ÚLTIMO BOTÓN DE RICHARD FORD FRAG


Mi querido Frank
Me gustaría escribirte algo que me saliera verdaderamente del corazón y revelara mi interior, lo bueno y lo malo, para que te sirviera de consuelo por todo esto. Pero no sé si seré capaz. No estoy segura de conocer mis verdaderos sentimientos, pero se que los tengo. No me hago una idea de lo que pueda estar pasando. Supongo que añoro el Día de Acción de Gracias, porque he estado pensando en ti y en ese precioso lago Laconic al que fuimos una vez. Apuesto a que se te ha ocurrido algo realmente interesante para celebrar la fiesta. Espero que no estés solo. Supongo que no lo estarás, bandido. A lo mejor has conocido a alguna elegante agente inmobiliaria y te vas con ella (espero que no a Moline). Lo que ahora siento, dejando aparte las emociones verdaderas, es que en mi vida todo gira ahora alrededor de mí, y no encuentro manera de cambiar los pronombres. Me doy cuenta de lo que me pasa, pero no tengo plena conciencia de mí misma. Mis hijos estarían de acuerdo; en caso de que me hablaran, que no lo hacen. Pero ¿tiene esto algún sentido? (Posiblemente no te enviaré esta carta.) Creo que debería disculparme por todo lo que ha pasado en junio, y en mayo. Lamento los problemas que te he causado. Probablemente es difícil entender que te quisiera y estuviera satisfecha con la vida que llevábamos juntos y que luego me marchase con mi ex marido. Siempre había pensado que, para abandonar a alguien, la gente debía comprender primero que era desdichada. Pero en la vida las cosas pueden ir bien y a pesar de ello cometerse una tontería, y luego uno piensa en si lo era o no. Desdichado, quiero decir. ¿Qué es lo que prueba eso? Pero como en realidad no puedo lamentar haberlo hecho, ¿por qué disculparme sólo a medias? Es como lo que tu dirías si vendieras una casa que no te pareciera bien, pero supieras que el cliente la necesita de verdad. Si tengo razón (sobre ti), pensarás que esto es muy raro y no muy interesante: típico de alguien del sur de Ohio. Tú era así.

Cuando me marché con Wally en junio, era incapaz de abrir mi corazón. No podía tener en cuenta los sentimientos de los demás. Los suyos, por ejemplo… era imposible. Fue tan horroroso encontrarme con Wally. A propósito, lo obligué a venir. Él no quería y estaba muy avergonzado, quizás te dieras cuenta. Creo que me marché impulsada por una idea: volver atrás y experimentar algo que no había experimentado antes. (Repito mucho esa palabra) Nunca he sido lo bastante estúpida para pensar que alguien fuera capaz de hacer eso. En realidad hay cosas que deberían dejarse como están, tanto si se quiere arreglarlas como si no. Eso lo pienso ahora. Me parece que no estoy muy animada. Ahora me pregunto si me habrá afectado el milenio. Si todo este trastorno y alboroto tiene que ver con el efecto dos mil. ¿A ti no te ha afectado todavía? La primavera pasada creo que no. Los dos somos . Quizás sólo sea solo miedo a la muerte. A lo mejor temía que tú y yo no íbamos a llegar a nada y no me había dado cuenta hasta entonces. No soy muy reflexiva. Eso ya lo sabes. O al menos no lo era antes. Hago preguntas pero no siempre las contesto ni pienso en las respuestas.

No quiero entrar en muchos detalles. Sé que me fui con Wally por motivos particulares, probablemente egoístas. Y en agosto ya sabía que no me quedaría mucho tiempo con él. Era un hombre extraño. Lo quise una vez, pero creo que he podido volverlo loco al menos dos veces. Porque lo que ocurrió hace treinta años es que no era nada feliz viviendo conmigo, y no se atrevía a decírmelo. De modo que se marchó. Así de sencillo. No sé si entonces estábamos seguros de algo. De muy poco, probablemente. Esta vez intentamos conseguir el apoyo de los chicos. Pero los dos están locos de atar y nos trataron como si fuéramos unos chiflados, no nos dirigieron la palabra y se sumieron en sus absurdas creencias, aunque le recordamos: , contestaron. Creo que los he perdido.

Me habría marchado entonces (finales de agosto), pero Wally me preocupaba. Apenas comía y había perdido bastante peso. No salía de la bañera hasta que el agua se quedaba helada (vivíamos en su casa de campo, que no estaba mal, aunque era pequeña). Lo veía en medio de un pequeño huerto de manzanos que adoraba, y se ponía a hablar solo, aunque supongo que era conmigo. Lo sorprendía mirándome de manera extraña. Y luego empezó a bañarse en el mar. Era una figura blanca y voluminosa, incluso habiendo adelgazado bastante. Como ya he dicho, creo que lo volví loco. Pobrecillo.

