LA COSA Y VISIÓN DE REOJO DE LUISA VALENZUELA

La cosa. Luisa Valenzuela (Micro-cuento)
Él, que pasaremos a llamar sujeto, y quien estas líneas escribe (perteneciente al sexo femenino) que como es natural llamaremos el objeto, se encontraron una noche cualquiera y así empezó la cosa. Por un lado porque la noche es ideal para comienzos y por otro porque la cosa siempre flota en el aire y basta que dos miradas se crucen para que el puente sea tendido y los abismos franqueados.
Había un mundo de gente pero ella descubrió esos ojos azules que quizá –con un poco de suerte- se detenían en ella. Ojos radiantes, ojos como alfileres que la clavaron contra la pared y la hicieron objeto –objeto de palabras abusivas, objeto del comentario crítico de los otros que notaron la velocidad con la que aceptó al desconocido. Fue ella un objeto que no objetó para nada, hay que reconocerlo, hasta el punto que pocas horas más tarde estaba en la horizontal permitiendo que la metáfora se hiciera carne en ella. Carne dentro de su carne, lo de siempre.
La cosa empezó a funcionar con el movimiento de vaivén del sujeto que era de lo más proclive. El objeto asumió de inmediato –casi instantáneamente- la inobjetable actitud mal llamada pasiva que resulta ser de lo más activa, recibiente. Deslizamiento de sujeto y objeto en el mismo sentido, confundidos si se nos permite la paradoja.

Visión de reojo.
La verdá, la verdá, me plantó la mano en el culo y yo estaba a punto de pegarle cuatro gritos cuando el colectivo pasó delante de una iglesia y lo vi persignarse. Buen muchacho después de todo, me dije. Quizá no lo esté haciendo a propósito o quizá su mano derecha ignore lo que su izquierda hace o. Traté de correrme al interior del coche –porque una cosa es justificar y otra muy distinta dejarse manosear- pero cada vez subían más pasajeros y no había forma. Mis esguinces sólo sirvieron para que él meta mejor la mano y hasta me acaricie. Yo me movía nerviosa. Él también. Pasamos frente a otra iglesia pero ni se dio cuenta y se llevó la mano a la cara sólo para secarse el sudor. Yo lo empecé a mirar de reojo haciéndome la disimulada, no fuera a creer que me estaba gustando. Imposible correrme y eso que me sacudía. Decidí entonces tomarme la revancha y a mi vez le planté la mano en el culo a él. Pocas cuadras después una oleada de gente me sacó de su lado a empujones. Los que bajaban me arrancaron del colectivo y ahora lamento haberlo perdido así de golpe porque en su billetera sólo había 7400 pesos de los viejos y más hubiera podido sacarle en un encuentro a solas. Parecía cariñoso. Y muy desprendido.

 

Nació en Buenos Aires el 26 de noviembre de 1938. A los 17 años comenzó a publicar en periódicos de esa ciudad. En 1959 vivió en París donde escribió su primera novela Hay que sonreír. Trabajó como periodista en el diario La Nación y en la revista Crisis, entre otras. Obtuvo en 1969 la Beca Fullbright. Desde 1972 hasta 1974 vivió en México, París y Barcelona, con una breve permanencia en Nueva York, donde investigó aspectos de la literatura marginal norteamericana como becaria del Fondo Nacional de las Artes. En 1979 se trasladó a los Estados Unidos. Dictó durante diez años diversos seminarios y talleres de escritura en las universidades de Nueva York y Columbia.
Trabajó con Amnistía International y obtuvo la Beca Guggenheim en 1983. Su extensa obra novelística comprende: Hay que sonreír, El gato eficaz, Como en la guerra, Cola de lagartija, Novela negra con argentinos, Realidad nacional desde la cama. Sus colecciones de cuentos Los heréticos, Aquí pasan cosas raras, Libro que no muerde, Donde viven las águilas, Cambio de armas y Simetrías han sido recientemente reunidas en Cuentos completos y uno más.

