QUIZÁ TE EXTRAÑE DE MARITZA BUENDÍA

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Quizá te extrañe recibir mi carta, pero es que buscando y buscando en mi memoria he vuel­to a revivir las horas interminables que so­lía­mos pasar juntas hablando bobadas acerca de nues­tro futuro, de la familia que que­ríamos formar y del prín­ci­pe maravilloso que encontraríamos disfrazado de sapo. ¿Recuerdas? Desde entonces prometimos contarnos to­do: no dejarnos guiar por la estúpida timidez que censurara nuestros actos o por la incómoda impresión de sen­tirnos diferentes y ya no compartir los mismos pensamientos. Tú en tu mundo y yo en el mío, de eso ni qué hablar, desde que dejamos la escuela nos fue im­posible volver a compaginar nuestras vidas. Pero las promesas siguieron en pie: perder la virginidad lo más pronto posible, precipitarnos, concretar nuestros im­pul­sos. Toda­vía ahora recuerdo aquella carta don­de me hablabas de tu último triunfo: habías ganado en cuanto al primero de nuestros objetivos. Tu carta fue dulce, enterne­ce­do­­ra. Aún la guardo entre mis pape­les importantes y de vez en cuando la releo: apenas te­nías trece años, dos años después de tu primera mens­trua­ción, y tus piernas ado­les­cen­tes ya temblaban de frío.

¡Ah!, amiga, pero lo que quiero contarte es otra co­sa; es una obsesión que me quita el sueño y las ganas de comer, que me impide incluso pensar con claridad y que me arrebata tontos suspiros desde lo más hondo de las entrañas. Por esa obse­sión incluso a ti te he des­cuidado, ¿sabrás perdonarlo? Lo recuerdo, sí, pro­me­timos jamás enamorarnos, no dejarnos seducir por la fragilidad de un discurso lacrimó­ge­­no ni por la belle­za de las flores. Pero a decir verdad, Sigue leyendo