INÉS ARREDONDO


Esta mirada, en un caso, hace posible la existencia; y en otro la condena. La niña mutilada sueña con ser reconocida, con existir para alguien; la mirada del negro es una mirada que reivindica todo, que hace posible la existencia y el consuelo. Los personajes de Arredondo logran encontrarse plenamente gracias a la coincidencia de las miradas: el poder de la mirada de reconocimiento es necesario para la existencia. La misma Inés declara acerca de la mirada:

[…] es la expresión más significante del ser humano. Casi podría decir que atraparlas, describirlas, es una de las necesidades básicas de mi temática. No olvides que “los ojos son las ventanas del alma”. Y mi necesidad es la de encontrar y tratar de comprender almas, aunque para ello tenga que recurrir, a veces, al oficio menor de describir caracteres. Creo que si uno no es mirado, es decir reconocido, no puede tener más que una realidad amorfa.

Guardiana de lo prohibido. Los cuentos y las palabras de Inés son como un retén que evita la traición, la venganza, la enfermedad, el suicidio, el abandono, la mutilación, la muerte y la locura. De sus cuentos se desborda el Río subterráneo reprimido que todos llevamos dentro y que corre el riesgo de desbordarse en cualquier momento.

Existe una tercera mirada en juego, la del lector. Miradas que se suceden increíblemente como dos espejos contrapuestos, nuestra mirada y la de Inés; la de los personajes y la autora; y la más importante, desde luego: la mirada en donde nos reconoceremos a nosotros mismos.

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