BESTIARIO DE JUAN JOSÉ ARREOLA


El sapo

 Salta de vez en cuando, solo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón.Prensado en un bloque de lodo frío, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable crisálida. Se despierta en primavera, consiente de que ninguna metamorfosis se ha operado en el. Es as sapo que nunca, en su profunda desecación. Aguarda en silencio las primeras lluvias.

 

Y un buen día surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un corazón tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposición de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros con una abrumadora cualidad de espejo.

 

 

 

INSECTIADA

Pertenecemos a una triste especie de insectos, dominada por el apogeo de las hembras vigorosas, sanguinarias y terriblemente escasas. Por cada una de ellas hay veinte machos débiles y dolientes.

  Vivimos en fuga constante. Las hembras van tras de nosotros, y nosotros, por razones de seguridad, abandonamos todo alimento a sus mandíbulas insaciables.

  Pero la estación amorosa cambia el orden de las cosas.

Ellas despiden irresistible aroma. Y las seguimos enervados hacia una muerte segura. Detrás de cada hembra perfumada hay una hilera de machos suplicantes.

  El espectáculo se inicia cuando la hembra percibe un numero suficiente de candidatos. Uno a uno saltamos sobre ella. Con rápido movimiento esquiva el ataque y despedaza al galán. Cuando esta ocupada en devorarlo, se arroja un nuevo aspirante.

  Y así hasta el final. La unión se consuma con el ultimo superviviente, cuando la hembra, fatigada y relativamente harta, apenas tiene fuerzas para decapitar al macho que la cabalga, obsesionado en su goce.

  Queda adormecido largo tiempo triunfadora en su campo de eróticos despojos. Después cuelga del árbol inmediato un grueso cartucho de huevos. De allí nacerá otra vez la muchedumbre de las victimas, con su infalible dotación de verdugos.

FELINOS

 

 

El que saco de la leonera el guante de Doña Juana; Don Quijote que mantiene a raya dos fieras con pura grandeza de alma; Androcles sereno y sin retórica (el león ya no se acobarda de la espina); los mártires cristianos que se metieron por la fuerza en las fauces hambrientas, y el Vizconde de los Asilos que estropeo un espectáculo circense al poner un sándwich en la boca del Rey de la Selva sin látigo y sin silla plegadiza, han hecho del oficio de domador uno de los mas desprestigiados en nuestros días.

  En realidad el león sobrelleva a duras penas la terrible majestad de su aspecto: el cuerpo del edificio no corresponde a la fachada y es como su alma, bastante perruno y desmedrado. Sigue siendo un carnívoro gracias a ciertos súbditos que realizan para el oficio de verdugos. El león se presenta intempestivamente en los banquetes salvajes y a base de prestancia pone en fuga a los comensales. Luego devora solitario y lleno de remordimientos los restos de una presa que nunca captura personalmente. Si de ellos dependiera, todos los leones que ambulan por la selva estarían ya enjaulados, triturando fémures y costillares de caballo tras de innecesarios barrotes. En fin de cuentas nunca son tan felices como al verse hechos de mármol y de bronce o estampados por lo menos en los alarmantes carteles del circo.

  La falta de melena hace que muchos felinos se busquen por sí mismos el sustento. De allí la innegable superioridad de tigres, panteras y leopardos, que a veces logran forjarse una leyenda atacando piezas de ganado mayor después de poner en fuga cobarde a los guardianes.

  Si no domesticamos a todos los felinos fue exclusivamente por razones de tamaño, utilidad y costo de mantenimiento. Nos hemos conformado con el gato, que come poco y que de ves en cuando se acuerda de su origen y nos da un leve arañazo. Solo algunos príncipes orientales pueden darse el lujo de poseer felinos en formato mayor, que ronronean como una locomotora, que son muy útiles como perros de caza, que devoran ellos solos la mitad del presupuesto palaciego y que si llegan a distraerse y arañan, son capaces de mondar a cualquier esqueleto de toda carne superflua.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAMÉLIDOS

 

 

El pelo de la llama es de impalpable suavidad, pero sus tenues guedejas están cinceladas por el duro viento de las montañas, donde ellas se pasea con arrogancia, levantando el cuello esbelto para que sus ojos se llenen de lejanía, para que su fina nariz absorba todavía más alto la destilación suprema del aire enrarecido.

  Al nivel del mar, apegado a una superficie ardorosa, el camello parece una pequeña góndola de asbesto que rema lentamente y a cuatro patas el oleaje de la arena, mientras el viento desértico golpea el macizo velamen de sus jorobas.

  Para el que tiene sed, el camello guarda en sus entrañas rocosas la ultima veta de humedad; para solitario, la llama afelpada, redonda y femenina finge los andares y la gracia de una mujer ilusoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA BOA

 

 

La proposición de la boa es tan irracional que seduce inmediatamente al conejo, antes de que pueda dar su consentimiento. Apenas si hace falta un masaje previo y una lubricación de saliva superficial.

  La absorción se inicia fácilmente y el conejo se entrega en una asfixia sin pataleo. Desaparecen la cabeza y las patas delanteras. Pero a medio bocado sobrevienen las angustias de un taponamiento definitivo. En ayuda de la boa transcurren los últimos instantes de vida del conejo, que avanza y desaparece propulsado en el túnel costillar por cada vez más tenues estertores.

  La boa se da cuenta entonces de que asumió un paquete de graves responsabilidades, y empieza la pelea digestiva, la verdadera lucha contra el conejo. Lo ataca desde la periferia al centro, con abundantes secreciones de jugo gástrico, embalsamándolo en capas sucesivas. Pelo, piel, tejidos y vísceras son cuidadosamente tratados y disueltos en el acarreo del estomago. El esqueleto se somete por ultimo por un proceso de quebrantamiento y trituración, a base de contracciones y golpeteos laterales.

  Después de varias semanas, la boa victoriosa, que a sobrevivida a una larga serie de intoxicaciones, abandona los últimos recuerdos del conejo bajo la forma de pequeñas astillas de hueso laboriosamente pulimentadas.

CERVIDOS

 

 

Fuera del espacio y del tiempo, los ciervos discurren con veloz lentitud y nadie sabe donde se ubican mejor, si en la inmovilidad o en el movimiento que ellos combinan de tal modo que nos vemos obligados a situarlos en lo eterno.

  Inertes o dinámicos, modifican continuamente el ámbito natural y perfeccionan nuestras ideas acerca del tiempo, el espacio y la translación de los móviles. Hechos a propósito para solventar la antigua paradoja, son a un tiempo Aquiles y la tortuga, el arco y la flecha: corren sin alcanzarse; se paran y algo queda siempre fuera de ellos galopando.

  El ciervo, que no puede estarse quieto, avanza como una aparición, ya sea entre los árboles reales o desde un boscaje de leyenda: Venado de San Huberto que lleva una cruz entre los cuernos o cierva que amamanta a Genoveva de Brabante. Donde quiera que se encuentre, el macho y la hembra componen la misma pareja fabulosa.

  Pieza venatoria por excelencia, todos tenemos la intención de cobrarla, aunque sea con la mirada. Y si Juan de Yépez nos dice que fue tan alto, tan alto que le dio a la caza alcance, no se esta refiriendo a la paloma terrenal sino al ciervo profundo, inalcanzable y volador.

 

 

LAS FOCAS

 

 

Difícilmente erguida en su blandura musculosa, una levanta el puro torso desnudo. Otra reposa al sol un odre lleno de agua pesada. Las demás circulan por el estanque, apareciendo y desapareciendo, rodando en el oleaje que sus evoluciones promueven.

  He visto el quehacer incesante de las focas. He oído sus gritos de jubilo, sus risotadas procaces, sus falsos llamados de naufrago. Una gota de agua me salpica la boca.

