JAPÓN DE ANA GARCÍA BERGUA

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A los cincuenta no recuerda bien la preparatoria. Ha permanecido lejos de ese ambiente prácticamente desde que la terminó y se fue a estudiar ingeniería a Japón. Se casó ahí, se divorció, y cuando regresó al país ya no conocía a casi nadie, excepto a su familia: sus padres, sus hermanos. Sus hermanos dicen que está cambiado; retraído, solitario, se relaciona con muy poca gente fuera de los compañeros de la corporación donde trabaja más de ocho horas diarias. Él, por su parte, no niega que el difícil divorcio de Fumiko, las interminables discusiones con la familia japonesa, el apego a ciertas costumbres difíciles de cambiar a estas alturas, todo ello lo mantiene un tanto a distancia, o más bien a la defensiva. Justamente en estos días está pensando que quizá debería comenzar a relacionarse un poco más, aparte de las comidas familiares del domingo; tal vez debería aceptar una de las tantas invitaciones que le hace su hermano Sandro a salir los viernes con sus amigos, pero no sabe. Sandro es el más pequeño de sus hermanos, es mucho menor que él y anda en otras cosas: discotecas multitudinarias, películas de culto –él vio demasiadas en Tokio y terminaron por aburrirlo–, juegos cibernéticos que desconoce. No tuvo hijos que lo pusieran al día en esos asuntos. Siente que avanza solo, a su propio paso y en su propio carril. Una mañana recibe una llamada telefónica: –¿Felipe?, ¿Felipe Pardo? Sí, es su nombre. –Hola, soy Sonia, ¿te acuerdas de mí? Seguir leyendo

MISTER TAYLOR ANÁLISIS LITERARIO POR GLORIA ESTELA GONZÁLEZ ZENTENO

“Mister Taylor” de Augusto Monterroso:

De la América maravillosa a la ironía de la historia     

Podemos imaginar una larga senda en el transcurrir de la historia de la literatura hispanoamericana moderna que comenzaría en la inauguración de su independencia, con las novelas de amor idealizado o “romances”[1] que según Doris Sommer ayudaron a construir sus naciones en el siglo XIX. Al cierre de 300 años de dominación española los jóvenes países habían asumido un ambicioso proyecto: el de inventarse como tales, inaugurando sus instituciones y construyendo sus identidades culturales. El problema más urgente de esa génesis era la constitución de ciudadanos a partir de lo que habían sido grupos aislados de siervos, esclavos, artesanos analfabetos, criollos sin influencia política, mestizos, hacendados—todos en busca de una voz “propia,” para lo cual acudían, paradójicamente, a modelos culturales extranjeros. Había que lograr la superación de las divergencias y tensiones entre esos grupos culturales y raciales; unificarlos a través de metas e ideales nacionales, y la literatura se ofrecía en su calidad de facilitadora de significados y soñada o posible transformadora de realidades empíricas. La largamente deseada y precariamente mantenida emancipación parece invitar una optimista composición de hermosas historias de amor y patriotismo que, adecuadamente, llevaban los nombres de sus protagonistas como títulos: María, Tabaré, Clemencia. Son novelas que funcionarían como alegorías de la unificación nacional y de todos sus elementos aislados. Seguir leyendo

MISTER TAYLOR DE A.MONTERROSO

Menos rara, aunque sin duda más ejemplar -dijo entonces el otro-, es la historia de Mr. Percy Taylor, cazador de cabezas en la selva amazónica.

Se sabe que en 1937 salió de Boston, Massachusetts, en donde había pulido su espíritu hasta el extremo de no tener un centavo. En 1944 aparece por primera vez en América del Sur, en la región del Amazonas, conviviendo con los indígenas de una tribu cuyo nombre no hace falta recordar.

Por sus ojeras y su aspecto famélico pronto llegó a ser conocido allí como «el gringo pobre», y los niños de la escuela hasta lo señalaban con el dedo y le tiraban piedras cuando pasaba con su barba brillante bajo el dorado sol tropical. Pero esto no afligía la humilde condición de Mr. Taylor porque había leído en el primer tomo de las Obras Completas de William G. Knight que si no se siente envidia de los ricos la pobreza no deshonra. Seguir leyendo

UN SEÑOR MUY VIEJO CON ALAS ENORMES GABO

Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes. El cielo y el mar eran una misma cosa de ceniza, y las arenas de la playa, que en marzo fulguraban como polvo de lumbre, se habían convertido en un caldo de lodo y mariscos podridos. La luz era tan mansa al mediodía, que cuando Pelayo regresaba a la casa después de haber tirado los cangrejos, le costó trabajo ver qué era lo que se movía y se quejaba en el fondo del patio. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, y a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas. Asustado por aquella pesadilla, Pelayo corrió en busca de Elisenda, su mujer, que estaba poniéndole compresas al niño enfermo, y la llevó hasta el fondo del patio. Ambos observaron el cuerpo caído con un callado estupor. Estaba vestido como un trapero. Le quedaban apenas unas hilachas descoloridas en el cráneo pelado y muy pocos dientes en la boca, y su lastimosa condición de bisabuelo ensopado lo había desprovisto de toda grandeza. Sus alas de gallinazo grande, sucias y medio desplumadas, estaban encalladas para siempre en el lodazal. Tanto lo observaron, y con tanta atención, que Pelayo y Elisenda se sobrepusieron muy pronto del asombro y acabaron por encontrarlo familiar. Entonces se atrevieron a hablarle, y él les contestó en un dialecto incomprensible pero con una buena voz de navegante. Fue así como pasaron por alto el inconveniente de las alas, y concluyeron con muy buen juicio que era un náufrago solitario de alguna nave extranjera abatida por el temporal. Sin embargo, llamaron para que lo viera a una vecina que sabía todas las cosas de la vida y la muerte, y a ella le bastó con una mirada para sacarlos del error. — Es un ángel –les dijo—. Seguir leyendo