SORPRESA EN NAVIDAD RUBEN GARCÍA GARCÍA

Es  media noche y por la ventana se cuela una brisa que llega de un mar lejano. Frente al monitor ella lee un poema en voz baja. Visualiza las imágenes y piensa en su juventud. Inquieta, va hacia la cocina para tomar un vaso de agua fresca. Regresa  y vuelve a leer. Con prisa escribe un comentario al autor. Se desviste. En la penumbra, el esposo la espera reclamando su cuota de intimidad. Media hora después ella se ducha: el agua tibia sobre la piel la asocia a un fragmento de la poesía. Apaga la luz y sabe Sigue leyendo

NAVIDAD EN LAS MONTAÑAS I. MANUEL ALTAMIRANO

LA NAVIDAD EN LAS MONTAÑAS

DEDICATORIA A FRANCISCO SOSA  A Vd., mi querido amigo, a Vd. que hace justamente veinte años, en este mes de Diciembre, casi me secuestró, por espacio de tres días, a fin de que escribiera esta novela, se la dediqué, cuando se publicó por primera vez en México.

Recuerdo bien que deseando Vd. que saliese algo mío en “El Álbum” de Navidad que se imprimía, merced a los esfuerzos de Vd., en el folletín de “La Iberia” periódico que dirigía nuestro inolvidable amigo Anselmo de la Portilla, me invitó para que escribiera un cuadro de costumbres mexicanas; prometí hacerlo, y fuerte con semejante promesa, se instaló Vd. en mi estudio, y conociendo por tradición mi decantada pereza, no me dejó descansar, alejó a las visitas que pudieran haberme interrumpido; tomaba las hojas originales a medida que yo las escribía, para enviarlas a la Imprenta, y no me dejó respirar hasta que la novela se concluyó.

Esto poco más o menos decía yo a Vd. en mi dedicatoria que no tengo a la mano, y que Vd. mismo no ha podido conseguir, cuando se la he pedido últimamente para reproducirla.

He tenido, pues, que escribirla de nuevo para la quinta edición que va a hacerse en París y para la sexta que se publicará en francés.

Reciba Vd. con afecto este pequeño libro, puesto que a Vd. debo el haberlo escrito.

IGNACIO M. ALTAMIRANO

PARÍS, Diciembre 26 de 1890

I

El sol se ocultaba ya; las nieblas ascendían del profundo seno de los valles; deteníanse un momento entre los obscuros bosques y las negras gargantas de la cordillera, como un rebaño gigantesco; después avanzaban con rapidez hacia las cumbres; se desprendían majestuosas de las agudas copas de los abetos e iban por último a envolver la soberbia frente de las rocas, titánicos guardianes de la montaña que habían desafiado allí, durante millares de siglos, las tempestades del cielo y las agitaciones de la tierra.

Los últimos rayos del sol poniente franjaban de oro y de púrpura estos enormes turbantes formados por la niebla, parecían incendiar las nubes agrupadas en el horizonte, rielaban débiles en las aguas tranquilas del remoto lago, temblaban al retirarse de las llanuras invadidas ya por la sombra, y desaparecían después de iluminar con su última caricia la obscura cresta de aquella oleada de pórfido.

Los postreros rumores del día anunciaban por dondequiera la proximidad del silencio. A lo lejos, en los valles, en las faldas de las colinas, a las orillas de los arroyos, veíanse reposando quietas y silenciosas las vacadas; los ciervos cruzaban como sombras entre los árboles, en busca de sus ocultas guaridas; las aves habían entonado ya sus himnos de la tarde, y descansaban en sus lechos de ramas; en las rozas se encendía la alegre hoguera de pino, y el viento glacial del invierno comenzaba a agitarse entre las hojas.

II

La noche se acercaba tranquila y hermosa: era el 24 de diciembre, es decir, que pronto la noche de Navidad cubriría nuestro hemisferio con su sombra sagrada y animaría a los pueblos cristianos con sus alegrías íntimas. ¿Quién que ha nacido cristiano y que ha oído renovar cada año, en su infancia, la poética leyenda del nacimiento de Jesús, no siente en semejante noche avivarse los más tiernos recuerdos de los primeros días de la vida?