  Veloces lanzaderas, las focas tejen y destajen la tela interminable de sus juegos eróticos. Se abrazan sin brazos y resbalan de una en otra improvisando sus rondas ad libitum. Baten el agua con duras palmadas; se aplauden ellas mismas en ovaciones viscosas. La alberca parece de gelatina. El agua esta llena de labios y de lenguas y las focas entran y salen relamiéndose.

  Como en la gota microscópica, las focas se deslizan por las frescas entrañas del agua virgen con movimiento flagelo de zoospermos, y las mujeres y los niños miran inocentes la pantomima genética.

  Perros mutilados, palomas desaladas. Pesados lingotes de goma que nadan y galopan con difíciles ambulacros. Meros objetos sexuales. Microbios gigantescos. Criaturas de vida infusa en un barro de forma primaria, con probabilidades de pez, de reptil, de ave y de cuadrúpedo.  En todo caso, las focas me parecieron grises y manoseados jabones de olor intenso y repulsivo.

  ¿Pero que decir de las hembras amaestradas, de las focas de circo que sostienes una esfera de cristal en la punta de la nariz, que dan saltos de caballo sobre el tablero de ajedrez, o que soplan por un hilera de flautas los primeros compases de la Pasión según San Mateo?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AVES ACUATICAS

 

 

Por el agua y en la orilla, las aves acuáticas pasean; mujeres tontas que llevan con arrogancia unos ridículos atavíos. Aquí todos pertenecen al gran mundo, con zancos o sin ellos, y todos llevan guantes en las patas.

  El pato golondrino, el cucharón y el tepalcate lucen en las plumas un esplendor de bisutería. El rojo escarlata, el azul turquesa, el armiño y el oro se prodigan en juegos de tornasol. Hay quien los lleva todos juntos en la ropa y no es mas que una gallareta banal, un broceado corvejón que se nutre de pequeñas putrefacciones y que traduce en gala sus pesquisas de aficionado al pantano.

  Pueblo multicolor y palabrero donde todos graznan y nadie se entiende. He visto al gran pelicano disputando con el ansarón una brizna de paja. He oído a las gansas discutir interminablemente acerca de nada, mientras los huevos ruedan sobre el suelo y se pudren bajo el sol, sin que nadie se tome el trabajo de empollarlos. Hembras y machos vienen y van por el salón, apostando a quien lo cruza con mas contoneo. Impermeables a más no poder, ignoran la realidad del agua en que viven.

  Los cisnes atraviesan el estanque con vulgaridad fastuosa de fases hechas, aludiendo a nocturno y a plenilunio bajo el sol del mediodía. Y el cuello metafórico va repitiendo siempre el mismo plástico estribillo…. Por lo menos hay uno negro que se distingue; flota garete junto a la orilla, llevando en una cesta de plumas la serpiente de su cuello dormido.

  Entre toda esta gente, salvemos a la garza, que nos acostumbra a la idea de que solo sumerge en el lodo una pata, alzada con esfuerzo de palafito ejemplar. Y que a veces se arrebuja y duerme bajo el abrigo de sus plumas ligeras, pintadas una a una por el japonés minucioso y amante de los detalles. A la garza que no cae en la tentación del cielo inferior, donde le espera un lecho de arcilla y podredumbre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS MONOS

 

 

Wolfgang Kohler perdió cinco años en Tetuán tratando de hacer pensar a un chimpancé. Le propuso, como buen alemán, toda una serie de trampas mentales. Lo obligo a encontrar la salida de complicados laberintos; lo hizo alcanzar difíciles golosinas, valiéndose de escaleras, puertas, perchas y bastones. Después de semejante entrenamiento, Mono llego a se el simio mas inteligente del mundo; pero fiel a su especie distrajo todos los ocios del psicólogo y obtuvo sus raciones sin transporte el umbral de la conciencia. Le ofrecían la libertad, pero prefirió quedarse en la jaula.

  Ya muchos milenios antes (¿cuántos?), los monos decidieron acerca de su destino oponiéndose a la tentación de ser hombres. No cayeron en la empresa racional y siguen todavía en el paraíso: caricaturales, obscenos y libres a su manera. Los vemos ahora en el zoológico, como un espejo depresivo: nos miran con sarcasmo y con pena, porque seguimos observando su conducta animal.

  Atados a una dependencia invisible, danzamos al son que nos tocan, como el mono de organillo. Buscamos sin hallar las salidas del laberinto en que caímos, y la razón fracasa en la captura de inalcanzables frutas metafísicas.

  La dilatada entrevista de Mono y Wolfgang Kohler ha cancelado para siempre toda esperanza, y acabo en otra despedida melancólica que suena a fracaso.

  ( El homo sapiens fue a la universidad alemana para redactar el celebre tratado sobre la inteligencia de los antropoides, que le dio fama y fortuna, mientras Mono se quedaba para siempre en Tetuán, gozando una pensión vitalicia de frutas al alcance de su mano ).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA JIRAFA

 

 

Al darse cuenta de que había puesto demasiado alto los frutos de un árbol predilecto, Dios no tuvo más remedio que alargar el cuello de la jirafa.

  Cuadrúpedos de cabeza volátil, las jirafas quisieron ir por encima de su realidad corporal y entraron resueltamente al reino de los desproporcionados. Hubo que resolver para ellas algunos problemas biológicos que mas parecen ingeniería y de mecánica: un circuito nervioso de doce metros de largo; una sangre que se eleva contra la ley de la gravedad mediante un corazón que funciona como bomba de pozo profundo; y todavía, a esas alturas, una lengua eyéctil que va mas arriba, sobrepasando con veinte centímetros el alcance de los belfos para roer los pimpollos como una lima de acero.

  Con todos sus derroches de técnica, que complican extraordinariamente su galope y sus amores, la jirafa representa mejor que nadie los devaneos del espíritu: busca en las alturas lo que otro encuentran al ras del suelo.

  Pero como final mente tiene que inclinarse de ves en cuando para beber el agua común, se ve obligada a desarrollar su acrobacia al revés. Y se pone entonces al nivel de los burros.

 

 

EL RINOCERONTE

 

 

El gran rinoceronte se detiene. Alza la cabeza. Recula un poco. Gira en redondo y dispara su pieza de artillería. Embista como ariete, con un solo cuerno de toro blindado, embraveciendo y cegato, en arranque total de filosofo positivista. Nunca da en el blanco, pero queda siempre satisfecho de su fuerza. Abre luego sus válvulas de escape y bufa a todo vapor.

  (Cargados con armadura excesiva, los rinocerontes en celo se entregan en el claro del bosque a un torneo desprovisto de gracia y destreza, en el que solo cuenta la calidad medieval del encontronazo.)

  Ya en cautiverio, el rinoceronte es una bestia melancólica y oxidad. Su cuerpo de muchas piezas ha sino armado en los derrumbaderos de la prehistoria, con laminas de cuero troqueladas bajo la presión de los niveles geológicos. Pero en un momento especial de la mañana, el rinoceronte nos sorprende: de sus injares enjutos y resecos, como agua que sale de la hendidura rocosa, brota el gran órgano de vida torrencial y potente, repitiendo en la punta los motivos cornudos de la cabeza animal, con variaciones de orquídea, de azagaya y alabarda.

  Hagamos entonces homenaje a la bestia endurecida y abstrusa, porque ha dado lugar a una leyenda hermosa. Aunque parezca imposible, este atleta rudimentario es el padre espiritual de la criatura poética que desarrolla en los tapices se la Dama, el tema de Unicornio caballeroso y galante.

  Vencido por una virgen prudente, el rinoceronte carnal se transfigura, abandona su empuje y se agacela, se acierva y se arrodilla. Y el cuerno obtuso de agresión masculina se vuelve ante la doncella una esbelta endecha de marfil.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AVES DE RAPIÑA

 

 

¿Derruida sala de armas o profanada monástica? ¿Qué pasa con los dueños del libre albedrío?