La totalidad de su obra ha sido traducida al inglés. En parte también al alemán, francés, portugués, holandés, japonés y croata entre otros idiomas. Radica en Buenos Aires desde 1989. Acaba de publicar un libro de ensayos, Peligrosas Palabras y una novela, La Travesía. Es Doctora Honoris Causa de la Universidad de Knox, Illinois, y en 1997 recibió la Medalla Machado de Assis de la Academia Brasilera de Letras.

ELENA GARRO POR ELENA PONIATOWSKA

http://laciudadletrada.com/Archivo/poniatowskagarro.html

¡Qué escritor no quisiera tener un biógrafo tan enamorado de su personaje como Patricia Rosas Lopátegui! Su capacidad de entrega no tiene límites. Su admiración se desborda en cada página. Que Elena Garro era una seductora absoluta, queda comprobado en este libro que lleva el escandaloso título de El Asesinato de Elena Garro.

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Elena Garro y Helena Paz, foto tomada del libro Yo soy memoria

Elena Garro fue un ser lleno de contradicciones y enigmas. Para ella nunca hubo medias tintas. ¿Se comió el personaje a la escritora? Elena es un icono, un mito, una mujer fuera de serie, con un talento enorme. A nadie deja indiferente. Impresionó a todos los que la conocieron, marcó con una huella indeleble a quienes la trataron; imposible para su hija Helena Paz vivir y “ser” sin ella. Sin embargo, con su muerte, no ha crecido su leyenda. Quien la sostiene con lealtad admirable es Patricia Rosas Lopátegui, que la envuelve en libros como caricias e insiste en que la recordemos y le rindamos tributo.

Este tercer tomo, El asesinato de Elena Garro que le dedica, Patricia recoge artículos dispersos en revistas y diarios. Sin embargo, habría que asentar que Elena no tiene identidad periodística, es decir, quienes la tratamos la considerábamos una extraordinaria escritora, pero no una periodista. El periodismo no fue su profesión, la literatura sí, y la ejerció en forma maestra. Además de escribir esporádicamente en revistas de poca monta, salvo Siempre! (Sucesos y Revista de América no circulaban), Elena solo escribía (y muy bien) cuando algún acontecimiento suscitaba su indignación. El reparto de la tierra, la miseria de los campesinos, el líder de la cnc, Javier Rojo Gómez y Carlos Madrazo, el ingeniero Norberto Aguirre Palancares, el coprero César del Ángel, fueron sus temas. También escogió escribir sobre Régis Debray y Roberto Fernández Retamar, entre otros. Estos artículos, sin embargo, no añaden un centímetro a su estatura de novelista, cuentista y autora teatral. Seguir leyendo

NESTOR SÁNCHEZ POR LAUTARO ORTIZ

ENTREVISTA

El sobreviviente de sí mismo

http://revistazularte.blogia.com/2006/112001-nestor-sanchez-liliana-guaragno.php

Néstor Sánchez (1935) parece haberse convertido por propia iniciativa en el más secreto de los escritores argentinos, al punto que, alguna vez, sus amigos lo homenajearon porque creyeron que había muerto. Próximamente será reeditada su novela Cómico de la lengua (1973) y Radarlibros quiso hablar con él de ese libro y de su lugar en la literatura argentina.

