LA LAGUNA DEL ” NO ME GUSTA” MA INÉS FALCONI


A los habitantes de la Laguna del “No me gusta”, nunca les gustaba nada.

 Era una laguna poblada de bichitos malhumorados: había sapos caprichosos, ranas con rabietas, caracoles con caras largas y patos con pataletas.

A ellos, todo les parecía mal. Vivían trompudos y pataleando el suelo.

 Si salía el sol, protestaban:

 – ¡Ufa! ¡El sol!…-decían las ranas con rabietas.

– ¡No me gusta el sol!- rezongaban los sapos caprichosos.

-El sol me aburre…-se quejaban los caracoles con caras largas.

-Que llueva, mejor- pedían los patos haciendo pataletas.

Y ahí se armaba la chinche, el berrinche y el bochinche.

Entonces, el sol se iba para que empezara a llover. Pero en cuanto llovía, volvían a protestar:

– ¡Ufa! ¡Llueve!…- decían las ranas con rabieta.

– ¡No me gusta la lluvia!- rezongaban los sapos caprichosos.

-La lluvia me aburre…-se quejaban los caracoles con caras largas.

-Que salga el sol mejor- pedían los patos haciendo pataletas.

Y otra vez se armaba la chinche, el berrinche y el bochinche.

Entonces la lluvia se iba para que saliera el sol.

Si era de día, querían que fuera de noche, y se era de noche, querían que fuera de día.

Lo que más se escuchaba, lo que siempre se escuchaba, lo único que se escuchaba era: “No me gusta, no me gusta y no me gusta”.

De tanto hacer berrinche, los bichitos de la laguna ya no sabían cómo se saltaba de alegría, ni cómo era aquello de reírse a carcajadas, y mucho menos, cómo se gritaba: ¡Bien!!! ¡Iupi!!! ¡Hurra!!!!

Pero un día, el sol se enojó de ser siempre tan mal recibido, así que se metió atrás de las nubes y se quedó ahí, acurrucado y trompudo, sin salir ni siquiera a ver qué pasaba. La luna se copió, y también las estrellas, y hasta la lluvia dejó de caer.

Ahí se quedaron todos: escondidísimos detrás de las nubes.

Por la mañana, cuando los bichitos de la laguna se despertaron, vieron todo nublado.

– ¡Ufa! ¡Las nubes!…- dijeron las ranas con rabieta.

-No me gustan las nubes -rezongaron los sapos caprichosos.

-Las nubes me aburren… -se quejaron los caracoles con caras largas.

-Que salga el sol mejor- pidieron los patos haciendo pataletas.

Y como siempre se armó la chinche, el berrinche y el bochinche.

Pero las nubes no se fueron, y el sol no salió.

Ni esa noche salió la luna, ni al día siguiente llovió: las nubes un día, y las nubes el otro.

Los paraguas se empezaron a llenar de plantitas, porque nadie los usaba; las ranas se olvidaron de cantar, porque no había luna; los caracoles no podían sacar sus cuernos al sol, porque no salía, ni las lombrices hacer pocitos en la tierra porque estaba muy dura; y hasta los patos se olvidaron de nadar.

Los bichitos se pasaban el día sentados, sin saber a qué jugar, mirándose y mirando al cielo, y volviéndose a mirar.

Lo único que se escuchaba era “No me gustan las nubes”…Sólo que esta vez, lo decían muy en serio y sin berrinches.

Hasta que un día, una rana que raspaba la tierra seca con la pata, miró al cielo, abrió la bocaza, y en vez de decir “no me gustan las nubes”, le salió un:

-¡Me gustaría tanto que saliera el sol!…-con suspiro y todo.

Y el sol, que la escuchó, se asomó un poquito para oír mejor.

Apenas lo vieron, los habitantes de la laguna se pusieron a saltar de alegría, como hacía tiempo que no saltaban.

– ¡¡¡Bien!!! ¡¡¡El sol!!!! -gritaban las ranas contentísimas.

– ¡Me encanta el sol! -aplaudían los sapos entusiasmados.

– ¡El sol me divierte! -se reían los caracoles a carcajadas.

– ¡Que se quede! ¡Que se quede! -pedían los patos a los saltos.

Y siguieron saltando y festejando hasta la noche, en que apareció la luna, y le cantaron para darle la bienvenida.

Esa noche se fueron a dormir cansados pero muy contentos, porque sabían que cuando se despertaran iba a salir el sol otra vez, y después la luna y las estrellas, y a lo mejor, la lluvia también, y que todo eso… SÍ, LES GUSTABA.

Y entre tanto salto, bailecito y carcajada, se fueron olvidando del “no me gusta”, de las pataletas y de los berrinches.

Sólo se guardaron un “no me gusta” muy serio, para cuando algo, muy en serio, no les gustaba.

Eso sí: tuvieron que cambiarle el nombre a la laguna.

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2 comentarios

  1. que veneficios da cambiarle el nombre

  2. ¿Acaso no es el nombre de tan bello cuento? Con gusto lo cambio … un abrazo Rub


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