MINIFICCIONES DE MIRIAM CHEPSY


cielo-estrelladoCREACIÓN

 

Y un universo se creó en su interior. Las palabras se condensaron como galaxias narrativas que giraban atraídas por la fuerza de una idea.

 

ENCUENTRO

 

Camina con sigilo entre los árboles enfundado en su camaleónico traje, a esa hora en que la sombra no puede delatar sus pasos. De pronto ve venir de frente a otro soldado. Es distinta su chaqueta, su gorra, el arma que lleva lista para ser usada.

Lo mira fijamente. Cree ver sus piernas temblando. En su cara lee sus mismos sentimientos encontrados. Descubre igual miedo y determinación, igual odio e inconfesables deseos de estrechar su mano.

Unos segundos después suenan al unísono los dos disparos. Quiebran el silencio, truncan el diálogo.

 

LUCHA INTERIOR

 

Frente a frente, sus deseos cumplidos y no cumplidos se disponen a librar una lucha encarnizada. Su cara refleja los avatares en el campo de batalla, se tensa y se distiende; la  boca sonríe o muestra un rictus amargo.

Al fin se duerme. Mañana sabrá, quizás, el resultado.

 

YUPPY

 

Sin poder controlarse, aparece nítida en su mente la imagen de aquella noche en que, desoyendo sus ruegos, lo hizo desaparecer enterrándolo más allá de su memoria.

Muchos años han pasado. Hoy, su atractivo cuerpo se siente como un muñeco sin contenido. En un flash-back instantáneo visualiza su trayectoria, su rol ascendente en la empresa, su familia impecable.

Se mira en el espejo y, detrás de su figura bronceada y elegante, ve emerger amenazadora, reclamando su espacio, la imagen de ese joven poeta que, olvidado ex – futuro posible, había aniquilado.

 

A LA MANERA DE BUÑUEL

A través de la ventana del sótano, atisba las piernas de la gente en su ir y venir por la vereda. Una visión lo perturba: medias de seda negra, que dibujan un arabesco sobre la piel, culminan en un par de zapatos de tacón de bruñido charol que todas las tardes se anuncian con su ritmo inconfundible.

Esa visión fugaz le provoca un ardiente deseo. Las admiradas piernas parecen responderle, se paran frente a su ventana y se deslizan,  acariciándose mutuamente. Así quedan un rato cada vez más largo, ante los ojos desorbitados de quien ya sólo quiere poseerlas. Hasta que, por fin se decide,  pasa su brazo por entre los barrotes cuando la cadencia del subir y bajar por la pantorrilla exacerba su deseo, y le quita con decisión el zapato.

Mientras escucha los pasos asimétricos que se alejan apurados, se acaricia lentamente con el fino tacón.

 

¡BASTA!

 

Huye sin mirar para atrás, con un hijo a cada lado.  Con la nostalgia  de la culpa,  del color negro alrededor de los ojos,  de los gritos con olor a alcohol,  de las palabras de los mayores que  le repiten: “¡Aguanta, niña, aguanta!”

Sin mirar para atrás. Golpea puertas que se cierran, conciencias adormecidas. La nada.

Lucha, Encuentra un mundo escondido. Encuentra a sus pares. Se puede oir su voz que retumba. Mensaje de tambor que quiere llegar adonde anida el miedo y la violencia, esa voz que repite una y otra vez: “¡Huye sin mirar para atrás!. ¡Huye con tus hijos! ¡Huye, mujer, antes de que te mate!”

 

2012 para el libro Basta! Cien mujeres contra la violencia de género

 

 

Miriam Chepsy nació cuando, en el año 2001, un día de Julio, entré en Ficticia para  presentar mi primera minificción. Ese nombre es, desde entonces, mi sello de fábrica para todo lo relacionado con la literatura, ya que el mío propio está ligado a la arquitectura, desde hace diez años la medioambiental o ecológica y sobre todo, siempre, a la docencia en Proyectos arquitectónicos. Hasta ese día del 2001 había sido Myriam Goluboff en mi Buenos Aires natal, agregando el Scheps de mi madre, según se acostumbra en España, cuando recalé, a mediados de 1975, con mi compañero y nuestro hijo de un año, en Coruña -ciudad-itsmo de Galicia, rodeada por puerto, rocas y playas, donde quedé anclada.

Debo confesar que Ficticia fue la cuna de mi vocación literaria. Yo no tenía, por entonces, la menor idea de qué era una minificción, pero tuve curiosidad y entré en la dirección que me había recomendado un amigo, otro Ficticiano de los de 2001, Jorge Pardo, quien a su vez se había enterado por su amiga Lola (Tequila). Él me contó que había concursos y me animó a participar. A partir de ese día no paré de escribir, aunque mermó la producción en estos dos últimos años, porque la vida me llevó a tener que hacerlo sobre mi otro tema, el de Myriam Goluboff Scheps.

En el año 2002, una experiencia de navegar por mi interior, (como la había definido Yerbabuena, un ficticiano que lo comentó en Puerto libre) a través de los ejercicios del taller virtual de Gabriela Onetto y Mario Levrero, que profundizaban en la expresión de los sentidos, me introdujo en el vicio de producir relatos. En el 2004, en Buenos Aires, tuve otra experiencia interesante, durante unos dos meses, la de trabajar, mano a mano, con Nomi Pendzik, alrededor de mis textos, en una época en que estaba obsesionada con el deseo de pulir el lenguaje y profundizar el conocimiento de la estructura de los relatos y de los personajes.

Durante los años 2004 y 2005, mandé cuentos y poemas a páginas literarias de Internet y a concursos .Logré, de ese modo, que algunos aparecieran en la red, y que otros, seleccionados, se publicaran en antologías, de esas que nadie puede leer porque no se encuentran en las librerías y también hay textos míos en dos libros, uno de minificciones y otro de poemas, compartiendo tomo con gente amiga, creados por el arte artesano de PilaR, a quien también se puede encontrar en los astilleros de Marina´

 

Me gusta ese estado de trance que me produce el teclear, cuando va naciendo un texto, en el que las manos se mueven a toda velocidad, dirigidas desde un núcleo que no domino concientemente y del que surgen personajes a los que el movimiento de los dedos dan forma definitiva, En estos dos últimos años no abandoné, tuve siempre algo entre manos: algún relato, un prólogo para uno de los libros de cuentos de un escritor amigo, salido, cómo no, de Puerto Libre, un comentario de pinturas para una exposición o el libro que estoy escribiendo con y para un pintor, sobre la obra de toda su vida y espero, como el personaje de uno de mis Círculos, empezar por fin mi novela, la que me ronda en la cabeza: un viaje por el laberinto de mi memoria.

Por fin, debo decir que Ficticia no sólo me abrió al mundo de la escritura, al de los comentarios y al de los tallereos, sino también al universo de sus autores, de los que varios, asomando entre los pixels, se convirtieron en amigos de carne y hueso.

 

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5 comentarios

  1. Ruben elegí tu blog para los premios Liebster Award, te dejo la nominación para que sepas lo que hay que hacer. vivianadisparatada.wordpress.com/2013/08/15/disparatada-recibio-el-liebster-award
    Felicidades y besos

    • Querida amiga me hace feliz, que tu mirada se haya detenido en PUROCUENTO, TU AMIGO solo ha concentrado el talento del mundo. Gracias por ser tan bondadosa… un beso

      • Felicitaciones, muy merecido. Un besote 🙂

  2. Tras de cada piedra, tras de cada soplo de viento, tras cualquier navegacion en Internet, se halla un cuento…
    esta vez, fue superado
    zeev


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