La verdad de A. Chimal

Los liolio decían siempre lo contrario de lo que pensaban, de tal suerte que los peores enemigos se saludaban con alegría; los amantes no dejaban de decirse adiós; los generales ordenaban cargar cuando el ejército debía retirarse; las madres amonestaban a los hijos más obedientes. Siempre. Pero viajeros de todas las regiones iban hasta los liolio para oírlos hablar, vivir de ese modo tan extraño, y acaso uno de ellos, un mercader o un contador de cuentos, les enseñó a mentir (arte que les era desconocido y aun impensable).

Por lo que empezaron a decir lo que pensaban; a decir lo que no pensaban a sabiendas de que nadie les creería, y a hablar también con intenciones rectas, pero sin que nadie les diera crédito. Terminaron por mezclar lo que pensaban y lo que no en el discurso, en la acción y hasta en el pensamiento; así se volvieron iguales al resto de los pueblos del mundo, y se dispersaron, pues unos a otros, se dice, ya no podían comprenderse.

alberto-chimal

Un cuanto casi sufi de Gonzálo Suáres

Recogí a un vagabundo en la carretera. Me arrepentí enseguida. Olía mal. Sus harapos ensuciaron la tapicería de mi coche. Pero Dios premió mi acto de caridad y convirtió al vagabundo en una bella princesa. Ella y yo pasamos la noche en un motel. Al amanecer, me desperté en brazos del maloliente vagabundo. Y comprendí que Dios nos premia con los sueños y nos castiga con la realidad.

Literatura de Julio Torri

El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sin prestigio romántico y a vecinos pacíficos y oscuros, pero tenía que decir ahora cómo son los piratas; oía gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombríos y empavorecedores.

La lucha que sostenía con editores rapaces y con un público indiferente se le antojó el abordaje; la miseria que amenazaba su hogar, el mar bravío. Y al describir las olas en que se mecían cadáveres y mástiles rotos, el mísero escritor pensó en su vida sin triunfo, gobernada por fuerzas sordas y fatales, y a pesar de todo fascinante, mágica, sobrenatural.

 

Barco+Pirata+dibujo+1

CUERPO DE MUJER Ryunosuke Akutagawa

mujer-desnuda-durmiendo
Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos, se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando se percató de que había un pulga avanzando por el borde de la cama. En la penumbra de la habitación la vio arrastrar su diminuto lomo fulgurando como polvo de plata rumbo al hombro de su mujer que dormía a su lado. Desnuda, yacía profundamente dormida, y oyó que respiraba dulcemente, la cabeza y el cuerpo volteados hacia su lado.
Observando el avance indolente de la pulga, Yang reflexionó sobre la realidad de aquellas criaturas. “Una pulga necesita una hora para llegar a un sitio que está a dos o tres pasos nuestros, aparte de que todo su espacio se reduce a una cama. Muy tediosa sería mi vida de haber nacido pulga…”
Dominado por estos pensamientos, su conciencia se empezó a oscurecer lentamente y, sin darse cuenta, acabó hundiéndose en el profundo abismo de un extraño trance que no era ni sueño ni realidad. Imperceptiblemente, justo cuando se sintió despierto, vio, asombrado, que su alma había penetrado el cuerpo de la pulga que durante todo aquel tiempo avanzaba sin prisa por la cama, guiada por un acre olor a sudor. Aquello, en cambio, no era lo único que lo confundía, pese a ser una situación tan misteriosa que no conseguía salir de su asombro.
En el camino se alzaba una encumbrada montaña cuya forma más o menos redondeada aparecía suspendida de su cima como una estalactita, alzándose más allá de la vista y descendiendo hacia la cama donde se encontraba. La base medio redonda de la montaña, contigua a la cama, tenía el aspecto de una granada tan encendida que daba la impresión de contener fuego almacenado en su seno. Salvo esta base, el resto de la armoniosa montaña era blancuzco, compuesto de la masa nívea de una sustancia grasa, tierna y pulida. La vasta superficie de la montaña bañada en luz despedía un lustre ligeramente ambarino que se curvaba hacia el cielo como un arco de belleza exquisita, a la par que su ladera oscura refulgía como una nieve azulada bajo la luz de la luna.
Los ojos abiertos de par en par, Yang fijó la mirada atónita en aquella montaña de inusitada belleza. Pero cuál no sería su asombro al comprobar que la montaña era uno de los pechos de su mujer. Poniendo a un lado el amor, el odio y el deseo carnal, Yang contempló aquel pecho enorme que parecía una montaña de marfil. En el colmo de la admiración permaneció un largo rato petrificado y como aturdido ante aquella imagen irresistible, ajeno por completo al acre olor a sudor. No se había dado cuenta, hasta volverse una pulga, de la belleza aparente de su mujer. Tampoco se puede limitar un hombre de temperamento artístico a la belleza aparente de una mujer y contemplarla azorado como hizo la pulga.

