EL EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS DE BORGES

El hecho sucedió en la estancia Los Álamos, en el partido de Junín, hacia el sur, en los últimos días del mes de marzo de 1928. Su protagonista fue un estudiante de medicina, Baltasar Espinosa. Podemos definirlo por ahora como uno de tantos muchachos porteños, sin otros rasgos dignos de nota que esa facultad oratoria que le había hecho merecer más de un premio en el colegio inglés de Ramos Mejía y que una casi ilimitada bondad. No le gustaba discutir; prefería que el interlocutor tuviera razón y no él. Aunque los azares del juego le interesaban, era un mal jugador, porque le desagradaba ganar. Su abierta inteligencia era perezosa; a los treinta y tres años le faltaba rendir una materia para graduarse, la que más lo atraía. Su padre, que era librepensador, como todos los señores de su época, lo había instruido en la doctrina de Herbert Spencer, pero su madre, antes de un viaje a Montevideo, le pidió que todas las noches rezara el Padrenuestro e hiciera la señal de la cruz. A lo largo de los años no había quebrado nunca esa promesa. No carecía de coraje; una mañana había cambiado, con más indiferencia que ira, dos o tres puñetazos con un grupo de compañeros que querían forzarlo a participar en una huelga universitaria. Abundaba, por espíritu de aquiescencia, en opiniones o hábitos discutibles: el país le importaba menos que el riesgo de que en otras partes creyeran que usamos plumas; veneraba a Francia pero menospreciaba a los franceses; tenía en poco a los americanos, pero aprobaba el hecho de que hubiera rascacielos en Buenos Aires; creía que los gauchos de la llanura son mejores jinetes que los de las cuchillas o los cerros. Cuando Daniel, su primo, le propuso veranear en Los Álamos, dijo inmediatamente que sí, no porque le gustara Sigue leyendo

Mozhárovo de Dmitri Býkov

 

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Dmitri Býkov es uno de los autores rusos que visitó nuestro país en esta 19 Feria Internacional del Libro. En los últimos años ha obtenido gran reconocimiento por su biografía Boris Pasternak, que le permitió recibir los premios Nationalny Bestseller y Bolshaya Kniga. Es autor de las novelas Absolución, Ortografía, Remolcador, VF y Dados de baja; así como de varias antologías poéticas, ensayos literarios y compilaciones de artículos publicitarios.  El siguiente fragmento pertenece a Mozhárovo, uno de los cuentos que la Editorial Arte y Literatura publica en la antología Narraciones rusas contemporáneas

Cierto que en los últimos tiempos viajar de una ciudad a otra ha sido peligroso: por todas partes destripan los trenes eléctricos, asaltan los trenes de carga… Qué se le va a hacer, también era un proyecto nacional el desarrollo priorizado de siete megalópolis, entre las cuales se extiende más o menos una zona agreste. No necesitamos tanta tierra… El que pudo, se fue a la ciudad; y en cuanto a lo que sucedió al resto en el inmenso territorio ruso, Vasíliev tenía una idea muy vaga.  Pero él era un reportero, además, con experiencia en el ejército, y lo enviaron con el primer tren humanitario a escribir un reportaje  sobre cómo comparten las megalópolis los excedentes con el resto de los territorios donde, según cuentan, ha habido hasta fallas en la electricidad. Verdaderamente, en algunas estaciones no se podía ni asomar la nariz en el andén y sobre eso en Moscú nadie los previno. La simpática de Vestie, si lo hubiera sabido, de seguro que no habría venido. Ella ya de por sí se estaba lamentando todo el tiempo de que en el vagón no tendría bañadera. Eso únicamente lo tenía el vagón especial de Myerson, porque él era un filántropo y solo Dios sabe qué clase de multimillonario, que hasta ha dejado atrás a Bill Gates…

Por la ventanilla se observaba un paisaje despoblado y nada interesante, eso precisamente lo hacía tan espantoso: siempre las mismas aldeas grises y desiertas, a veces una cabra aislada con un trapo rojo en el pescuezo; en ocasiones, un segador tranquilo segando en un barranco en completa soledad, quien también seguía con la vista al tren; no era frecuente ahora ver pasar un tren y Vasíliev no tuvo tiempo de verle bien la cara; pasaba rápido un campo con un tractor herrumbroso y solitario, y de nuevo se extendía un  bosque de abetos sombrío y encima de este el mismo nubarrón lila. Desfilaban rápido ante sus ojos los restos de una fábrica detrás de un muro de hormigón semidestruido, las chimeneas oxidadas, una grúa de caballete; se veía un boscaje dentro del cual Vasíliev logró detectar lo que en otros tiempos fue una unidad militar, tras la cerca de alambre de púa toda oxidada, en la cual quedó colgada una chaqueta acolchonada que de seguro los muchachos utilizaban para saltar la cerca y ver lo que quedaba adentro… El tren redujo la velocidad. Sigue leyendo

EL TIEMPO APREMIA FCO HINOJOSA

Francisco Hinojosa (México, 1954), poeta, narrador y editor, es considerado por la crítica el mejor cuentista infantil de México. Su obra para adultos, en donde el juego, el humor y el desparpajo son también los protagonistas, incluye títulos como Cuentos héticos y Un taxi en L.A.
Para Juan Villoro

Les costó casi un año conseguir la cita con el presidente. —Los escucho —dijo el jefe del Ejecutivo sin preámbulos a sus jóvenes interlocutores: Dimitri Dosamantes y José Asunción Mercado.
—Sabemos que usted es la máxima autoridad del país…
—Continúen, por favor, que el tiempo apremia.
—Si el tiempo apremia, vayamos al grano —dijo Dimitri.
—Queremos comprar el país —concluyó José Asunción.
—¿Sorry?
—Mire, señor, venimos con usted, que es la máxima autoridad de la nación, para hacerle una oferta por el país. Así de sencillo.
—Una oferta justa, por supuesto.
—Hemos hecho nuestras averiguaciones acerca del precio por metro cuadrado, tanto de las zonas residenciales como de las dedicadas a la agricultura, el ganado, el comercio, la industria…
—El valor de los inmuebles, ya sean casas, escuelas, edificios de oficinas y de apartamentos, malls, estadios, hospitales, hoteles, restaurantes…, todo…
—Los monumentos, las estatuas, las fuentes, el obelisco, el jardín botánico…
—La infraestructura de carreteras, puentes, túneles, vías férreas…
—La casa de moneda, las reservas naturales…
—En fin, estamos bastante adelantados en cuanto a tener un avalúo total basado en datos confiables.
—No estoy seguro de comprender —dijo el presidente con una sonrisa amigable—, ¿ustedes vienen conmigo para que les venda el país?
—Nada más exacto.
—¿Y por qué piensan que el país está en venta?
—Sabemos de buena fuente que ningún país del planeta está a la venta.
—¿?
—Estamos convencidos de que en este mundo todo tiene un precio…
—Aunque no esté a la venta, ¿comprende?
—Señores —se puso serio el presidente—: por si no están enterados, tenemos una Constitución.
—También queremos comprar la Constitución.
—Y su bandera, a la que por cierto no le caería mal un diseño más moderno.
—Con colores más vistosos.
—Y también el himno y los héroes y el Congreso…
—Bien, señores, ha sido un placer platicar con ustedes… El tiempo apremia… Sigue leyendo