Paul Auster:Viajes por el Scriptorium


sendero

Viajes por el Scriptorium es el ejemplo perfecto de cómo una novelita de menos de doscientas páginas puede convertirse en una obra maestra. La trama que Paul Auster ha urdido está milimétricamente diseñada para mantener la tensión y el misterio y así atrapar al lector, que se ve brutalmente trasportado al mundo de la ficción, que se vuelve tan real como la propia realidad. Nada más empezar una especie de Gran Hermano orwelliano, un ojo que todo lo observa y que de todo toma nota, nos describe a un desconocido, que pronto deja de serlo al presentarlo como Míster Blank, recluido en una claustrofóbica habitación, en una situación de la que el personaje sabe en principio tanto como el lector, es decir, nada. Quién es, cómo ha llegado hasta allí o dónde se encuentra son datos que no se revelan hasta las últimas páginas de la novela ―aunque se intuyen―, todos de golpe y sopetón.

   En estas circunstancias Míster Blank va recibiendo una serie de visitas que van aportando con cuentagotas informaciones sobre su pasado, lo que, unido a sus recuerdos, forman un rompecabezas que deberá montar correctamente para conocer su verdadera identidad. Sus recuerdos no van más allá del día en que se despierta, aunque un oscuro fantasma planea sobre su memoria, que «está consumido por un implacable complejo de culpa. Y al mismo tiempo no puede evitar la sensación de ser víctima de una tremenda injusticia».

   El primer personaje con el que se encuentra Míster Blank es al mismo tiempo el más relevante. Se trata de una mujer llamada Anna, que demuestra sentir un cariño especial hacia la persona de Míster Blank, a pesar de que vagamente él recuerda haberle hecho algo horrible, «algo horroroso…, incalificable…, que no tiene perdón». Como ella misma aclara, Míster Blank la envió «a un lugar lleno de peligros, donde reinaba la desesperación, un sitio de muerte y destrucción», aunque a pesar de ello, «ha sacrificado su vida por una causa importante». No mucha más información aporta Anna sobre el pasado de Míster Blank, aunque confirma que Míster Blank está sometido a una especie de tratamiento. La galería de personajes que van visitando al desconocido a continuación confirma que en el pasado se dedicó a enviar, al igual que a Anna, a cientos de personas a misiones peligrosas.

   Una serie de documentos, muchos de ellos de sentido críptico, aportan una valiosa información sobre el oscuro pasado de Míster Blank. Entre esos papeles figuran fotografías de algunos de los personajes que le visitan o fragmentos de ficciones, de esbozos de novelas. Es precisamente este último elemento lo que permite a Auster comenzar a enfocar la novela desde el punto de vista que le interesa, introduciendo la intertextualidad. Una buena parte de Viajes por el Scriptorium es el desarrollo de una novela de ficción. En esta obra dentro de la obra se desarrolla la trama en un futuro utópico que guarda muchas similitudes con el de 1984, lo que en cierta medida da circularidad a la obra, ya que aparece escrita en forma de informe, de la misma manera que Viajes por el Scriptorium aparece también escrita en forma de informe. Auster crea un juego de estilos que va más allá de introducir una novela dentro de la obra: relaciona realidad y ficción, otorgando al primer elemento del binomio un peso menor con respecto al segundo, lo que hace que la novela tenga un atractivo componente onírico. La actitud de Míster Blank ante esta novela incompleta es indicativo del desenlace final: decide continuarla, dando importantes giros a la trama, reflexionando sobre la pertinencia y validez de determinadas acciones de los personajes; y en definitiva, ejerciendo a ojos del lector el oficio de escritor, sin ningún tipo de tapujos.

