LA NOCHE DEL ELEFANTE DE GUSTAVO ROLDÁN

http://www.ebicentenario.org.ar/documentos/mat_lengua/La%20noche%20del%20elefante.pdf

Carta a los chicos

Muchos dicen que en el monte chaqueño no hay elefantes. Y un poco de razón tienen, porque antes no había. Pero ahora sí hay, después de la historia que se cuenta en este libro.¿Qué donde están? Ahí no más, junto al Bermejo, entre Lavalle y Vapor  Quebrado.

Muchos también dicen que no es cierto, que son puros inventos de un mentiroso.Para eso nada mejor que mostrar las pruebas, así se termina la discusión. Y qué mejor prueba que una fotografía donde aparezco yo mismo junto a un elefante, sacada en agosto de 1995, justito en la zona donde hay un vapor que dicen que se hundió cuando remontaba el Bermejo.

Bueno, me acaban de entregar las fotos recién reveladas, y se ve que los elefantes se corrieron un poco para el costado y no salieron. Pero salió un chivito. Apenas vuelva al monte, me saco otra foto con los elefantes.

El circo llegó al pueblo, y con el circo llegó el elefante.

– ¡Estoy podrido!-fue lo único que se le oyó decir cuando bajó del tren.

El elefante había viajado con el circo por París, Londres, Moscú, Buenos aires, siempre por las

más grandes ciudades del mundo, y ahora,  cruzando el Chaco, había llegado a Sáenz peña,

que seguramente también era una de las grandes  ciudades del mundo.  ahí fue cuando dijo:

           – ¡Estoy podrido!

Y no habló más. Los otros animales lo miraron sorprendidos, porque no estaban acostumbrados a que anduviera protestando. Al contrario, tenía fama casi de demasiado manso. La rutina siguió. levantaron la carpa, acomodaron las jaulas de las fieras, y prepararon un desfile por las calles para que a todo el pueblo le diera ganas de ir a ver las maravillas del circo más hermoso.

Todo marchaba sobre ruedas. o por lo menos parecía. Nadie se había dado cuenta de que el elefante andaba más trompudo que de costumbre. Nadie sabía que mientras el tren iba recorriendo los caminos del Chaco el elefante se había puesto a oler.

Fue un olor que le llegó de golpe, mientras descansaba tranquilamente en su jaula junto con abundante pasto y agua limpia, y fue como si la tierra se hubiera dado vuelta. Sintió apenas una especie de cosquilla que le hormigueaba desde la trompa hasta la punta de la cola,  y de pronto supo de qué se trataba.

Era el olor de los árboles, era el olor de un río, era el olor de la selva. Miró por entre los barrotes de su jaula y vio miles de pájaros que volaban y se posaban en los árboles,  y miró los árboles. No eran los mismos que conociera, pero eran árboles. Tampoco los pájaros eran los mismos, pero eran pájaros. De un lugar así lo habían sacado los cazadores hacía muchos  años, tantos, que ya ni sabía que se acordaba. pero ahora de golpe, se le vino encima toda la memoria.

Y entonces se acordó de los grandes espacios por donde correteaba con la manada, se acordó del calor y de las noches inmensas cuando toda la tierra era de los elefantes. se acordó de las grandes caminatas para buscar agua y comida y de las peleas con el tigre.

Y se acordó del miedo. Sigue leyendo