DIOS EN LA TIERRA José Revueltas

http://www.floresdeuxmal.com/narrativa/diosTierra.htm

La población estaba cerrada con odio y con piedras. Cerrada completamente como si sobre sus puertas y ventanas se hubieran colocado lápidas enormes, sin dimensión de tan profundas, de tan gruesas, de tan de Dios. Jamás un empecinamiento semejante, hecho de entidades incomprensibles, inabarcables, que venían… ¿de dónde? De la Biblia, del Génesis, de las Tinieblas, antes de la luz. Las rocas se mueven, las inmensas piedras del mundo cambian de sitio, avanzan un milímetro por siglo. Pero esto no se alteraba, este odio venía de lo más lejano y lo más bárbaro. Era el odio de Dios. Dios mismo estaba ahí apretando en su puño la vida, agarrando la tierra entre sus dedos gruesos, entre sus descomunales dedos de encina y de rabia. Seguir leyendo

MI HIJO EL FÍSICO ASIMOV

 http://opinion.blogcindario.com/2007/08/00726-dos-cuentos-de-isaac-asimov.html

Su cabello era claro de un color verde manzana, muy apagado, muy pasado de moda. Se notaba que tenía buena mano con el tinte, como hace treinta años, antes de que se pusieran de moda los reflejos y las mechas.
Una sonrisa dulce cubría su rostro y una mirada tranquila convertía cierta vejez en algo sereno.
Y, en comparación, convertía en caos la confusión que la rodeaba en aquel enorme edificio gubernamental.
Una chica pasó medio corriendo a su lado, se detuvo y la observó con una mirada vacía y sorprendida.
—¿Cómo ha entrado?
—Estoy buscando a mi hijo, el físico.
La mujer sonrió.
—Su hijo, el…
—En realidad es ingeniero de Comunicaciones. El físico en jefe Gerard Cremona.
—El doctor Cremona. Bueno, está… ¿Dónde está su pase?
—Aquí lo tiene. Soy su madre. Seguir leyendo

LAS RUINAS CIRCULARES BORGES

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Seguir leyendo