El hombre permanece sentado en la oscuridad de la cocina; prende un cigarrillo y de pronto confiesa: “Yo creía que podía vivir 300 años. Hoy supongo que da lo mismo”. La voz pertenece a Néstor Sánchez (1935), el novelista, el poeta, el traductor, el bailarín profesional de tango, el místico, el escritor que fue dado por muerto por sus seguidores, el hombre que finalmente abandonó todo. “Sí. Yo decidí terminar con todo. Siento que se terminó la épica y dejé de escribir. En realidad, cuando yo escribía, mi vida tenía otra riqueza que fue perdiendo. Ahora me quedé sin nada: es la vejez. Siempre escribí en relación conmigo mismo, en relación con un estado de sinceridad irremediable. Le repito, se me terminó la épica.”
Sánchez regresó al país en 1986, sin embargo sus dieciocho años de ausencia (repartidos entre Barcelona, París y Estados Unidos) sumergieron su obra en el olvido; hasta tal punto que su último libro de relatos La condición efímera (Sudamericana, 1988) pasó casi inadvertido. Hoy sólo unos pocos admiradores (“adhesiones extremas”, dice) lo visitan. Ante la próxima edición argentina de su última novela Cómico de la lengua (editada en España por Seix Barral en 1973), Sánchez se permite hablar de su vida.
Sánchez fuma Particulares, toma mate y escucha tango a todo volumen, dentro de una casa que permanece totalmente cerrada, como todos los días desde su regreso a Villa Pueyrredón, barrio de su infancia. Antes de empezar a hablar, camina de un extremo a otro de la pequeña cocina. Cada paso que da puede sentirse como un recuerdo: el baile, Julio Cortázar, el jazz, las mujeres, el boom latinoamericano, el cine, Gallimard, Castaneda, Gurdjieff, Estados Unidos, París, Barcelona. “Me cuesta creer todo lo que he vivido.”
¿Es cierto que usted fue profesor de tango? Seguir leyendo

BORIS PILNIAK

 

TOMADO DE GACETA UV MÉXICO

http://www.uv.mx/gaceta/Gaceta%20virtual%2098/Gaceta98/98/Lecturas%20e%20influencias/Lecturas_04.htm

En el arte de Pilniak sólo caben los héroes y los villanos. Sus rapidísimos esbozos revelan siempre una filosofía de lo concreto. En sus personajes revolucionarios no hay escisión entre pensamiento y vida (vida cotidiana y auténticamente vivida), en primer lugar porque en las circunstancias que él narra la presencia del mundo real se impone con toda su fuerza sobre el pensamiento. Recordemos al joven Akim Skudrin, el ingeniero trotskista de Caoba: su facción había sido derrotada. La visita a la ciudad natal le ha resultado inútil. La última semana se había dedicado a reflexionar. Debía pensar en el futuro de la Revolución y de su partido, en su propio destino revolucionario, pero tales pensamientos le eran difíciles. Miraba el bosque y pensaba en el bosque, en su interior impenetrable, en los pantanos. Miraba el cielo y pensaba en el cielo, en las nubes, en el espacio. Para Akim la Revolución está ligada a gente de carne y hueso, a gente que conoce, ama o detesta, y no a aquella sin rostro comprendida en una mera cifra estadística. «Se sorprendió al comprobar que al pensar en su padre, en Claudia, en las tías, en realidad no pensaba en ellos sino en la Revolución. La Revolución era para él el principio de la vida misma, su finalidad última». También lo fue para Pilniak. Fue el épico cronista de una epopeya inmensa y de su envilecimiento. Su pasión por la verdad, su honradez literaria, le hicieron conocer el acoso de los poderosos, los necios y los oportunistas. Sus virtudes le llevaron a la prisión y a la muerte. Fue hasta el final un empecinado creyente en la regeneración de su pueblo. En sus últimos años creyó que la máquina manejada por el hombre alejaría a los lobos. Lenta, turbia, empecinadamente, el cielo parece comenzar a despejarse. Sé quienes en la estepa profunda, en las cuencas del Volga, el Angará y el Don, en el Arbat moscovita y la indolente Tundra vuelven a reencontrar la esperanza de una regeneración inminente. ¿Habrá nacido el hombre capaz de someter a los lobos?
 
