HISTORIAS DEL SEÑOR KEUNER FRAGMENTOS DE BERTOLD BRECHT


 http://caminosocialista.wordpress.com/2010/03/09/historias-del-senor-keuner-fragmentos/

El niño indefenso

 El señor K. hablaba sobre el vicio de soportar en silencio la injusticia, y relató la siguiente historia: “- Un transeúnte preguntó a un niño que lloraba amargamente cuál era la causa de su congoja. “- Había reunido dos monedas para ir al cine, pero vino un muchacho y me quitó una -dijo el niño, señalando a un muchacho que estaba a cierta distancia. “- ¿Y no pediste ayuda? -preguntó el hombre. “- Claro que sí. “Los sollozos del niño se hicieron más angustiosos. “- ¿Y nadie te oyó? – siguió preguntando el hombre mientras lo acariciaba tiernamente. “- No – sollozó el niño. “- ¿No puedes gritar con más fuerza? – preguntó el hombre-. En ese caso dame la otra moneda. “Y quitándole la última moneda de la mano siguió su camino.”

 Patriotismo:

 odiar las patrias El señor K. no consideraba necesario vivir en un país determinado. Decía: -En cualquier parte puedo morirme de hambre. Pero un día en que pasaba por una ciudad ocupada por el enemigo del país en que vivía, se topó con un oficial del enemigo, que le obligó a bajar de la acera. Tras hacer lo que se le ordenaba, el señor K. se dio cuenta de que estaba furioso con aquel hombre, y no sólo con aquel hombre, sino que lo estaba mucho más con el país al que pertenecía aquel hombre, hasta el punto que deseaba que un terremoto lo borrase de las superficie de la tierra. “¿Por qué razón -se preguntó el señor K.- me convertí por un instante en un nacionalista? Porque me topé con un nacionalista. Por eso es preciso extirpar la estupidez, pues vuelve estúpidos a quienes se cruzan con ella.”

La pregunta sobre la existencia de Dios

Alguien le preguntó al señor K. si Dios existía. El señor K. le dijo: “Te aconsejo que reflexiones si la respuesta a esa pregunta afectaría a tu comportamiento. Si no lo hiciera, podemos olvidarnos de la pregunta. Si lo hiciera, puedo ayudarte como mínimo diciéndote que ya has decidido: tú necesitas un Dios.”

Dos ciudades

 El señor K. prefería la ciudad B. a la ciudad A. “En la ciudad A. -decía- se me quiere; pero en la ciudad B. me tratan con amabilidad. En la ciudad A. todos procuran serme útiles; pero en la ciudad B. me necesitaban. En la ciudad A. me invitaban a la mesa; en la ciudad B. me invitaban a la cocina.”

Preguntas convincentes

-He observado -dijo el señor K.- que mucha gente se aleja, intimidada, de nuetra doctrina por la sencilla razón de que tenemos respuestas para todo. ¿no sería conveniente que, en interés de la propaganda, elaborásemos una lista de los problemas para los que aún no hemos encontrado solución?

El reencuentro

 Un hombre que hacía mucho tiempo que no veía al señor K. le saludó con estas palabras: -No ha cambiado usted nada. -¡Oh! -exclamó el señor K., empalideciendo.

 Cada vez que el señor K. amaba a alguien

 -¿Qué hace usted -preguntaron un día al señor K.- cuando ama a alguien? -Hago un bosquejo de esa persona -respondió el señor K.- y procuro que se le asemeje lo más posible. -¿El bosquejo? -No -contestó el señor K.-. La persona.

Organización

El señor K. dijo en cierta ocasión: -El que piensa no emplea una luz de más, un pedazo de pan de más, un pensamiento de más.

Esfuerzo de los mejores

 “¿En qué trabaja?”, le preguntaron al señor K. El señor K. respondió: “Estoy muy atareado. Preparo mi próximo error.” El funcionario indispensable El señor K. oyó unos comentarios admirativos acerca de un funcionario que tenía bastante antigüedad en su puesto y a quién, por ser tan eficiente, se consideraba indispensable. – ¿Cómo puede ser indispensable? – preguntó irritado el señor K. – La oficina no marcharía sin él – comentaron sus admiradores. – ¿Cómo puede ser tan buen funcionario si la oficina no marcha sin él? – preguntó el señor K.- Ha tenido tiempo de sobra para organizarla de manera tal que pueda prescindir de él. ¿En qué ocupa su tiempo? Os lo diré: en extorsionar.

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