Viaje a la semilla, de Alejo Carpentier)

Mónica Lavín

 

Un hombre y una mujer cruzan la plaza. Van tomados de la mano. Es de noche en una ciudad ajena, hace sólo unos instantes que las manos se encontraron, y así el andar uno al lado del otro, pareciera un proceder familiar. Apenas se amigos+dia del amigo+amistad+tomados de la manoconocen, dos días hay en su haber, y es tan dulce y desesperado ese cruzar la plaza tomados de la mano que es de pronto esperanza como final. ¿Qué hay en esa toma que se repite una y otra vez? Entran a la plaza como a un ruedo; caminan altivos, las manos entrelazadas, orgullosos de poseerse en ese espacio anónimo y solitario de la ciudad. Y aunque sólo se estrujan las manos, la posesión de los más callados anhelos ha quedado atrapada entre sus palmas, soltarse es impensable, soltarse es comenzar la despedida. Un hombre y una mujer con abrigo cruzan la plaza: poderosa estampa que destapa futuros inciertos y abismos no invocados.

En la discoteca las sillas están puestas sobre las mesas, alguien barre y la música ha cesado. Sigue leyendo

ORO FELIPE GARRIDO

ocaso-1024x768Toña abrió la puerta de la cocina y entraron a un tiempo la tarde dorada, la lluvia en sordina y el aroma del pato en salsa de mango y tejocote. Las primas memoriosas se quedaron con la boca abierta y los brazos en alto. Martín echó hacia atrás el copete rubio y se volvió a vernos, divertido con el asombro que cada quien iba poniendo.

-Parece de oro exclamó Fermín, arrodillado en la silla para vigilar cómo la tía Celia cubría el muslo en turno con la bendición de la salsa.

-Hoy todo es de oro- dijo la Beba mientras se servía tepache, desde muy alto para que espumara.

-Házmela buena- gruñó el Nene, que andaba urgido de fondos.

Toña apareció de nuevo, con la ensalada de yemas. La tía Martucha le abrió espacio en la mesa y la aderezó con aceite y azafrán. Antes de servirle a Fermín, rebañó la vertedera con un pedacito de pan. Sigue leyendo

FIN DE LA FIESTA Felipe Garrido

 

Soñó la agonía que siempre había soñado. Estar desnudo y solo. En la orilla del mar. Morir de día. Cubierto por la sombra de las olas. Hundirse bajo el vacío de un cielo sin tacha.

imagesAbrió los ojos y vio al médico que regulaba el goteo en la botella de suero. La mancha opaca de la lámpara. Una sombra proyectada en el techo por alguien que estaba de pie al lado de la cabecera. Escuchó una risa en el pasillo o detrás de algún muro.

Dejarse arrastrar por el viento, como la arena seca. Sentir el peso de una mirada antigua. Aguzar en la memoria una imagen final. Abrir la boca para morder un tumbo de sal.

Debajo de la lengua sintió un resabio metálico. Con un tirón de la cabeza se arrancó una de las sondas que le entraban por la nariz. Empleó lo último de sus fuerzas en volverse hacia la pared.