   Y es que la gran maestría de Auster no es la trama de la novela sino su capacidad para sobredimensionarla, para proyectar sobre ella una simbología que es, en definitiva, toda una revelación sobre el mundo de la escritura. Da un paso más allá del viejo experimento de Pirandello en Seis personajes en busca de autor, o del tosco intento unamuniano de Niebla. Con ojos modernos, los mismos con los que Jostein Gaarder escribiera el Mundo de Sofía, Auster hace un profundo análisis sobre las relaciones entre el autor y sus personajes. Finalmente Míster Blank se revela como álter ego de Auster, algo que se va haciendo patente a medida que los personajes van apareciendo en escena y el lector puede reconocer en ellos a antiguos personajes de otras novelas del escritor norteamericano. En la revelación final uno de ellos confiesa su naturaleza ficticia: «no somos nada, pero la paradoja es que nosotros, seres puramente imaginarios, sobrevivimos a la mente que nos creó, porque una vez arrojados al mundo existiremos hasta el fin de los tiempos, y nuestras historias seguirán contándose incluso después de que hayamos muerto». Es como si Míster Blank tuviera que pagar por las desdichas e injusticias sufridas por esos personajes a causa de Auster. Su rabia es la rabia que tendrían contra el propio Auster. Esta construcción novelística riza la intertextualidad, es un espejo textual con el que Auster trabaja la metaficción, establece un diálogo que da unidad y cohesión a toda su obra.

   Su confinamiento adquiere un carácter simbólico que convierte el castigo en una especie de pesadilla eterna, como si se tratara de una novela de Kafka. Míster Blank, en el poco tiempo en que es dueño de sí mismo y de sus recuerdos, es consciente del absurdo de su situación: «Mañana no recordaré ni una palabra de lo que he dicho hoy. Y usted lo sabe. Lo sé hasta yo, que no sé ni por dónde ando». Está condenado a vivir en «un estado de perpetua incertidumbre», condenado a olvidar cada noche su vida, a recomenzar cada mañana, a construirse a sí mismo cada día. Pocas veces se ha visto un símbolo tan genial de la figura del escritor. Pero al mismo tiempo se sitúa en un plano absurdo, al mismo nivel que la condena impuesta a Sísifo. El habitáculo se convierte en un minúsculo infierno, del que no se puede salir porque no se encuentra en ningún lugar: «mientras permanezca en la habitación con la puerta cerrada y los postigos cerrados en la ventana, jamás morirá, no desaparecerá, nunca será otra cosa que las palabras que estoy escribiendo en su página».

   Pero lo más sorprendente y enigmático del castigo es la confesión que hace uno de los personajes: «todo esto fue idea suya. Sólo hacemos lo que usted nos pidió que hiciéramos». No se trata de que los personajes hayan secuestrado al autor y confinado en una prisión, sino que parece ser que están siguiendo órdenes del propio autor y que él desconoce, lo que no podría ser de otra forma teniendo en cuenta que como antes ficticios carecen de libre albedrío. El propio texto desmiente esa eternidad, y como uno de los personajes confirma, el tiempo del que disponen es limitado. Si el escritor está ha sido encerrado de forma voluntaria y se dedica a desarrollar una novela, parece evidente que Viajes por el Scriptorium es el símbolo del proceso creativo. El confinamiento puede llegar a tener incluso un carácter terapéutico: «Ahora la habitación es su mundo, y cuanto más tiempo dure el tratamiento, más dispuesto estará a aceptar la generosidad de todo cuanto se ha hecho por él». En ese sentido el título es tremendamente esclarecedor. Baste recordar que el scriptorium es el habitáculo existente en los monasterios de la Europa medieval donde el copista elaboraba sus manuscritos. Es un espacio dedicado a la creación. Por otra parte, el concepto de viaje referido al proceso creativo no es original de Auster ni mucho menos.

   En definitiva, Viajes por el Scriptorium es, de alguna manera, la novela que contiene todas las novelas de Auster. Es una especie de balance de toda su producción novelística anterior, por lo que funciona al mismo tiempo como cierre y como inicio de etapa. Para sacarle el máximo jugo lo recomendable es haber leído algunos novelas de Auster, aunque ese puede entender perfectamente sin saber quiénes son los personajes que aparecen. En cualquier caso puede ser una magnífica oportunidad para introducirse en el mundo de Auster.

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