  Para ellos, la altura soberbia y la suntuosa lejanía han tomado bruscamente las dimensiones de un modesto gallinero, una jaula de alambres que les veda la pura contemplación del cielo con el techo de laminas.

  Todos, halcones águilas o buitres, repasan como frailes silenciosos su libro de horas aburridas, mientras la rutina de cada día miserable les puebla el escenario de deyecciones y de vísceras blandas: triste manjar para sus picos desgarradores.

  Se acabaron para siempre la libertad entre la nube y el peñasco, los amplios círculos del vuelo y la caza de altanería. Plumas remeras y caudales se desarrollan en balde; los garfios crecen, se afilan y se encorvan sin desgaste en la prisión, como los pensamientos rencorosos de un grande disminuido.

  Pero todos, halcones o buitres, disputan sin cesar en la jaula por el prestigio de su común estirpe carnicera.

(Hay águilas tuertas y gavilanes desplumados.)

  Entre los blasones impera el blanco purísimo del Zopilote Rey, que abre entre la carroña sus alas como cuarteles de armiño en campo de azul, y que ostenta una cabeza de oro cincelado, guarnecida de piedra preciosas.

  Fieles al espíritu de la aristocracia dogmática, los rapaces observan hasta la última degradación su protocolo de corral. En el escalafón de las perchas nocturnas, cada quien ocupa su sitio por rigurosa jerarquía. Y los grandes de arriba, ofenden sucesivamente el timbre de los de abajo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL AVESTRUZ

 

A grito pelado, como un órgano profano, el cuello del avestruz proclama a los cuatro vientos la desnudes radical de la carne ataviada. (Carente de espíritu a mas no poder, emprende luego con todo su cuerpo una serie de variaciones procaces sobre el tema del pudor y la vergüenza.)

  Más de pollo, polluelo gigantesco entre pañales. El mejor ejemplo sin duda para la falda más corta y el escote mas bajo. Aunque siempre esta a medio vestir, el avestruz prodiga sus harapos a toda gala superflua, y ha pasado de moda solo en apariencia. Si sus plumas “ya no se llevan” las damas elegantes visten de buena gana su inopia con virtudes y perifollos de avestruz: el ave que se engalana pero que siempre deja la íntima fealdad al descubierto. Llegado al caso, si no esconde la cabeza, cierra por lo menos los ojos “a lo que venga”. Con sin igual desparpajo lucen su liviandad de criterios y engullen cuanto se les ofrece a la vista, entregando el consumo al azar de una buena conciencia digestiva.

  Destartalando, sensual y arrogante, el avestruz representa el mejor fracaso del garbo, moviéndose siempre con descaro, en una apetitosa danza macabra. No puede extrañarnos entonces que los expertos jueces de Santo Oficio idearan el pasatiempo o vejamen de emplumar mujeres indecentes para sacarlas desnudas a la plaza.

EL BUHO

 

 

Antes de devorarlas, búho dirige mentalmente a sus presas. Nuca se hace cargo de una rata entera si no se ha formado un previo concepto de cada una de sus partes. La actualidad del manjar que palpita en sus garras va haciéndose pasado en la conciencia y preludia la operación analítica de un lento devenir intestinal .Estamos ante un caso de profunda asimilación reflexiva.

  Con la aguda penetración de sus garfios el búho aprehende directamente el objeto y desarrolla su peculiar teoría del conocimiento. La cosa en si (roedor, reptil o volátil) se le entrega no sabemos como. Tal vez mediante el zarpazo invisible de una intuición momentánea; tal vez gracias a una lógica espera, ya que siempre nos imaginamos el búho como un sujeto inmóvil, introvertido y poco dado a las efusiones cinegéticas de persecución u captura. ¿Quien puede asegurar que para las criaturas idóneas no hay laberintos de sombra, silogismo oscuros que van a dar a la nada tras la  breve cláusula del pico? Comprende el búho equivale a aceptar esta premisa.

  Armonioso capitel de plumas labradas que apoya una metáfora griega; siniestro reloj de sombra que marca en el espíritu una hora de brujería medieval: esta es la imagen bifronte del ave que emprende el vuelo al atardecer y que es la mejor viñeta para los libros de filosofía occidental.

EL OSO

 

 

Entre la abierta hostilidad del lobo, por ejemplo, y la abyecta sumisión del mono, que es capas de sentarse en familia a desayunar en nuestra mesa, existe la cordial mesura de oso que baila y monta en bicicleta, pero que puede excederse y triturarnos en el abrazo. Con él siempre es posible entablar amistad, guardando las distancias, si es que no llevamos un panal en la mano. Como su cabeza oscilante, el alma del oso vacila entre la esclavitud y la rebeldía. Señal de la condición es el pelaje: si blanco, sanguinaria; si negro, bondadosa. Por fortuna, el oso manifiesta sus diversos estados de ánimo con todos los matices del gris y del pardo.

  Quienes han encontrado un oso en el bosque saben que al vernos se pone inmediatamente de pie, con ademán de reconocimiento y saludo. (El resto de la entrevista depende exclusivamente se nosotros.) Si se trata de mujeres, nada hay que temer, ya que el oso tiene por ellas un respeto ancestral que delata claramente su condición de hombre primitivo. Por más adultos y atléticos que sean, conservan algo de bebé: ninguna mujer se negaría a dar a luz un osito. En todo caso, las doncellas siempre tienen uno en su alcoba, de peluche, como un feliz augurio de maternidad.

  Confesémoslo: tenemos con ellos un común pasado cavernícola. El oso de la espelunca es el más abundante de los fósiles, y su distribución acompaña a todas las migraciones humanas de la prehistoria. En nuestros días, la osera sigue siendo la más confortable de las habitaciones feroces.

  Latinos y germanos estuvieron de acuerdo en rendir culto al oso, bautizando con las derivaciones de su nombre (Ursus y Bera) una extensa serie de santos, de héroes y ciudades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ELEFANTE

 

 

Viene desde el fondo de las edades y es el último modelo terrestre de maquinaria pesada, envuelto en su funda de lona. Parece colosal porque está construido con puras células vivientes y dotadas de inteligencia y memoria. Dentro de la acumulación material de su cuerpo, los cinco sentidos funcionan como aparatos de precisión y nada se les escapa. Aunque de pura vejez hereditaria son ahora calvos de nacimiento, la congelación siberiana nos ha devuelto algunos ejemplares lanudos. ¿Cuántos años hace que los elefantes perdieron el pelo? En vez de calcular, nos vamos todos al circo y juguemos a ser los nietos del elefante, ese abuelo pueril que ahora se bambolea al compás de una polka…

  No. Mejor hablemos del marfil. Esa noble sustancia, dura y uniforme, que los paquidermos empujan secretamente con todo el peso de su cuerpo, como una material expresión de pensamiento. El marfil, que sale de cabeza y que desarrolla en el vacío dos curvas y despejadas estalactitas. En ellas, la paciente fantasía de los chinos ha labrado todos los sueños formales del elefante.

 

 

 

 

LA CEBRA

 

 

La cebra toma enserio su vistosa apariencia, y al saberse rayada se entigrece.

  Presa en su enrejado lustroso vive en la cautividad galopante de una libertad mal entendida: Non serviam, declara con orgullo su indómito natural. Abandonando cualquier intento de sujeción, el hombre quiso disolver el elemento indócil de la cebra, sometiéndola a viles experiencias de cruza con asnos y caballos. Todo en vano. Las rayas y la condición arisca no se borran en cebrinos ni en cébrulas.

  Con el onagro y el cuaga, la cebra se complace invalidando la posesión humana del orden de los equinos. ¿Cuantos hermanos del perro se nos quedaron ya para siempre, insumisos, con oficios de lobo, de protelo y de coyote?