   

JORGE IBARGÜENGOITIA

Trabajo basado en la tesis profesional de Alfredo Báez del Castillo

Grandes escritores han cambiado el cálculo por la pluma “Como Fedor Dostoievski, como Nicolás Garín, como Max Frisch, como Boris Vian, (…) como Enrique Krauze” y como el propio Vicente Leñero “Jorge Ibargüengoitia (Antillón) pensó dedicar su vida al estudio y a la práctica de la ingeniería, pero encandilado por la literatura terminó cambiando los números por las letras. Lo hizo cuando llevaba tres años en la Facultad de Ingeniería de la UNAM aparentemente convencido de que la vida real eran los puentes, los caminos vecinales. Los primeros años de su vida privada se pueden recopilar mediante sus propios textos. Tanto en los cuentos eminentemente autobiográficos publicados bajo el título de La Ley de Herodes, como en varios textos aparecidos en su columna, tanto en Excélsior, como en las revistas Vuelta y Proceso. Dejemos que el propio Ibargüengoitia nos diga de sí mismo: “Nací en 1928 (el 22 de enero) en Guanajuato, una ciudad de provincia que era entonces casi un fantasma. Mi padre y mi madre duraron veinte años de novios y dos de casados. Cuando mi padre murió yo tenia ocho meses y no lo recuerdo. Por las fotos deduzco que de él heredé las ojeras (…) Al quedar viuda, mi madre regresó a vivir con su familia y se quedó ahí. Cuando yo tenia tres años Seguir leyendo

MANUEL PAYNO

MANUEL PAYNOMexicano. Hombre activo en la vida pública de su país. Ministro de Hacienda en varias ocasiones, diplomático, senador y periodista prolífico. Luchó en la guerra contra los Estados Unidos; fue perseguido por Santa Anna; contribuyó al golpe de Estado de 1857 contra el gobierno de la Reforma; y reconoció el imperio de Maximiliano. Su obra narrativa abarca medio siglo. Sus primeros cuentos se escribieron entre 1839 y 1845. Su primera novela, El fistol del diablo (1845-1846), demasiado larga, reviste el costumbrismo de fantasía. El hombre de la situación (1861), en cambio, es una deliciosa novelita picaresca sobre las aventuras de un inmigrante español y de sus descendientes. “Amor secreto” y otros cuentos de Payno se publicaron individualmente en 1843 y 1844 en la revista literaria El Museo Mexicano antes de ser recogidos en 1871 en el tomo titulado Tardes nubladas. Su obra maestra es Los bandidos de Río Frío (1889-1891), novela que, a pesar de sus dos mil páginas, todavía hoy se lee con gusto.

MÓNICA LAVÍN

(México, D.F., 1955) Escritora. Es autora de seis libros de cuentos, entre ellos Nicolasa y los encajes (1991 y 1998), La isla blanca(1998), Ruby Tuesday no ha muerto que recibió el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen en 1996 y Uno no sabe (2003), finalista del premio Antonin Artaud; de cinco novelas publicadas por Plaza & Janés: La más faulera (1997), Tonada de un viejo amor (1995 y 2002) Cambio de vías (1999), Café cortado, que en el año 2001 recibió el Premio Narrativa de Colima para obra publicada y La línea de la carretera(2004); además del libro Leo luego escribo. Ideas para disfrutar la lectura (Lectorum, 2001). Sus cuentos aparecen en antologías nacionales e internacionales. Realizó una antología de cuentos de autores mexicanos nacidos en los años cincuenta y sesenta para la editorial City Lights de San Francisco en el año 2001: Points of Departure, New Short Stories from Mexico. Sus cuentos han sido mlavinseleccionados en Los mejores cuentos mexicanos del 2001, 2002 y 2003, publicados anualmente por la editorial Planeta. Ha escrito textos sobre gastronomía y crónicas culturales. Colabora en diversas publicaciones de divulgación cultural y científica. Ha sido guionista, conductora de radio, editora y maestra. Realizó una residencia artística en Banff Centre for the Arts en Canadá en verano del 2000, con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Es maestra de la Escuela de Escritores de SOGEM. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores. (Estudió Biología en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco).