EL BICENTENARIO ASIMOV

Las Tres Leyes de la robótica:

1.— Un robot no debe causar daño a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra ningún daño.

hombre-bicentenario-ingles2.— Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera Ley.

3.— Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda Ley.

* * * * *

—Gracias —dijo Andrew Martin, aceptando el asiento que le ofrecían. Su semblante no delataba a una persona acorralada, pero eso era.

En realidad su semblante no delataba nada, pues no dejaba ver otra expresión que la tristeza de los ojos. Tenía el cabello lacio, castaño claro y fino, y no había vello en su rostro. Parecía recién afeitado. Vestía anticuadas, pero pulcras ropas de color rojo aterciopelado.

Al otro lado del escritorio estaba el cirujano, y la placa del escrito incluía una serie indentificatoria de letras y números, pero Andrew no se molestó en leerla. Bastaría con llamarle “doctor”.

—¿Cuándo se puede realizar la operación doctor? —preguntó.

El cirujano murmuró, con esa inalienable nota de respeto que un robot siempre usaba ante un ser humano:

—No estoy seguro de entender cómo o en quién debe realizarse esa operación, señor.

El rostro del cirujano habría revelado cierta respetuosa intransigencia si tal expresión —o cualquier otra— hubiera sido posible en el acero inoxidable con un ligero tono de bronce. Sigue leyendo

LA ÚLTIMA PREGUNTA ASIMOV

La última pregunta se Formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se baño en luz. La pregunta Llegó como resultado de una apuesta por Cinco Dólares titanrthecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta Manera:

Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los Fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano Sabían qué era lo que pasaba Detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso-kilómetros y kilómetros de rostro-de la gigantesca computadora. Al menos tenian una vaga Noción del plan general de circuitos retransmirores y que desde hacía mucho tiempo habían superado toda Posibilidad de ser dominados por una sola persona.

Multivac se autoajustaba autocorregía y. Tenía que ser así, Porque nada humano que fuera podia ajustarla y corregirla con la rapidez Suficiente o Siquiera Con la Eficacia SUFICIENTE. De Que Manera y Adell Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacian tan bien como podría hacerlo Cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus Necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y
Todos los demás asistentes tenian pleno derecho a compartir la gloria de Multivac. Sigue leyendo