Espero curarme de ti de Jaime Sabines

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de
fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me
receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, mi es poco, es bastante. En una
semana se pueden reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra y se les
puede prender fuego. Te voy a calentar con esa
hoguera del amor quemado. Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor están están entre dos
gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y
subversivo del que ama. (Tú saber cómo te digo que
te quiero cuando digo: “qué calor hace”, “dame
agua”, “¿sabes manejar?,”se hizo de noche”… Entre
las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he
dicho “ya es tarde”, y tú sabías que decía “te
quiero”.)

Una semana más para reunir todo el amor del
tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú
quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No
sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para
entender las cosas. Porque esto es muy parecido a
estar saliendo de un manicomio para entrar a un
panteón.

TRES MINIFICCIONES DE PATRICIA NASELLO

BOSQUEEl resguardo

Vos hiciste las teclas del piano con mis huesos, entonces yo —con la decisión del enfermo que traga el remedio salvador— levanté un muro. Y continúo sumando mezcla y ladrillos, cada día más alto, más ancho. También tus manos, tan elegantes para ejecutar música, continúan pesadas como troncos sobre mi fémur, mi garganta, mis costillas; sin embargo, tu canción quedó afuera, del otro lado. Sé que acerca escaleras y sube peldaños, procura franquear el muro. Escucho sus intentos invasivos con una sonrisa, como si no tuviese nada que perder, como si existiera otra opción.

Leo

De un formidable salto, abandona su sitio en la inmensidad y aterriza en la calle bordeada de durazneros donde está la niña. Camina los pocos metros que los separan tocándola con los ojos. Caricia hecha mirada, conexión que sólo el vuelo de algún pétalo interrumpe. La niña lo observa sin moverse, el andar majestuoso de ese león hecho de soles no le inspira miedo.

El bosque infinito

Preñada por el Hombre Lobo, la joven da a luz un bosque al que abandona en el centro del pueblo. Las raíces de lo árboles, desarrollándose con rapidez, desmoronan las casas, la iglesia, la única taberna. Aquel que no logra huir a tiempo, muere bajo los picos y las garras de la fauna atroz que ahora habita el lugar. Por casualidad, buscando entretenimiento, ha dado con la llave que rendirá el mundo a sus pies. Pronto aún los más ricos comprenderán que el poder ha cambiado de manos. Gracias a los favores de su flamante cómplice está otra vez encinta.

??????????????????????Patricia Nasello (Argentina) tiene publicado el libro de microcuentos “El manuscrito” edición de autor, 2001. Ha sido publicada en periódicos, revistas culturales y antologías de cuentos (soporte papel y digital). Algunas de sus ficciones fueron distinguidas con traducciones al inglés, francés y rumano. Edita las bitácora “Patricia Nasello microrrelatos”

MINIFICCIONES DE MIRIAM CHEPSY

cielo-estrelladoCREACIÓN

 

Y un universo se creó en su interior. Las palabras se condensaron como galaxias narrativas que giraban atraídas por la fuerza de una idea.

 

ENCUENTRO

 

Camina con sigilo entre los árboles enfundado en su camaleónico traje, a esa hora en que la sombra no puede delatar sus pasos. De pronto ve venir de frente a otro soldado. Es distinta su chaqueta, su gorra, el arma que lleva lista para ser usada.

Lo mira fijamente. Cree ver sus piernas temblando. En su cara lee sus mismos sentimientos encontrados. Descubre igual miedo y determinación, igual odio e inconfesables deseos de estrechar su mano.

Unos segundos después suenan al unísono los dos disparos. Quiebran el silencio, truncan el diálogo.

 

LUCHA INTERIOR

 

Frente a frente, sus deseos cumplidos y no cumplidos se disponen a librar una lucha encarnizada. Su cara refleja los avatares en el campo de batalla, se tensa y se distiende; la  boca sonríe o muestra un rictus amargo.

Al fin se duerme. Mañana sabrá, quizás, el resultado.

 

YUPPY

 

Sin poder controlarse, aparece nítida en su mente la imagen de aquella noche en que, desoyendo sus ruegos, lo hizo desaparecer enterrándolo más allá de su memoria.

Muchos años han pasado. Hoy, su atractivo cuerpo se siente como un muñeco sin contenido. En un flash-back instantáneo visualiza su trayectoria, su rol ascendente en la empresa, su familia impecable.

Se mira en el espejo y, detrás de su figura bronceada y elegante, ve emerger amenazadora, reclamando su espacio, la imagen de ese joven poeta que, olvidado ex – futuro posible, había aniquilado.

 

A LA MANERA DE BUÑUEL

A través de la ventana del sótano, atisba las piernas de la gente en su ir y venir por la vereda. Una visión lo perturba: medias de seda negra, que dibujan un arabesco sobre la piel, culminan en un par de zapatos de tacón de bruñido charol que todas las tardes se anuncian con su ritmo inconfundible.