Yo ¡ay de mí! al pensar que me hallaba, en este día solemne, en medio del silencio de aquellos bosques majestuosos, Sigue leyendo

CONVERSACIÓN DE NAVIDAD DE GUADALUPE DUEÑAS

-Ring… Ring… Ring…

-Bueno, ¿quién habla? ¡Ah!, ¿eres tú?

-…?

-No sabes. ¡Un horror!

-…?

-Claro, con la familia. Esa noche no hay quien se salve… ¿Estás solo?… ¿Puedo platicarte, mi vida?

-…

-¡Qué Navidad! ¡Vaya nochecita! ¿Te imaginas?: todas mis hermanas con maridos de diferente tipo y nacionalidad; pero, uniformemente, de mal humor.

-…?

-¡No! Es que nos hemos sugestionado contándonos la historia de que somos muy unidas, y con esta fantasía nos hacemos pedazos, queremos seguir una tradición imaginaria de tardes familiares pasadas al amor de la lumbre, cuando, en verdad, descendemos de gitanos nómadas a quienes enferma saber dónde y cómo van a pasar la noche; pero ninguna se atreve a destruir el engaño, porque están los maridos… Ellos fingen que lo creen y nos enredamos con el ideal más imposible del mundo. Sigue leyendo

CUENTOS DE NAVIDAD Y REYES DE MARÍA MERCEDES CÓRDOBA

Los tres reyes magos

 En un lejano país de Oriente, cuando todavía no había ocurrido la primera Navidad, vivían tres reyes magos: Melchor, Gaspar y Baltasar.

 Se encargaban de estudiar las estrellas, y de tanto mirarlas, las podían leer como si fuera un libro.

 Eran muy amigos y se llevaban muy bien.

 El día del cumpleaños de Melchor había habido una fiesta. Habían comido, bebido y bailado bastante. Estaban tan cansados que se tiraron en el pasto.

 La noche era tibia, había olor a tierra mojada. Posiblemente lloviera cerca de donde ellos estaban.

 Baltasar le preguntó al cumpleañero: -¿Por qué no pedís un deseo a las estrellas? Ellas son nuestras amigas y te van a responder.

 

Entonces Melchor mirando al cielo dijo: -Quisiera que algún día llegara la Paz a la Tierra- dijo quedándose profundamente dormido. Sigue leyendo

LA NIÑA DE LOS FOSFOROS HANS CHRISTIAN ANDERESEN

¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas. Sigue leyendo

EL CASCANUECES HOFFMANN

LA NOCHEBUENAhttp://www.navidadlatina.com/cuentosypoesias/elcascanueces.asp

El día 24 de diciembre los niños del consejero de Sanidad, Stahlbaum, no pudieron entrar en todo el día en el hall y mucho menos en el salón contiguo. Refugiados en una habitación interior estaban Federico y María; la noche se venía encima, y les fastidiaba mucho que -cosa corriente en días como aquél- no se ocuparan de ponerles luz. Federico descubrió, diciéndoselo muy callandito a su hermana menor -apenas tenía siete años-, que desde por la mañana muy temprano había sentido ruido de pasos y unos golpecitos en la habitación prohibida. Hacía poco también que se deslizó por el vestíbulo un hombrecillo con una gran caja debajo del brazo, que no era otro sino el padrino Drosselmeier. María palmoteó alegremente, exclamando:

-¿Qué nos habrá hecho el padrino Drosselmeier? Sigue leyendo

UN CUENTO DE NAVIDAD CHARLES DIKENS

EL ESPECTRO DE MARLEY

Empecemos por decir que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda. Firmaron la partida de su enterramiento el clérigo, el sacristán, el comisario de entierros y el presidente del duelo. También la firmó Scrooge. Y el nombre de Scrooge era prestigioso en la Bolsa, cualquiera que fuese el papel en que pusiera su firma.

El viejo Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.

¡Bueno! Esto no quiere decir que yo sepa por experiencia propia lo que hay particularmente muerto en el clavo de una puerta; pero puedo inclinarme a considerar un clavo de féretro como la pieza de ferretería más muerta que hay en el comercio. Mas la sabiduría de nuestros antepasados resplandece en los símiles, y mis manos profanas no deben perturbarla, o desaparecería el país. Me permitiré pues, repetir enfáticamente que Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta. Sigue leyendo