Y DESPUÉS DEL AMOR H LARA ZABALA

Luego de muchos años de no verse se encontraron un día por casualidad.
Los dos habían ido solos a la exposición de una amiga común.
Se miraron sin saludarse.
Él iba vestido con esa mezcla rara de informalidad y refinamiento que la mayor parte de la gente considera como evidencia de una vida excéntrica;
ella llevaba un vestido escotado de terciopelo negro, evidencia de una clase social privilegiada. Cada quien recorrió la galería por su parte observando los lienzos. A la hora del brindis, él se acercó a ella y le propuso:

-Vámonos. Te invito una copa.

Se pusieron de acuerdo. Salieron juntos.
Ya estaban sentados en el bar de un hotel de la ciudad, ambos bebiendo whisky, cuando él preguntó sin mayor preámbulo:

-¿Y qué fue de nuestro amor? Sigue leyendo

JORGE IBARGÜENGOITIA

Trabajo basado en la tesis profesional de Alfredo Báez del Castillo

Grandes escritores han cambiado el cálculo por la pluma “Como Fedor Dostoievski, como Nicolás Garín, como Max Frisch, como Boris Vian, (…) como Enrique Krauze” y como el propio Vicente Leñero “Jorge Ibargüengoitia (Antillón) pensó dedicar su vida al estudio y a la práctica de la ingeniería, pero encandilado por la literatura terminó cambiando los números por las letras. Lo hizo cuando llevaba tres años en la Facultad de Ingeniería de la UNAM aparentemente convencido de que la vida real eran los puentes, los caminos vecinales. Los primeros años de su vida privada se pueden recopilar mediante sus propios textos. Tanto en los cuentos eminentemente autobiográficos publicados bajo el título de La Ley de Herodes, como en varios textos aparecidos en su columna, tanto en Excélsior, como en las revistas Vuelta y Proceso. Dejemos que el propio Ibargüengoitia nos diga de sí mismo: “Nací en 1928 (el 22 de enero) en Guanajuato, una ciudad de provincia que era entonces casi un fantasma. Mi padre y mi madre duraron veinte años de novios y dos de casados. Cuando mi padre murió yo tenia ocho meses y no lo recuerdo. Por las fotos deduzco que de él heredé las ojeras (…) Al quedar viuda, mi madre regresó a vivir con su familia y se quedó ahí. Cuando yo tenia tres años Sigue leyendo