Las mamás, los pastores y los hermeneutas Martha Cerda

Encontrábase El Señor infinitamente aburrido en medio de la eternidad, preguntándose por qué, según asegurarían los teólogos, en Él todo tenía que ser infinito: infinitamente misericordioso, infinitamente bueno, justo y bello y, por lo tanto, aburrido por toda la eternidad que, como Él, no tenía paraisoprincipio ni fin.

En ese momento, como decíamos, El Señor se encontraba en medio de la eternidad, gracias a que Él es el único que puede calcular dónde es la mitad de algo que no tiene punta ni cabo. Una de sus diversiones preferidas era precisamente la de colocarse en medio, a la derecha o a la izquierda de la eternidad, desafiando las leyes de la lógica y la teología. Pues bien, en ese estado recordó El Señor la idea que desde siempre había traído entre sus futuras ceja y ceja: crear el universo de la nada. Sigue leyendo