VENENO Katherine Mansfield

El correo tardaba. Cuando volvimos de nuestro paseo después del desayuno, aún no había llegado.

-Pas encore, madame. -canto Annette, escabulléndose hacia la cocina. Llevamos DESAYUNO+EN+LA+TERRAZA+%C3%B3leo+sobre+tabla+55x46--nuestras cosas al comedor. La mesa estaba servida. Como siempre, la vista de la mesa arreglada para dos, sólo para dos, tan acabada, tan perfecta, que no dejaba lugar para un tercero, me producía un extraño estremecimiento, como si hubiese sido golpeado por aquel resplandor plateado que vibraba sobre el mantel blanco, las copas brillantes y el tazón poco profundo lleno de flores amarillas.

-¡Dichoso cartero! ¿Qué puede haberle ocurrido? -exclamó Beatrice- Deja estas cosas por ahí, querido.
-¿Dónde las quieres? Sigue leyendo

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