NIEVE DE PRIMAVERA JUAN JOSÉ SAER

 …En una mesa que se encontraba a varios metros de la nuestra, de modo que no podíamos oír la conversación, había una joven familia, el padre, la madre, un chico de tres o cuatro años y el hermanito menor, que no debía tener más de ocho o nueve meses. Lo primero que me llamó la atención fué la fealdad de la mujer: una serie de azares crueles había acumulado en su cara y en su cuerpo toda clase de dannyhonduras-bdesarmonías, de tal manera que el ojo, aunque habituado a la mediocridad sin redención posible del envoltorio humano, registraba de inmediato la evidente exageración de la mujer en un sentido estético negativo. Y, sin embargo, un manejo curioso tenía lugar en ese momento: su hijo mayor, parado sobre la silla, le hacía continuas y desproporcionadas demostraciones de amor que, de tan intensas y absorbentes, le impedían a la madre mantener una conversación normal con su marido u ocuparse del nene que la reclamaba desde su cochecito. Sigue leyendo