GRACIA R Garibay

GRACIA

En San Luis, en la cena del 24, me sentaron a una mesa de diez personas. Funcionarios bancarios y señoras. Era un salón inmenso. Allá lejos el estrado, la CASSLTNRorquesta y el micrófono. El vocerío constante ensordecía y adormecía. Última noche de la convención. Hacia la borrachera todo mundo.
—Buenas noches, señor Garibay.
—Señora, buenas noches. Perdóneme, no la había visto.
—No no, acabo de sentarme aquí, no se levante. Yo estaba en otra mesa, sino que le dije a mi marido… este. Está usted muy fuera de ambiente ¿verdad?
—Estoy bien, sólo que, bueno, no conozco a nadie, y como dicen las invitaciones: “Los caballeros de smoking y las damas de largo”, y yo en estas fachas…
—Fue preciosa su conferencia, don Ricardo.
—Ojalá se haya divertido.
—Estábamos encantadas. ¡Nos enseñó tanto!
—Gracias. Qué bueno que me lo dice…
—Le robo un cigarro, ahora que no me ve mi marido. Seguir leyendo