  Limitémonos pues al contemplar a la cebra. Nadie a llevado a tales extremos la posibilidad de henchir satisfactoriamente una piel. Golosas, las cebras devoran llanuras de pasto africano, a sabiendas de que ni el corcel árabe ni la pura sangre puede llegar a semejante redondez de las ancas ni a igual finura de cabos. Solo el caballo przewalski, modelo superviviente del arte rupestre, alude un poco al rigor formal de la cebra.

  Insatisfecha de su clara distinción espacial, las cebras practican todavía su gusto sin límites por las variantes individuales, y no hay una sola que tenga las mismas rayas de la otra. Anónimas y solípedas, pasean la enorme impronta digital que las distingue: todas cebradas, pero cada una a su manera.

  Es cierto que muchas cebras aceptan de buen grado dar dos o tres vueltas en la pista del circo infantil. Pero no es menos cierto también que, fieles al espíritu de la especie, lo hagan siguiendo un principio de altiva ostentación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA HIENA

 

 

Anima le pocas palabras. La descripción de las hienas debe hacerse rápidamente y casi como al pasar: tripe juego de aullidos, olores repelentes y manchas sombrías. La punta de plata se resiste, y fija a duras penas la cabeza de mastín rollizo, las reminiscencias de cerdo y de tigre envilecido, la línea en declive del cuerpo escurridizo, musculoso y rebajado.

  Un momento. Hay que tomas también algunas huellas esenciales del criminal: la hiena ataca en montonera alas bestias solitarias, siempre en despoblado y con hocico repleto de colmillos. Su ladrido espasmódico es modelo ejemplar de la carcajada nocturna que trastorna al manicomio. Depravada y golosa, ama el fuerte sabor de la carne pasadas, y para asegurarse el triunfo en las lides amorosas, lleva un bolsillo de almizcle corrompido entre las piernas.

  Antes de abandonas a este cerbero abominable del reino feroz, al necrófilo entusiasmado y cobarde, debemos hacer una aclaración necesaria: la hiena tiene admiradores y su apostolado no ha sido vano. Es tal vez el animal que más prosélitos ha logrado entre los hombres.

 

 

 

EL AJOLOTE

 

 

Acerca de ajolotes solo dispongo de dos informaciones dignas de confianza. Una: el autor de las cosa de la nueva España; otra la autora de mis días.

¡Simillima mulieribus¡ Exclamo el atento fraile al examinar detenidamente las partes idóneas en el cuerpecillo de esta sirenita de los charcos mexicanos.

  Pequeño lagarto de jalea. Gran gusarapo de cola aplanada y orejas de pólipo coral. Lindos ojos de rubí, el ajolote es un lingam de transparente ilusión genital. Tanto, que las mujeres no deben bañarse sin precaución en las aguas donde se deslizan estas imperceptibles y lucias criaturas. (En un pueblo cercano al nuestro, mi madre trato a una señora que estaba mortalmente preñada de ajolotes.)

  Y otra vez Bernardino de Sahún: “…y es carne delgada muy más que el capón y puede ser de vigilia. Pero altera los humores y es mala para la continencia. Dijeron me los viejos que comían axolotl asados que estos pejes venían de una dama principal que estaba con su costumbre, y que un señor de otro lugar la había tomado por fuerza y ella no quiso su descendencia, y que se había lavado luego en la laguna que dicen Axoltitlan, y que de allí vienen los acholotes”.

  Solo me queda agregar que Nemilov y Jean Rostand se han puesto de acuerdo y señalan a la ajolota como el cuarto animal que en todo el reino parece el ciclo de la catástrofes biológicas más o menos menstruales.

  Los tres restantes son la hembra del murciélago, la mujer, y cierta mona antropoide.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL BISONTE

 

 

Tiempo acumulado. Un montículo de polvo impalpable y milenario; un reloj de arena, una morrena viviente: esto es el bisonte en nuestros días.

  Antes de ponerse en fuga y dejarnos el campo, los animales embistieron por última vez, desplegando la manada de bisontes como un ariete horizontal. Pues evolucionaron en masas compactas, parecían modificaciones de la corteza terrestre con ese aire individual de pequeñas montañas; o una tempestad al ras del suelo por su aspecto de nubarrones.

  Sin dejarse arrebatar por esa ola de cuernos, de pezuñas y de belfos, el hombre emboscado arrojo flecha tras flecha y cayeron uno por uno los bisontes. Un día se vieron pocos y se refugiaron en el último redil cuaternario.

  Con ellos se firmo el pacto de paz que fundo nuestro imperio. Los recios toros vencidos nos entregaron el orden de los bovinos con todas sus reservas de carne y leche. Y nosotros le pusimos el yugo además.

  De esta victoria a todos nos ha quedado un galardón: el ultimo residuo de nuestra fuerza corporal, es lo que tenemos de bisonte asimilado.

  Por, eso en señal de respetuoso homenaje, el primitivo que somos todos hizo con la imagen del bisonte su mejor dibujo de Altamira.

EL CARABAO

 

Frente a nosotros el carabao repasa interminablemente, como Confucio y Laotsé, la hierba frugal de unas cuantas verdades eternas. El carabao, que nos obliga a aceptar de una vez por toda la raíz oriental de los rumiantes.

  Se trata simplemente de toros y de vacas, es cierto, y poco hay de ellos que justifique su reclusión en las jaulas de un parque zoológico. El visitante suele pasar de largo ante su estampa casi domestica, pero el observador atento se detiene a ver que los carabaos parecen dibujados por Utamaro.

  Y medita: mucho antes de las hordas capitaneadas por el Can de los Tártaros, las llanuras de occidente fueron invadidas por inmensos tropeles de bovinos. Los extremos de ese contingente se incluyeron en el nuevo paisaje, perdiendo poco a poco las características que ahora nos devuelve la contemplación del carabao: anguloso desarrollo de lo cuartos traseros y profunda implantación de la cola, final de un espinazo saliente que recuerda la línea escotada de las pagodas; pelaje largo y lacio; estilización general de la figura que se acerca un tanto al reno y al okapi. Y sobre todo los cuernos, ya francamente de búfalo: anchos y aplanados en las bases casi unidas sobre el testuz, descendiente luego a los lados en una doble y amplia curvatura que parece escribir en el aire la redonda palabra carabao.

CANTOS DEL MAL DOLOR

 

 

A veces pienso que ella es lo único que existe.

                      Pero ya es bastante; me atarea, me desborda;

                      Yo veo su fuerza atroz, unida a la inescrutable

                      Malicia que la vigoriza.

   Esta cosa inescrutable es, principalmente,

                     lo que yo odio, y ya sea la ballena blanca

                    agente, ya actúe por su propia cuenta, lo

                    cierto es que yo descargo ese odio sobre ella.

 

Said Méndez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOCO DOLENTE

 

 

Se participa a quien corresponde que ha cesado la búsqueda. Por acuerdo unánime y definitivo el Comité suspende las actividades encaminadas al hallazgo, después de que las ultimas brigadas sentimentales se perdieron para siempre en la Selva de los Sargazos. Una sonrisa, unos ojos, un olor que flotaban aquí y allá, han sido finalmente arrojados a la fosa común.

  En vez de acogerlas con la benevolencia de antaño, música de laúd y otras zalamerías, el Comité se propone llevar a los tribunales por el delito de suplantación de persona a todas las mentirosas, y pone en entredicho desde ahora a los psiquiatras, cirujanos plásticos y demás profesionistas que intervengan en la superchería.

