El SACERDOTE WILLIAMS FAULKNER

 

El sacerdote

      Había casi terminado sus estudios eclesiásticos. Mañana sería ordenado, mañana alcanzaría la unión completa y mística con el Señor que apasionadamente había deseado. Durante su estudiosa juventud había sido aleccionado para esperarla día tras día; él había tenido la jardinesperanza de alcanzarla a través de la confesión, a través de la charla aquellos que parecían haberla alcanzado; mediante una vida de expiación y de negación de sí mismo hasta que los fuegos terrenales que lo atormentaban se extinguieran con el tiempo. Deseaba apasionadamente la mitigación y cesación del hambre y de los apetitos de su sangre y de su carne, los cuales, según le habían enseñado, eran perniciosos: esperaba algo como el sueño, un estado que habría de alcanzar y en el cual las voces de su sangre serían aquietadas. 0, mejor aún, domeñadas. Que, cuando menos, no lo conturbaran más; un plano elevado en el que las voces se perderían, sonarían cada vez más débiles y pronto no serían sino un eco carente de sentido entre los desfiladeros y cumbres mayestáticas de la Gloria de Dios. Sigue leyendo

VIDA DE MAMÁ PARKER KATHERIN MANSFIELD

Vida  de  mamá  Parker

Cuando el literato a quien la vieja mamá Parker le limpiaba el departamento todos los martes le abrió la puerta esa mañana, le preguntó por su nieto. Mamá Parker permaneció de pie sobre el felpudo en la entrada pequeña y oscura, y extendió la mano para ayudar a su señor a cerrar la puerta antes de contestar.

wuawua-Lo enterramos ayer, señor -dijo serenamente.

-¡Dios mío! Lo siento mucho-dijo el literato en tono contrariado. Estaba en la mitad del desayuno. Llevaba una bata muy gastada y tenía un diario arrugado en una mano. Pero se sentía incómodo. No podía volver a la sala acogedora sin decir algo… algo más. Luego, considerando que esta gente daba tanta importancia a los funerales, dijo amablemente: – Espero que el funeral haya salido bien.

-¿Cómo dijo, señor? -preguntó la vieja Mamá Parker con voz ronca.

¡Pobre pajarraco viejo! Parecía verdaderamente deshecha. Sigue leyendo