LA TERCERA ORILLA DEL RÍO de JOAO GUIMARAES ROSA

 Nuestro padre era hombre cumplidor, de orden, positivo; y así había sido desde muy joven, incluso desde niño, según me lo testimoniaron diversas personas serias, cuando les pedí información. Por lo que yo recuerdo, él no parecía más raro ni más triste que otros conocidos nuestros. Sólo tranquilo. Nuestra madre era la que mandaba y la que peleaba día a día con nosotros -mi hermana, mi hermano y yo. Pero sucedió que, cierto día, nuestro padre mandó hacerse una canoa.

Iba en serio. Encargó una canoa especial, de madera de viñátigo, pequeña, con sólo la tablilla de popa, como para que cupiera sólo el remero. Hubo de fabricarse con una madera dura y arqueada en seco para que durara en el agua unos veinte o treinta años. Nuestra madre maldijo la idea. ¿Sería posible que él, que no era ducho en esas artes, fuera a dedicarse ahora a pescatas y cacerías? Nuestro padre no decía nada. Nuestra casa, por entonces, aún estaba más cerca del río, a menos de un cuarto de legua: por allí el río se extendía grande, profundo, navegable como siempre. Muy ancho, que no podía divisarse la otra ribera. Y no puedo olvidarme del día Sigue leyendo