  Por otra parte, se agrades cumplidamente a las criaturas del pasado que de buena o mala fe trataron de facilitar o de complicar esta búsqueda, proporcionando pistas falsas y patrocinando imposturas. Muy especialmente se menciona aquí a los señores Otto Weininger, Paul Claudel y Rainer Maria Rilke, porque con solicitud verdaderamente amistosa quisieron evitar al Comité penas y extravíos, poniendo a su disposición todo su acervo de conocimientos en la materia, así como un valioso consejo. A ellos y a otros amantes menores, la más cordial obligación.

  El Comité suspende la búsqueda, pero no desaparece. Olvidando su tradicional romanticismo, entra al terreno francamente comercial y se dedicara en adelante a la publicación opuscular de epistolario, relaciones, diarios íntimos, Infiernos de Enamorados, cuadernos de bitácora, lenguaje de las flores, mapas y cartas de marear, así como a la fabricación de amuletos, agujas marciales, péndulos radiestésicos, brújulas, rompecabezas, bebedizos, contadores Geiger, sismógrafos, imanes, copios, teles y micros, para uso de aquellos que todavía en nuestros días siguen buscando con ahinco y fuera de si un ilusorio complemento.

  Para dar cima a sus actividades de arrepentimiento y contrición, el Comité se propone agotar todos los ingresos obtenidos y erigir un grandioso cenotafio o cenobio en honor de la persona desconocida, que probablemente se convierta en santuario para los peregrinos y turistas que acepten honradamente, en reclusión devota, la soledad radical de sus espasmos.

  En la medida que lo permitan las reminiscencias literarias y arqueológicas, así como la cuantía de los fondos disponibles, el cenotafio, entre un dédalo de acequias y jardines, tratara de parecerse lo más posible a la tumba de Mausolo.

 

 

 

 

CASUS CONSCIENTIAE

 

 

Tu sangre derramada está clamando venganza. Pero en mi desierto ya no caben espejismos. Soy un alienado. Todo lo que me acontece ahora en la vigilia y en el sueño se resuelve y cambia de aspecto bajo la luz ambigua que esparce la lámpara en el gabinete del psicoanalista

  Yo soy el verdadero asesino. El otro ya esta en la cárcel y disfruta todos los honores de la justicia mientras yo naufrago en libertad.

  Para consolarme, el analista me cuenta viejas historias de errores judiciales. Por ejemplo, la de que Caín no es culpable. Abel murió abrumado por su complejo adípico y el supuesto homicida asumió la quijada de burro con estas enigmáticas palabras: “¿Acaso soy yo el superego de mi hermano?” Así justifico un drama primitivo de celos familiares, lleno de reminiscencias infantiles, que la Biblia encubre con el simple propósito de ejercitar la perspicacia de los exploradores del inconsciente. Para ellos, todos somos Abeles y Caínes que en alguna forma intercambian y enmascaran su culpa.

  Pero yo no me doy por vencido. No puedo expiar mi pecado de omisión y llevo este remordimiento agudo y limpio como una hoja de puñal: me fue transmitido literalmente, de generación en generación, el instrumento del crimen. Y no he sido yo quien derramó tu sangre.

KALENDA MAYA

 

                                                   A Midsummer Night’s Dream

En larguísimos túneles sombríos duermen las niñas alineadas como botellas de champaña. Los maléficos ángeles del sueño las repasan en silencio. Golosos catadores, prueban un por una las almas en agraz, les ponen sus gotas de alcohol o de acíbar, sus granos de azúcar. Así se van yendo por su lado las brutas, las damisecas  y las dulces un día todas burbujeantes y núbiles. A las mas exaltadas les aseguran el tapón de corcho con alambres, para sorprender a los ingenuos la noche del balazo.

  Viene luego la promiscuidad de los brindis, conforme van saliendo las cosechas al mercado. Hay que compartir el amor, porque es una fermentación morbosa, se sube pronto a la cabeza, y nadie puede consumir una mujer entera. ¡Kalenda maya¡ La fiesta continúa, mientras ruedan por el suelo las botellas vacías.

  Sí, la fiesta continúa en la superficie. Pero allá, en las profundidades del sótano, sueñan las niñas con funestas alegorías, preparadas con espíritus malignos. Silenciosos entrenadores las ejercitan con sabios masajes, las inician en equivocados juegos. Pero sobre todo, les oprimen el pecho hasta asfixiarlas, para que puedan soportar el peso de los hombres y siga la comedia, la pesadilla del cisne tenebroso.

HOMENAJE A JOHANN JACOBI BACHOFEN

 

Divina Psiquis, dulce mariposa invisible.

R. M.

 

Abrumado por las diosas madres que lo ahogaban telúricas en senos pantanosos, el hombre dio un paso en seco y puso en su lugar para siempre a las mujeres. ¿Para siempre?

  El antropopiteco empezó a erguirse cada vez mas, vacilante en dos pies, como un niño, como un borracho de nuestros días. Pero poco a poca se le fue acentuando la cabeza y camino paso a paso al pensamiento conceptual. Ella, en cambio, tardo mucho tiempo en adoptar la posición erecta, sobre todo por razones de embarazo y de pecho. Entre tanto, perdió estatura, fuerza y desarrollo craneano.

  El troglodita amplio su concepto del mundo alejándose cada vez mas de la húmeda caverna, desdeñando una dieta monótona y vegetariana. Sin embargo, después de sus vagabundeos, volvía ya entrada la noche dando como disculpa pequeños trofeos de caza y pesca, así como juguetes para los niños. Cuando llegaba con las manos vacías, ebrio de aventuras y contemplaciones, ante los gruñidos de reclamo y descontento, su espíritu desarrollo el recurso del pulgar oponible, origen de todas las técnicas, haciendo el ademán característico que ha llegado hasta nosotros como signo injurioso: las higas caras a Santa Teresa y a Góngora.

  Entre este párrafo y el anterior, hay un periodo, una laguna histórica que es muy difícil llenar, porque arqueólogos y antropólogos no se han puesto de acuerdo y vacilan mucho en sus milenios. Digamos estéticamente que se trata del lapso que separa las esteatitas, las rocas serpentinas y los cantos rodados del auriñaciense, de las esculturas policromadas por el artista de Tel El Amarna.

  Dueño ya de su lenguaje y en plena literatura fantástica, el hombre sepulto para siempre en su memoria a la Venus de Willendorf. Hizo nacer de su cortado a la Eva sumisa y fue padre de su madre en el sueño neurótico de Adán…

  ¿Para siempre? ¡Cuidado! Estamos en pleno cuaternario.

La mujer esteatopigia no puede ocultar ya sus resentimientos.

Anda ahora libre y suelta por las calles, idealizada por las cortes de amor, nimbada por la mariología, ebria de orgullo, virgen, madre y prostituta, dispuesta a capturar la dulce mariposa invisible para sumergirla otra vez en la remota cueva marsupial.

 

 

 

 

 

 

 

HOMENAJE A REMEDIOS VARO

 

 

Aunque la iglesia ha desautorizado la leyenda de San Jorge y ahora corre exclusivamente por cuenta y riesgo de Jacobo de Vorágine, no faltan héroes dispuestos a salvar a la princesa.

  Hay un caso ejemplar. La doncella inexperta a punto de caer en las fauces de un tipo con facha de dragón, lengua relampagueante y chaleco de fantasía. En vez de echar mano a la espada, el hijodalgo guardo las distancias y desfilo el encuentro de una manera ingeniosa. Se coloco frente al dragón, es cierto, pero de modo que la dama quedara de por medio, equidistante. Y cuando ella iba a dar el paso decisivo hacia la bestia mitológica, ayudado por un grupo de sacripantes, el doncel arrastro a la indecisa hasta el nido de murciélagos donde cobro inmediatamente el precio de su fama, como suelen haces tales héroes (exceptuando a San Jorge, aunque ya vimos que su aventura es apócrifa).

