MINICUENTOS Y TEXTOS BREVES EN LA LITERATURA VENEZOLANA DEL SIGLO XX POR VIOLETA ROJO

Las catalogaciones por lo general son difíciles. En la literatura de fin de milenio, las formas textuales están de tal manera imbricadas unas con otras que hacer una distinción de género ha terminado convirtiéndose en un ejercicio complicado y muy falible, en el que siempre se dejan cabos sueltos. Pero si la clasificación genérica y la teorización son ejercicios complejos, también lo son las periodizaciones de un fenómeno literario. Así, en los años 90, nos resulta fácil establecerdiferencias entre las expresiones literarias de los 70 y los 80, por dar un ejemplo, pero es probable que dentro de 100 años estas fronteras se diluyan y no sean tan perceptibles como ahora.
Hace un tiempo, consideraba que entre el minicuento y un cuento corto existía una diferencia muy sutil, pero al mismo tiempo inequívoca. Pensaba que los cuentos cortos son
cuentos breves, mientras que los minicuentos son narraciones muy breves con un desarrollo veloz, un final sorpresivo y que se cierran de una manera muy precisa. Ahora ya no tengo certezas, la única que me queda es que hay textos más breves que lo habitual. La longitud, quizás es lo único que los distingue de otros textos, brevedad que, a su vez, viene dada por escogencias temáticas particulares y decisiones estilísticas que requieren poco espacio. Cuando se intenta parodiar
fábulas, definiciones de diccionario, bestiarios o proverbios se escriben textos breves. No hay otra manera de hacerlo ya que la temática no permitiría otra extensión. También hay autores que, simplemente, escriben breve. Quizás por ser artífices depurados del buen decir, no se dedican a largas extensiones. 
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