TABUCCHI CONVERSACIONES


“Prefiero no participar en los congresos, que me parecen detestables. Los escritores que participan en ellos acuden desde todos los rincones del globo para intercambiarse banalidades y lugares comunes y volver a sus casas tras haber tabucchiparticipado en banquetes solemnes y grandes comilonas. Evidentemente, si me apetece conocer a un escritor, no se me ocurre esperar nunca hasta coincidir con él en un congreso, porque es el lugar menos indicado para ello: en un congreso el escritor es un simulacro de sí mismo… Durante los congresos, los escritores parecemos todos idiotas, hasta el punto de que uno se pregunta cómo es posible de que estas personas hayan sido capaces de escribir un libro”.

“El problema es que hoy en día la crítica literaria se ha convertido en una profesión y no se puede ser un buen crítico si no se posee también la vocación. Esos críticos de oficio, pagados por su trabajo y basta, leen sin ningún impulso, sin estímulo o interés alguno, mientras que para ser crítico hace falta pasión, como para la escritura. Y esto sucede en todas partes: incluso los mejores periódicos pueden elegir a un crítico arrogante cualquiera que rellene un par de hojas con sus “agudezas”. Un amigo mío escritor, hablando con un crítico, decía acerca de las relaciones entre críticos y escritores: “¿Qué sería de nosotros si no existierais vosotros?”, y a continuación añadía: “Pero ¿qué sería de vosotros si no existiéramos nosotros?” Y si me pregunto cuál de los dos grupos tiene más necesidad del otro, creo que la respuesta está clara porque mientras el escritor posee además a sus lectores, que lo leerían incluso sin la mediación de los críticos, estos dependen de los escritores para existir”.

“En mi opinión, la única obligación del escritor es la de escribir sus obras; no debe, por lo tanto, dedicarse a nada más de manera estable y continuada, se trate de lo que se trate: política, espectáculo, televisión, etcétera. El escritor se expresa a sí mismo y enriquece el mundo sólo a través de la escritura y su deber es dedicarse a ella. Luego, naturalmente puede tener sus aficiones dominicales: coleccionar sellos, pintar a ratos perdidos, tocar el violín, etcétera. Con ello no quiero decir que el artista tenga que encerrarse en su torre de marfil. El “compromiso” de todo artista consiste en decir la verdad acerca de sus sentimientos. No se puede escribir`por una toma de posición previa o por obligación social. Hay muchísimos escritores que hablando únicamente de sí mismos han revelado un compromiso formidable porque lo han hecho con extrema sinceridad y convicción. Esos son los grandes compromisos del escritor, la convicción y la sinceridad”.

De Conversaciones con Antonio Tabucchi
Carlos Gumpert

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