  Cuentan las malas lenguas que el joven protagonista de nuestra historia escapo de un cuadro de Remedios, que tiene hábitos de vampiro y se ha dedicado a chuparle la sangre a la princesa: mariposa a quien salvo de la muerte de fuego.

 

 

LA NOTICIA

 

Yo acariciaba las estatuas rotas…

R. M.

 

El golpe fue tan terrible que para no caer tuve que apoyarme en la historia. Sin venir al caso me vi en la tina de baño, sarnoso Marat frente a Carlota Corday.

  El suelo se ha ido de los pies y la memoria en desorden me coloca en puras situaciones infames. Soy por Margarita de Borgoña arrojado en un saco de Sena, Teodora me manda degollar en el hipódromo, Coatlicue me asfixia bajo su falda de serpiente…Alguien me ofrece al pie de un árbol la fruta envenenada. Ciego de cólera derribé las columnas de Sansón sobre una muchedumbre de cachondas filisteas.

(Afortunadamente siempre he llevado largos los cabellos, por las dudas.)

  una procesión de cornudos ilustres me paso por la cabeza y yo elegí entre todos a Urías el hitita. Valientemente me puse a su lado en la primera línea del combate, mientras David se acostaba con Betsabé. Y nos dimos la mano, moribundos.

  Finalmente me refugie en el rapto de sabinas. Y allí, entre una bárbara confusión de cabelleras, piernas y alaridos, me hice el perdedizo. Dejé que se las llevaran a todas, tranquilamente, y la que estaba dándome la noticia se convirtió en un fantasma incoloro.

  Como los romanos adoptaron hasta las niñas recién nacidas, la historia de nuestro pueblo concluye felizmente en la anécdota del parto. No mas asuntos de mujeres.

  El fantasma incoloro que estaba dándome la noticia desapareció por completo y yo me considero, con justa razón, el ultimo representante de la estirpe sabina.

  De vez en cuando abandono mi soledad hombruna, paseo vagamente por las ruinas del Imperio y acaricio en sueños las estatuas rotas…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NAVIDEÑA

 

 

La niña fue a la Posada con los ojos vendados para romper la piñata, pero la quebraron a ella .Iba con traje de fiesta, en cuerpo de tentación y alma de consentimiento.

  (Como buen psiquiatra, un amigo mío ha explicado este afán mexicano de romper vasijas de barro llenas de fruta y previamente engalanadas con perifollos de papel de china y oropeles, de la siguiente manera: un rito de fertilidad que contradice la melancolía de diciembre. La piñata es un vientre repleto; los nueve días festivos corresponden a otros tantos meses de embarazo; el palo agresor es un odioso símbolo sexual; la venda en los ojos, la ceguera del amor y etcétera, etcétera, pero volvamos a nuestro cuento.)

  Ibamos en que descalabraron a la niña, en plena Posada…

  (Nos hizo falta agregar que las piñatas, según el criterio apuntado, adoptan toda clase de formas para satisfacer el impulso agresivo de los niños en contra de sus seres queridos: palomitas, toritos, borriquitas, naves espaciales y pierrots y colombinas.)

  Con el palo, en plena Posada. Y hubo cubas libres de por medio. ¿Cómo acaba la historia? Tendremos que esperar unos meses para saberlo. Puede ser feliz, si la niña da con puntualidad su fruta de piñata. Así tendrá su apoyo casi metafísico la tesis de mi amigo el psiquiatra, destacado autor de cuentos de Navidad.

EL REY NEGRO

 

J’ay aux esches joué devant Amours.

R. M.

 

Yo soy el tenebroso, el viudo, el inconsolable que sacrifico su ultimo torre para llevar un peón femenino hasta la séptima línea, frente al alfil y el caballo de las blancas.

  Hablo desde mi base negra. Me tentó el demonio en la hora tórrida, cuando tuve por lo menos asegurado el empate. Soñé la coronación de una dama y caí en un error de principiante, en un doble jaque elemental…

  Desde el principio jugué mal esta partida: debilidades en la apertura, cambio apresurado de piezas con clara desventaja… Después entregue la calidad para obtener un peón pasado: el de la dama. Después…

  Ahora estoy solo y vago inútil por el tablero de blancas noches y de negros días, tratando de ocupar casillas centrales, esquivando el mate de alfil y caballo. Si mi adversario no lo efectúa en un cierto numero de movimientos, la partida es tablas. Por eso sigo jugando, atenido en última instancia al Reglamento de la Federación Internacional de Ajedrez, que a la letra dice:

 

Articulo 12° La partida es Tablas:

 

Inciso 4) Cuando un jugador demuestra que cincuenta jugadas por lo menos han sido realizadas por ambas partes sin que allá tenido lugar captura alguna de pieza ni movimiento de peón.

 

  El caballo blanco salta de un lado a otro, sin ton ni son, de aquí para allá y de allá para acá. ¿Estoy salvado? Pero de pronto me acomete la angustia y comienzo a retroceder inexplicablemente hacia uno de los rincones fatales.

  Me acuerdo de una broma del maestro Simagin: El mate de alfil y caballo es mas fácil cuando uno no sabe darlo y lo consigue por instinto, por una implacable voluntada de matar.

  La situación ha cambiado. Aparece en el tablero el triangulo de Delétang y yo pierdo la cuenta de las movidas.

Los triángulos se sucede uno tras otro, hasta que me veo acorralado en el último. Ya no tengo sino tres casillas para moverme: uno de caballo rey, y uno y dos torre.

  Me doy cuenta entonces de que mi vida no ha sido más que una triangulación. Siempre elijo mal mis objetos amorosos y los pierdo uno tras otro, como el peón de siete dama. Ahora tres figuras me acometen: rey, alfil y caballo. Ya no soy vértice alguno. Soy un punto muerto en el triangulo final. ¿Para que seguir jugando? ¿Por que no me deje dar el mate del pastor? ¿O de una vez el del loco? ¿Por qué no caí en una variante de Legal? ¿Por qué no me mato Dios mejor en el vientre de mi madre, dejándome encerrado allí como en la tumba de Filidor?

  Antes de que me hagan la última jugada decido inclinar mi rey. Pero me tiemblan las manos y lo derribo del tablero.

Gentilmente, mi joven adversario lo recoge del suelo, lo pone en su lugar y me mata en uno torre, con el alfil.

  Ya nunca más volveré a jugar al ajedrez. Palabra de amor. Dedicare los días que me quedan de ingenio al análisis de las partidas ajenas, a estudiar finales de reyes y peones, a resolver problemas de mate en tres, siempre y cuando en ellos sea obligatorio el sacrificio de la dama.

 

 

(A Sheila Montserrat Montaño Ordás)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HOMENAJE A ROD SAI

 

 

Al rayo de sol, la sarna es insoportable. Me quedare aquí en la sombra, al pie de este muro que amenaza derrumbarse.

  Como a buen romántico, la vida se me fue detrás de una perra. La seguí con celo entrañable. A ella, la que tejió laberintos que no llevaron a ninguna parte. Ni siquiera al callejón sin salida donde soñaba atraparla. Todavía hoy, con la nariz carcomida, reconstruir uno de esos itinerarios absurdos en los que ella iba dejando, aquí y allá, sus perfumadas tarjetas de visita.

  No he vuelto a verla. Estoy casi ciego por la pitaña. Pero de vez en cuando vienen los malintencionados a decirme que en este o en aquel arrabal anda volcando embelesada los tachos de basura, pegándose con perros grandes, desproporcionados.

  Siento entonces la ilusión de una rabia y quiero morder al primero que pase y entregarme a las brigadas sanitarias. O arrojarme a mitad de la calle a cualquier fuerza aplastante.

(Algunas noches, por cumplir, ladro a la luna.)

  Y me quedo siempre aquí, roñoso. Con mi lomo de lija. Al pie de este muro cuya frescura socavo lentamente. Rascándome, rascándome….

