AMOR PLATÓNICO DE ANDREA BENAVIDEZ


Una de mis queridas amigas llevaba un tiempo pensando en mudarse de provincia. Al fin lo ha decidido y ha tomado un trabajo nuevo en una administración de fincas. —Como es parte de la ficción adjudicarle una profesión al personaje, ella no tiene problemas para conseguir trabajo. En Francia tampoco lo tendría, pero ella quiere vivir en Latinoamérica porque allí la vida es ¿cómo decirlo?, más intensamente vivida. No hay día que no merezca la pena porque nunca se sabe si habrá otro igual, u otro, a secas—.

Además de querer mudarse de provincia, de trabajo y no de nación, ella estaba manteniendo un romance con un hombre que vivía en un barrio que quedaba a diez manzanas de su casa. El romance era todo lo que ella había estado deseado para su vida: un hombre romántico, dado a las trances del amor de un modo impensado, atento, afectuoso, solícito… ¡un hombre inhallable!

Ella dijo: “extraño”, la primera vez que él se le acercó en la tienda de ventas de supremas de pollo. Y dijo: “más extraño”, cuando él le regaló, sin motivo aparente, un ramo enorme de rosas en la primera cita. Querida amiga, desde ese momento, comenzó a enviarme unos lindos e-mails contándome los pormenores. El romance no era muy convencional que digamos ya que faltaban algunos puntos indispensables para que fuera una relación a la vieja usanza. Pero como ella parecía no notarlo no juzgué conveniente realizar algún comentario.

Querida amiga me contó en su e-mail que la primera cita no fue a ciegas, pero sí ciertamente sorprendente. El negocio que vendía pollo no había sido hasta ahora más que eso para ella, en cambio las cosas habían tomado un nuevo cauce y ella estaba feliz de haber encontrado a su príncipe azul.

Luego de la décima cita fue ella quién decidió preguntarle al hombre extraño si no estaba interesado en algo más que un amor maravilloso y romántico. Querida amiga escribe que Él, con unos modales sumamente exquisitos, procedió a decirle ¡que sí! Estaba interesado en ella de todas las formas posibles. Entonces ella pudo asumir una actitud tranquila ante lo que amenazaba con ser un franco estallido de desilusión.

Querida amiga cayó en la cuenta que estaba con un hombre… indeciso, por lo menos. La paciencia de ella se vio colmada cierta noche en que los besos en cuestión nunca dejaron de ser los preliminares de algo que no pasaba y parecía que nunca pasaría.

Escribe en su e-mail que está totalmente enamorada de él, pero muy desalentada a esta altura de las circunstancias porque teme un arrebato de inmadurez en el hombre romántico o algún problema disfuncional de esos difíciles de confesar.

Querida amiga atraviesa un momento trepidante en su vida y luego de confesar el amor que siente por el hombre extraño y que él se confiese locamente enamorado de ella, ha recibido la peor noticia de su vida. Ella lo escribe en un e-mail al rojo vivo: “el hombre extraño, ha resultado ser aún más extraño de lo que yo misma hubiera podido imaginar. Me ha confesado la magnitud del amor que siente por mí y consecuentemente, la necesidad de mantener el altísimo y puro sentimiento mediante un amor platónico”.

Querida amiga agrega otras opiniones personales en el e-mail. Además declara estar pasmada. Duda, porque su ser le ha dado clara señales, de su capacidad para soportar semejante situación. Y teme caer presa de un arrebato de descontrol que la impulse a saltar sobre la yugular del hombre extraño. Aún así, y llevada por los misterios del amor, cuenta que ha accedido a la relación que él le propone.

No he sabido qué responderle en el e-mail porque, tratándose de una elección tan falta de consumación, mis respuestas como amiga son de palo y no cuentan para nada. Indignada, ella ha vuelto a escribirme para reprocharme mi incapacidad para comprender un amor tan maravilloso, excelso y puro como el que les une a ellos.

Al cabo de seis meses de sostenida abstinencia y azucarado romance, querida amiga camina por las paredes, no sólo de su casa sino, y lo que es peor, de la mía. Además de enviarme e-mails cuando no nos vemos, también lo hace mientras está en mi casa, porque del tema no podemos seguir hablando ya personalmente.

Los días del verano terminaron de una manera grotesca. Fue cuando ella decidió finalmente irse a vivir a otro sitio, cambiar de vida, de aire y de novio.

Querida amiga me cuenta en un correo muy detallado la forma clara en la que le ha comunicado al hombre romántico todo lo que pensaba sobre el amor platónico y una cantidad de incisos que llegan al número doscientos treinta.

Cuando faltaban sólo dos semanas para que ella tomara su tren hacia su nuevo destino el extraño hombre, arrepentido de profesar ese tipo de amores, le propuso una despedida. Tomada una reserva en un hotel de estilo; de esos que tienen muchos elementos que se supone ambientan las relaciones entre las personas y distraen la atención de lo que realmente es importante.

Ella me escribe sobre sus dudas de acceder a la invitación del hombre romántico. Luego de todo lo ocurrido y de tantas sensaciones encontradas teme un amargo desenlace. Por otra parte, ella prefiere no recordar el tiempo que ha pasado sosteniendo un amor platónico.

Después de unos días de silencio, querida amiga me cuenta que finalmente decidió ir a la cita. Aunque las cosas, como era de suponer, no han salido bien. No desde el comienzo, escribe ella, donde todo parecía inclinarse hacia un desarrollo de lo que recordaba como normal en esos casos. Sino desde que él comenzó a tomar champagne para festejar lo magnánimo de la ocasión y a explorar, con emoción de turista, las prestaciones de la habitación del hotel.

Querida amiga estaba en el peor de los trances cuando describía cómo él se había quedado dormido en el jacuzzi sin prestar la menor atención a los globos que le salpicaban la cara; sumergido hasta la nariz en el cóctel de quién sabe que trance psicodélico. Ella, sin que él se enterase de nada, ha destruido todas las pertenencias del hombre romántico. Luego, con no menos malicia en su cuerpo, ha salido de aquél lugar con los pantalones, las prendas íntimas y los zapatos en las manos.

Querida amiga ya se ha ido de la ciudad rumbo a su nueva etapa. Lleva consigo un trozo de zapato que le recuerda la inconveniencia de sostener amores con hombre que se declaren románticos a la primera cita.

http://www.destiempos.com/n23/benavidez.htm

Andrea Benavídez. Nació en 1976 San Juan (Argentina) donde se licenció en Filosofía en la Universidad Nacional de San Juan (U.N.S.J.). En 2008 obtuvo un Máster en Pensamiento Contemporáneo en la Universidad de Murcia. Actualmente trabaja en la tesis para obtener el grado de Doctor, en el mismo centro. Ha publicado en 2008 “Narrativas sanjuaninas actuales”, en Confluencia, Revista Hispánica de Cultura y Literatura; y en 2006 Tesorito (cuento). En 1997 El Sótano novela corta editada por la U.N.S.J.

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