No voy a contar el resto. Ya te enterarás antes o después. La mejor manera de salir de un sitio quizás sea dando un rodeo. ¿Quién dijo eso?

Pero ya no estoy en Mull. (¿No te parece un nombre curioso? Mull.) Estoy en un sitio llamado Maidenhead, o Cabeza de Doncella, que también es un nombre divertido, y está en la PERA (Pérdida Albión). ¡Hablando de retroceder en el tiempo! No es que haya adelantado mucho saliendo de Mull. Salgo de Mull para acabar en Maidenhead. Es para desternillarse de risa. Esto no es más que un barrio residencial, no muy bonito ni muy distinto de cualquier otro. Tengo un trabajo temporal en un simpático centro artístico (así lo llaman), donde necesitan mi experiencia profesional para organizar la felicidad de las personas mayores. Es como lo de Cáritas, aunque los ancianos ingleses son más fáciles que los nuestros, con diferencia. Inglaterra no es mal sitio para estar sola (ya había venido aquí dos veces). La gente es amable. Es evidente que todo el mundo se encuentra bastante solo, pero resulta algo natural, de manera que no se lo toman muy a la tremenda. A diferencia de América, donde la gente se ve enloquecida atraída por una cosa y por otra, y tampoco les parece mal; o eso creo yo. No he votado, a propósito, y ahora las cosas han cobrado ese horroroso giro con Bush. ¿No te parece increíble? ¿Puede ganar verdaderamente ese cabeza de chorlito? ¿O hacer trampa? Supongo que sí. Seguro que tú sí has votado, y ya sé a quién.

¿Cómo están tus hijos? ¿Seguís peleándoos Paul y tú? ¿Sigue Clarissa tan lesbiana? (Apuesto a que no.) ¿Sales con alguien? ¿Vendes muchas casas? Supongo que sí. (Se ve que estoy tanteando el terreno.) Este año cumplo cincuenta y cuatro, pero eso ya lo sabes, naturalmente. Y no soy abuela, lo que me extraña mucho, aun cuando mis hijos me odien tanto; no sé exactamente por qué. Estoy pensando en irme a un retiro en Gales –una cosa druídica-, porque tengo que ir a alguna parte pero no sé muy bien adónde. Aunque me siento muy cómoda conmigo misma. Tener cincuenta y cuatro años (casi) también me resulta raro. No parece una época espiritual, aunque tú crees que todas las edades tienen la suya. Esta mía, no lo sé. Me parece que todo el mundo necesita una definición de la espiritualidad, Frank (tú tienes una, creo). No se podría ir a un concurso de la tele, verdad, donde te pidieran una definición de espiritualidad y no conocer ninguna. (Ese retiro viene al caso.) Junio no me parece tan lejos. ¿Y a ti? No puedo decir que pensara que las cosas acabarían así, tal como están ahora. Aunque puede que sí.

Pero deseo decirte algo (buena señal, quizás). Quiero decirte una razón de por qué estoy segura de que te quiero. Hay gente a cuyo alrededor podemos estar, cosa que a veces damos por hecho, y que hace que nos sintamos generosos y amables e incluso más inteligentes de lo que probablemente somos; además de creer que tenemos éxito a nuestros propios ojos y a los del mundo. Ésa es la gente ideal, cariño. Y eso es lo que tú eres para mí. Estoy segura de que yo no significo lo mismo para ti, porque tengo la sensación de que para ti soy ahora como una especie de control de carretera. No hay nadie más que sea eso para mí, y no sé por qué, pero es lo que eres para mí. Si es que te lo estás preguntando.

(El motivo por el que estoy escribiendo esto es para ver cómo me sale. Si me parece que está bien, entonces lo estarás leyendo .) Por último (gracias a Dios, ¿eh?), no sé si quiero seguir estando casada contigo. Pero tampoco sé si quiero el divorcio, ni si puedo vivir sin ti. ¿Hay una palabra precisa para ese estado humano? A lo mejor se te ocurre algo a ti. Quizás sea Nueva Jersey. Aunque aquí, en Maidenhead (¡vaya nombrecito!), donde por el motivo que sea acuden turistas, me encuentro con norteamericanos de todas partes. Dicen que son de Iowa, de Oregón, de Florida. Y pienso… que eso ya no importa. A lo mejor no estaría mal marcharse de Nueva Jersey. Puede que sólo necesitemos un cambio. Como decían los hippies cuando eran tantos, y pedían una monedas en el Loop de Chicago: Eso me parecía un desmadre. Por lo menos no tenemos cáncer, Frank. Así que tal vez estemos todavía en condiciones de hacer algunas cosas juntos. También quiero que sepas –y esto es importante- que nunca has sido aburrido en la cama, por si te has hecho preguntas sobre eso. Te llamaré el Día de Acción de Gracias, que no es fiesta en Maidenhead y quizás pueda utilizar la línea interurbana del centro artístico. Con todo cariño y un beso. Sally (tu mujer perdida).

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