 

 

 

COCKTAIL PARTY

 

 

“¡Me divertí como loca¡”, dijo Monna Lisa con su voz de falsete, y ante ella se extasiaron reverentes los imbéciles en coro de ranas boquiabiertas. Su risa dominaba los salones del palacio como el chorro solista de una fuente insensata. (Esa noche en que las aguas de amargura penetraron hasta mis huesos.)

“!Me divertí como loca¡” Yo asistía a la reunión en calidad de representante del espíritu, y recibía a cada paso los parabienes, los apretones de mano, los canapés de caviar y los cigarrillos, previa exhibición de mis credenciales. (En realidad había ido solo por ver a Monna Lisa.) “¿Qué pinta usted por ahora?” Los monstruos de brocado y pedrería iban y venían en el acuario de humo, de arrayán venenoso y gorgoritos. Ciego de cólera y haciendo brillar mis linternas de fósforo en la sombra, quise atraer la atención de Monna Lisa hacia las grandes profundidades. Pero ella solo picaba en anzuelos superficiales, y los elegantes de verbo ampuloso la devoran con los ojos.

  “¡Me divertí como loca¡” Finalmente tuve que esconderme en un rincón de la fiesta, rodeado de falsos discípulos, con mi vaso de cicuta en la mano. Una señora de edad se acercó para decirme que quería tener en su casa algo mío: un pastel de sorpresa para su próximo banquete, una tina de baño con llave mezcladora para el agua caliente, o unas estatuas de nieve, como esas tan lindas que Miguel Ángel modela los inviernos en el palacio Médicis. En mi calidad de representante del espíritu ignore cortésmente todas las insinuaciones de la señora, pero la asistí en su parto de difíciles ideas. Me quede un rato mas, hasta apurar las heces de mi último jaibol, y tuve ocasión de despedirme de Monna Lisa. En el umbral de la puerta, con el rostro perdido en su abrigo de pieles me confeso sinceramente, así entre nos, que se había divertido como loca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA TRAMPA

 

Hay un pájaro que vuela en busca de su jaula

R. M.

 

Cada vez que una mujer se acerca turbada y definitiva, mi cuerpo se estremece de gozo y mi alma se magnifica de horror.

  Las veo abrirse y cerrarse. Rosas inermes o flores carniceras, en sus pétalos funcionan goznes de captura: párpados tiernos, suavemente aceitados de narcóticos. (En torno a ellas, zumba el enjambre de jóvenes moscardones pedantes.)

  Y caigo en almas de papel insecticida, como en charcos de jarabe. (Experto en tales accidentes, despego una por una mis patas de libélula. pero la ultima vez, quede con el espinazo roto.) Y aquí voy volando solo.

  Sibilas mentirosas, ellas quedan como arañas enredadas en su tela. Y yo sigo otra vez volando solo, fatalmente, en busca de nuevos oráculos.

  ¡Oh Maldita, acoge para siempre el grito del espíritu fugaz, en el pozo de tu carne silenciosa¡

 

 

 

 

 

CABALLERO DESARMADO

 

 

Yo no podía quitarme semejantes ideas de la cabeza. Pero un día mi amigo el arcángel, al doblar una esquina y sin darme tiempo siquiera de saludarlo, me cogió por los cuernos y levantándome del suelo con sinceridad de atleta, me hizo dar en el aire una vuelta de carnero. Las astas se rompieron al ras de la frente (tour de force magnifique), y yo caí de bruces, cegado por la doble hemorragia. Antes de perder el conocimiento esbocé un gesto de gratitud hacia el amigo que se escapaba corriendo y gritándome excusas.

  El proceso de cicatrización fue lento y doloroso, aunque yo trate de acelerarlo lavándome a diario las heridas con un poco de sosa cáustica disueltas en agua de Leteo.

  Volví a ver hoy al arcángel, en ocasión de mi cuadragésimo cumpleaños. Con gesto exquisito me trajo mis cuernos de regalo, montados ahora en un hermoso testuz de terciopelo. instintivamente los coloque en a cabecera de mi lecho como un símbolo practico y funcional: de ellos he colgado esta noche, antes de acostarme, todos mis arreos de juventud.

 

 

 

 

 

POST SCRIPTUM

 

 

Ya con el cañón de la pistola en la boca, apoyada contra el paladar, entre un aceitoso y frío sabor de acero pavonado, sentí la náusea incoercible que me producen todas las frases hechas. “ A nadie….”

  No temas. No voy a poner aquí tu nombre, tu a quien debo la muerte. La muerte melancólica que me diste hace un año y que yo aplacé lúcidamente para no morir como un loco.   ¿Te acuerdas? Me dejarse solo. Boxeador noqueado en su esquina, con la cabeza metida en un cubo de hielo.

  Es cierto. Bajo el golpe me sentí desfigurado, confuso, indefinible. Y todavía me veo caminar falsamente, cruzando la calle con el cigarro apagado en la boca, hasta el poste de enfrente.

  Llegué a mi casa borracho, volviendo el estomago. De bruces en el lavabo, levanté la cabeza y me vi en el espejo. Tenía una cara de Greco. De bobo de Toledo. Y no quise morirme con ella. Destruyendo esa máscara se me fue todo un año. He recuperado mis facciones, una por una, posando para el cincel de la muerte.

  Hay condenados que se salvan en capilla. Yo parezco uno de ésos. Pero no voy a escapar. Disfruto el aplazamiento con los rigores de estilo. Y aquí estoy vivo, bloqueado por una frase: “no se culpe a nadie….”

 

LA LENGUA DE CERVANTES

 

 

Tal vez la pinté demasiado Fra Angélico. Tal vez me excedí en el color local de paraíso. Tal vez sin querer le di la pista entre el catálogo de sus virtudes, mientras vaciábamos los tarros de cerveza con pausas de jamón y chorizo. El caso es que mi amigo halló bruscamente la clave, la expresión castiza, dura y roma como un puñal manoseado por generaciones de tahúres y rufianes, y me clavó sin más ¡puta! en el corazón sentimental; escamoteando la palabrota en un rojo revuelo de muleta: la gran carcajada española que hizo estallar su cinturón de cuero ante el empuje monumental de una barriga de Sancho que yo no había advertido jamás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BALADA

 

 

El gavilán que suelta su tórtola en el aire y gana las alturas con el estomago vació; el barquero que tira por la borda el cargamento y recobra su línea de flotación; el bandido que arroja la bolsa en su carrera y se salva por piernas de la fortuna o de la horca; el primitivo aeronauta que corta para siempre las amarras de su globo y saluda y se despide desde la canastilla agitando su sombrero de copa sobre la muchedumbre pedestre. Todos me dicen: mira tu paloma.

    Ya puedes ser del chivo, del puerco, del caimán y del caballo.

 

El que abriéndose las venas en la tina del baño dio por fin rienda suelta a sus rencores; el que cambió de opinión en la mañana llena de estupor y en vez de afeitarse hundió la navaja al pie de la jabonadura ( afuera, en el comedor, lo esperaba el desayuno envenenado por la rutina de todos los días ); los que de un modo o de otro se mataron de amor o de rabia, y los que se fueron por el ábrete sésamo de la locura, me están mirando y me dicen con la sonrisa extraviada: mira tu paloma.

    Ya pude ser del chivo, del puerco, del caimán y del caballo.

 

Mírala desde el yértice del amor propio, girando en barrena, dándolo todo al diablo, descendiendo con pocas alas y con mucho bodrio.

Mírala cumpliendo con la intima ley de su gravedad, cayendo en la piara, enganchándose en los cuernos, entrando por el hocico empedrado de colmillos, yaciendo en los lomos calientes y desnudos. Desplumada ya por las pinches, espetada en el asador del cocinero indecente; trufada de anécdotas para el regocijo de los bergantes y el usufructo de los follones.