Esa visión fugaz le provoca un ardiente deseo. Las admiradas piernas parecen responderle, se paran frente a su ventana y se deslizan,  acariciándose mutuamente. Así quedan un rato cada vez más largo, ante los ojos desorbitados de quien ya sólo quiere poseerlas. Hasta que, por fin se decide,  pasa su brazo por entre los barrotes cuando la cadencia del subir y bajar por la pantorrilla exacerba su deseo, y le quita con decisión el zapato.

Mientras escucha los pasos asimétricos que se alejan apurados, se acaricia lentamente con el fino tacón.

 

¡BASTA!

 

Huye sin mirar para atrás, con un hijo a cada lado.  Con la nostalgia  de la culpa,  del color negro alrededor de los ojos,  de los gritos con olor a alcohol,  de las palabras de los mayores que  le repiten: “¡Aguanta, niña, aguanta!”

Sin mirar para atrás. Golpea puertas que se cierran, conciencias adormecidas. La nada.

Lucha, Encuentra un mundo escondido. Encuentra a sus pares. Se puede oir su voz que retumba. Mensaje de tambor que quiere llegar adonde anida el miedo y la violencia, esa voz que repite una y otra vez: “¡Huye sin mirar para atrás!. ¡Huye con tus hijos! ¡Huye, mujer, antes de que te mate!”

 

2012 para el libro Basta! Cien mujeres contra la violencia de género

 

 

Miriam Chepsy nació cuando, en el año 2001, un día de Julio, entré en Ficticia para  presentar mi primera minificción. Ese nombre es, desde entonces, mi sello de fábrica para todo lo relacionado con la literatura, ya que el mío propio está ligado a la arquitectura, desde hace diez años la medioambiental o ecológica y sobre todo, siempre, a la docencia en Proyectos arquitectónicos. Hasta ese día del 2001 había sido Myriam Goluboff en mi Buenos Aires natal, agregando el Scheps de mi madre, según se acostumbra en España, cuando recalé, a mediados de 1975, con mi compañero y nuestro hijo de un año, en Coruña -ciudad-itsmo de Galicia, rodeada por puerto, rocas y playas, donde quedé anclada.

Debo confesar que Ficticia fue la cuna de mi vocación literaria. Yo no tenía, por entonces, la menor idea de qué era una minificción, pero tuve curiosidad y entré en la dirección que me había recomendado un amigo, otro Ficticiano de los de 2001, Jorge Pardo, quien a su vez se había enterado por su amiga Lola (Tequila). Él me contó que había concursos y me animó a participar. A partir de ese día no paré de escribir, aunque mermó la producción en estos dos últimos años, porque la vida me llevó a tener que hacerlo sobre mi otro tema, el de Myriam Goluboff Scheps.

En el año 2002, una experiencia de navegar por mi interior, (como la había definido Yerbabuena, un ficticiano que lo comentó en Puerto libre) a través de los ejercicios del taller virtual de Gabriela Onetto y Mario Levrero, que profundizaban en la expresión de los sentidos, me introdujo en el vicio de producir relatos. En el 2004, en Buenos Aires, tuve otra experiencia interesante, durante unos dos meses, la de trabajar, mano a mano, con Nomi Pendzik, alrededor de mis textos, en una época en que estaba obsesionada con el deseo de pulir el lenguaje y profundizar el conocimiento de la estructura de los relatos y de los personajes.

Durante los años 2004 y 2005, mandé cuentos y poemas a páginas literarias de Internet y a concursos .Logré, de ese modo, que algunos aparecieran en la red, y que otros, seleccionados, se publicaran en antologías, de esas que nadie puede leer porque no se encuentran en las librerías y también hay textos míos en dos libros, uno de minificciones y otro de poemas, compartiendo tomo con gente amiga, creados por el arte artesano de PilaR, a quien también se puede encontrar en los astilleros de Marina´

 

Me gusta ese estado de trance que me produce el teclear, cuando va naciendo un texto, en el que las manos se mueven a toda velocidad, dirigidas desde un núcleo que no domino concientemente y del que surgen personajes a los que el movimiento de los dedos dan forma definitiva, En estos dos últimos años no abandoné, tuve siempre algo entre manos: algún relato, un prólogo para uno de los libros de cuentos de un escritor amigo, salido, cómo no, de Puerto Libre, un comentario de pinturas para una exposición o el libro que estoy escribiendo con y para un pintor, sobre la obra de toda su vida y espero, como el personaje de uno de mis Círculos, empezar por fin mi novela, la que me ronda en la cabeza: un viaje por el laberinto de mi memoria.

Por fin, debo decir que Ficticia no sólo me abrió al mundo de la escritura, al de los comentarios y al de los tallereos, sino también al universo de sus autores, de los que varios, asomando entre los pixels, se convirtieron en amigos de carne y hueso.