CUENTO BREVE ANA MARÍA SHUA

Grave peligro para la reina blanca. A punto de ser quemada en la hoguera, acusada de entregarse al amor bestial con los caballos, de asomarse desnuda a la 2007211830541198283454ventana de las torres, de corromper a los peones, de quebrar la monástica de los alfiles. Indultada, sin embargo, y enterrada con honores por sus grandes servicios al estado: sacrificarse al abrazo mortal del rey negro, atrayéndolo así a una emboscada en la que también él cae sorprendentemente feliz de haber logrado al fin desmentir su impotencia. (Secretísima envidia del rey blanco.)

Para poder dormirme, cuento ovejitas. Las ocho primeras saltan ordenadamente por encima del cerco. Las dos siguientes se atropellan, dándose topetazos. La número once salta más alto de lo debido y baja suavemente, planeando. A continuación saltan cinco vacas, dos de ellas voladoras. Les sigue un ciervo y después otro. Detrás de los ciervos viene corriendo un lobo. Por un momento la cuenta vuelve a regularizarse: un ciervo, un lobo, un ciervo, un lobo. Una desgracia: el lobo número 32 me descubre por el olfato. Inicio rápidamente la cuenta regresiva. Cuando llegue a uno, ¿logrará despertarme la última ovejita?