    Ya puede ser del chivo, del puerco, del caimán y del caballo.

 

ENVIO

 

Amor mío: todas las pescaderías y las carnicerías del mundo me han enviado hoy en tu carta sus reservas de materiales podridos. Naufrago en una masa de gusanos aplastados, y con los ojos llenos de lágrimas inmundas empaño el azul purísimo del cielo.

    Ya puedes tú ser del chivo, del puerco, del caimán y del caballo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TU Y YO

 

 

Adán vivía feliz dentro de Eva en un entrañable paraíso. Preso como una semilla en la dulce sustancia de la fruta, eficaz como una glándula de secreción interna, adormilado como una crisálida en el capullo de seda, profundamente replegadas las alas del espíritu.

  Como todos los dichosos, Adán abomino de su gloria y se puso a buscar por todas partes la salida. Nado a contracorriente en las densas aguas de la maternidad, se abrió paso a cabezadas en su túnel de topo y corto el blando cordón de su alianza primitiva.

  Pero el habitante y la deshabitada no pudieron vivir separados. Poco a poco, idearon un ceremonial llenos de nostalgias prenatales, un rito intimo y obsceno que debía comenzar con la humillación consiente por parte de Adán. De rodillas como ante una diosa, suplicaba y depositaba toda clase de ofrendas. Luego, con voz cada vez mas urgente y amenazante, emprendía un alegato favorable al mito del eterno retorno. Después de hacerse mucho rogar, Eva lo levantaba del suelo, esparcía la ceniza de sus cabellos, le quitaba las ropas de penitente y lo incluía parcialmente en su seno. Aquello fue el éxtasis. Pero el acto de magia imitativa dio sus malos resultados en lo que se refiere a la propagación de la especie. Y ante la multiplicación irresponsable de adanes y evas  que traería como consecuencia el drama universal, una y otros fueron llamados a cuentas. (Con su mudo clamor, todavía estaba fresca en el suelo la sangre de Abel.)

  Ante el tribunal supremo, Eva se limito, entre cínica y modesta, a hacer una exhibición más o menos velada de sus gracias naturales, mientras recitaba el catecismo de la perfecta casada. Las lagunas del sentimiento y la fallas de la memoria fueron suplidas admirablemente por un extenso repertorio de risitas, arrumacos y dengues. Finalmente, hizo una espléndida pantomima del parto doloroso.

  Adán, muy formal por su parte, declamo un extenso  resumen de historia universal, convenientemente expurgado de miseria, matanzas y dolor. Habló del alfabeto y de la invención de la rueda, de la odisea del conocimiento, del progreso de la agricultura t del sufragio femenino, de los tratados de paz y de la lírica provenzal…..

  Inexplicablemente, nos puso a ti y a mi como ejemplo. Nos definió como pareja ideal y me hizo el esclavo de tus ojos. Pero de pronto hizo brillar, ayer mismo, esa mirada que viniendo de ti, por siempre nos separa.

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ENCUENTRO

 

 

Dos puntos que se atraen, no tienes por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es procedimiento más corto. Pero hay quienes prefieren el infinito.

  Las gentes caen unas en brazos de otras sin detallar la aventura. Cuando mucho, avanzan en zigzag. Pero una vez en la meta corrigen la desviación y se acoplan. Tan brusco amor es un choque, y los que así se afrontaron son devueltos al punto de partida por un efecto de culata. Demasiado proyectiles, su camino al revés los incrusta de nuevo, repasando el cañón, en un cartucho sin pólvora.

  De vez en cuando, una pareja se aparta de esta regla invariable. Su propósito es francamente lineal, y no carece de rectitud. Misteriosamente, optan por el laberinto. No pueden vivir separados. Esta es su única certeza, y van a perderla buscándose. Cuando uno de ellos comete un error y provoca el encuentro, el otro finge no darse cuenta y pasa sin saludar.

 

 

 

 

 

 

 

DAMA DE PENSAMIENTOS

 

 

Esa te conviene, la dama de pensamientos. No hace falta consentimiento ni cortejo alguno. Solo, de vez en cuando, una atenta y encendida contemplación.

  Toma una masa homogénea y deslumbrante, una mujer cualquiera (de preferencia joven y bella) , y alójala en tu cabeza. No la oigas hablar. En todo caso, traduce los rumores de su boca en un lenguaje cabalístico donde la sandez y el despropósito se ajusten a la melodía de las esferas.

  Si en las horas más agudas de tu recreación solitaria te parece imprescindible la colaboración de su persona, no te des por vencido. Su recuerdo imperioso te conducida amablemente de la mano a uno de esos rincones infantiles en que te aguada, sonriendo malicioso, su fantasma condescendiente y trémulo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TEORIA DE DULCINEA

 

 

En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se paso la vida eludiendo a la mujer concreta.

  Prefirió el goce natural de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de patrañas, embustes y despropósitos.

  En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.

  El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenia enfrente, se echo en pos a través de paginas y paginas, de un pomposo engendro de fantasías. Camino muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encimas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Solo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca

  Pero un rostro polvoriento de pastora se lavo con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.

 

 

 

 

 

 

EPITALAMIO

 

 

La amada y el amado dejaron la habitación hecha un asco, toda llena de residuos amorosos. Adornos y pétalos marchitos, restos de vino y esencias derramadas. Sobre el lecho revuelto, encima de la profunda alteración de las almohadas, como una nube de moscas flotan palabras mas densas y cargadas que el aloe  y el incienso. El aire esta lleno de te adoro y de paloma mía.

  Mientras aseo y pongo en orden la alcoba, la brisa matinal orea con su lengua ligera pesadas masas de caramelo. Sin darme cuenta he puesto el pie sobre la rosa en botón que ella levaba entre sus pechos. Doncella melindrosa, me parece que la oigo como pide mimos y caricias, desfalleciente de amor. Pero ya vendrán otros días en que se quedara sola en el nido, mientras su amado va a buscar la novedad de otros aleros.

  Lo conozco. Me asaltó no hace mucho en el bosque, y sin hacer frases ni rodeos me arrojo al suelo y me hizo suya. Como un leñador divertido que pasa cantando una canción de obscena y siega de un tajo el tallo de la joven palmera.

 

 

 

 

 

LUNA DE MIEL

 

 

Ella se hundió primero. No debo culparla, porque los bordes de la luna aprecian lejanos e imprecisos, desfigurados por el amarillo. Lo malo es que me fui tras ella, y pronto nos hallamos engolfados en la profunda dulzura.

  Inmensos en el mar espeso de apareados nadadores, navegamos por mucho tiempo sin rumbo y sin salida. Flotamos al asar de entorpecidas caricias, lentos en la alcoba melosa esférica y continua.

  De vez en cuando alcanzábamos una brizna de realidad, un islote ilusorio, un témpano de azúcar más o menos cristalizado.

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4 comentarios

  1. por que en algunas frases el pone las iniciales de R.M.??…alguien sabe por ke?

  2. Lamento si mi acto denota ingenuidad e ineptitud…
    Mas, ha llamado poderosamente mi atencion vuestras lineas que llevan por titulo “Articulo 12° La partida es Tablas:” dado que es dedicado cierta señorita de nombre Sheila Montserrat Montaño Ordás no deseo incomodar, y si asi fuese deseo acepte mis disculpas caballero, pero…
    Dicha dama* ha formado parte de vuestro dia a dia, o solo ha sido plasmado de algun texto original de otra autoria?
    Estare pendiente de vuestra respuesta, hasta entonces y discupe la molestia.

    • El texto es de Dn juan José Arreola, ya finado y es èl que le dedica su obra a la persona en cuestión a la Srita sheila. Complicado saberlo si formo parte de la cotidianidad del Señor Arreola. Un abrazo.

  3. […] Versión digital […]


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