ÁNGELES MASTRETTA DE SU LIBRO «MUJERES DE OJOS GRANDES»

Tía Pilar y tía Marta se encontraron una tarde varios años, hijos y hombres después de terminar la escuela primaria. Y se pusieron a conversar como si el día anterior les hubieran dado el último diploma de niñas aplicadas.

La misma gente les había transmitido las mismas manías, el mismo valor; los mismos miedos. Cada una a su modo había hecho con todo eso algo distinto. Las dos de sólo verse descubrieron el tamaño de su valor y la calidad de sus manías, dieron todo eso por sabido y entraron a contarse lo que habían hecho con sus miedos.

La tía Pilar tenía los mismos ojos transparentes con los que miraba el mundo a los once años, pero tía Marta encontró en ellos el ímpetu que dura hasta la muerte en la mirada de quienes han pasado por un montón de líos y no se ha detenido a llorar una pena sin buscarle remedio. Seguir leyendo